PALMARÉS

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En la foto, de derecha a izquierda:
Lira, 14 años, 4 casas, 3 municipios, 346 capítulos, 8 documentales, 1 largo, 1 medio, 2 cortos, 3 Champions League.
Mingu, 13 años, 4 casas, 3 municipios, 346 capítulos, 8 documentales, 1 largo, 1 medio, 2 cortos, 2 Champions League.
Y, de espaldas, Toga, 2 meses, 1 casa, 1 municipio, 1 capítulo, 1 Champions League.

MÁS MIEDO

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Este país desolador boga cada día más en su viaje hacia el pánico. Despertarse con otro mazazo es, a estas alturas de ‘la cultura de la Transición’, ley de vida. Ahora se rescata ‘el delito de pensamiento’, la discriminación ideológica para, en la práctica, impedir trabajar a un actor. Y no pasa absolutamente nada… El mismo país que se vertebra en torno a un ex-presidente de Gobierno que albergó la organización del terrorismo de Estado, de otro que movió al país a una guerra imperialista sin más argumentos que el mismo mal, de un tercero que cambió la Constitución para privilegiar el pago de la deuda sobre los derechos de los ciudadanos y de otro, actual, que dinamita a diario los principios de la convivencia y el bienestar a fuerza de leyes, todos sucesores de un primero que accedió al cargo tras un proceso de ‘desfranquización’, el mismo país que tolera un ERE ilegitimo de una corporación con beneficios, se permite poner en solfa a un profesional blandiendo el argumento de ‘respeto a las víctimas’. Siempre hay que respetar a las víctimas, a todas sin excepción. También podría hacerse, y pensarse en ellas, cuando, por ejemplo, se reponen películas financiadas, pensadas y rodadas durante la dictadura con la participación de profesionales ideológica y activamente comprometidos con aquel régimen. Incluso cuando se ven películas, se oyen canciones, se ven programas comprometidos con el actual y envalentonado régimen ‘democrático’. No hacerlo es un ejercicio de cinismo e hipocresía, generalizado, por lo demás. La discriminación ideológica, la segregación, es aplicar el miedo para mantener un orden que, tarde o temprano, defecará terror.

POSIBILIDAD DE PASAR BIEN LA TARDE

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Dejemos que nos crezcan
pequeños tréboles de ternura en el terreno del corazón.

Que los amigables gatos de la tarde
se acuesten al sol en el quicio de nuestras puertas
recibiendo a los transeúntes casuales o esperados
con la gracia infinita de sus párpados.

Después de cumplir con nuestro deber durante demasiado tiempo
sacaremos las sillas a la calle del mundo

para ver la última luz
cobijada en sus hojas.

ACOJONO

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Puedo asumir que ‘como hay crisis’, el personal reoriente el destino de sus ‘vacaciones’ y redescubra las casas cerradas en los pueblos, metiendo todo el ruido que trae consigo, y más; puedo asumir que la ‘semana de la fé’ se haya reorientado por las autoridades y el común, sin el menor rubor, a aliviar la falta de consumo mediante la farisea exposición de ‘perfomances’ callejeras plenas de absurdos que dejarían atónitos al mísmisimo Tristan Tzara; puedo asumir también que los bichos raros sean quienes se paseen por el campo con un libro de Natsume Soseki, y no con una escopeta, una ‘tablet’ o una Nikon de 3.000 €…Incluso puedo asumir que con un tercio del personal en paro esté la opinión acuñando soluciones del tipo ‘por un trabajo de 600 € me arrodillo ante el primer tipo sin escrúpulos que aparezca, si hace falta’ (y hará falta…). Lo que no puedo asumir sin acojonarme, porque identifica las causas de todo ello y advierte del futuro que se avecina, es que haya gente que critique…¡a Messi como futbolista! La memoria, su falta, es lo que nos conduce, siempre, siempre, al último mal. Podemos apostar el culo por ello.

CONTENTO

Solo puedo considerarme un privilegiado teniendo un oficio que me entusiasma, y me provee de tan excitantes sensaciones y estímulos. Hoy he pasado el día colaborando al lado de un fenomenal montador, para llevar a puerto el guion de una escritora magnífica, con las imágenes de un cámara perfecto, todo ello posible gracias al esfuerzo excelente de tres compañeras más al cargo de la producción, el trabajo de campo y la preparación para la edición, a lo que sumar un locutor espléndido y un señor sensacional responsable de la postproducción de sonido, más otro haciendo todo lo posible para mantener los tratos. Por si fuera poco, el programa, titulado ‘Vetones: el espacio ancestral’ ha contado con la colaboración de expertos de aúpa, Julio Gómez, Víctor Gibello y Alicia Prada, más Manuel García Álvarez. Excepcionales en su generosa aportación a nuestro cultivo. Programa que, por lo demás, y como ha sido el caso en más de medio centenar de nuestros trabajos, trata de lo que trata ¡por vez primera en la historia del audiovisual extremeño! Cuestión ésta que se reconocerá, mediante alguna tesis o similar, cuando todos los citados estemos criando malvas, como los propios vetones o todos los tertulianos de este mundo, quiera dios que, al menos estos, antes.
No escatimo los elogios porque me parecen oportunos y porque, además, me excluyo. Mi único talento es reconocer a los talentosos. Pero, con la que está cayendo alrededor y teniendo en cuenta que andamos con salud, y conservamos la paciencia y el buen humor, puedo enviar el mensaje de que seguimos haciendo un trabajo de personas contentas.

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O’Brien

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En las últimas elecciones generales votaron 24.590.557 personas, de entre las cuales la friolera de 17.804.573 apostó por los dos partidos que se reparten el gobierno desde hace más de 30 años. Otros 6.785.984 votaron por alguna de las 59 restantes candidaturas (si bien 3.835.315, más de la mitad, se repartieron en IU, UPyD y CIU). La abstención y los votos nulos y en blanco supusieron el 31% del censo, la mareante cifra de 10.361.756, aún así 468.937 personas menos de las que votaron al partido ganador.

Esas son las cifras. Aunque más de un tercio de la población no está representada en el Congreso -aún más si se toman en cuenta los votos que no propiciaron escaño alguno-, en realidad todos los días es fácil coincidir con alguna, de entre los más de veinte millones de personas, que apoyó y aún apoya un sistema corrupto y a una clase política que, según las encuestas sociológicas, son -al mismo tiempo- las principales preocupaciones de los españoles. ¿Cómo se explica esta absurda contradicción? Haberlas haylas, las explicaciones.

Recuerdo los tiempos de mi propio bachillerato, tiempo ha, en un colegio privado. De entre las personas que allí estábamos, en plena formación, rara es aquella que no ha ocupado su nicho social, predestinado. Podrías haber apostado el culo de que así sería: La familia convencional, el trabajo usual, los gustos mayoritarios, las costumbres ordinarias, la residencia habitual, el voto acomodado, el desdén ante el compromiso social, las obligaciones de consumo, el rechazo a la incertidumbre y al cuestionamiento, el pensamiento conservador. ¿Cómo se explica este determinismo? Haberlas haylas, las explicaciones. Interesados, pregunten por un tal O’Brien, miembro del Partido.