Mes: junio 2007

OCIO

Pequeño catálogo de seres y estares durante el tiempo de ocio: el museo Calouste Gulbenkian en Lisboa, de delicadeza impresionante, solo comparable al saber estar de los portugueses y a su célebre abundancia gastronómica. Además de que la colección del magnate armenio es tan fabbulosa y ecléctica como cómoda su visita -acaso uno de los museos mejor diseñados que puedan trasegarse-, los jardines ya son de apoteosis, con las parejas sumidas en escarceos amorosos intensivos -en vez de hectáreas, el parque debería contarse en erecciones- , los patos coqueteando con los niños y ni un solo residuo en cientos de metros a la redonda. El paraíso para un escéptico, el infierno para un español como es debido.
Otro paraíso nuestro es pasear por la playa de San Vicente do Grove, o lo que de él va quedando, de charla con Salva, “la galerna de Beluso”. Prólogo de la auténtica que nos sacudió: tremendo chaparrón que casi decide a Sorte, Lira y Mingu a plantarnos en defensa propia. Nuestros perros, que cumplen cada verano la rutina de probar el agua de mar (“ese enorme pantano al que nos traéis”) nos acompañan haciendo dos mil kilómetros sin rechistar. Días después, noche de ópera en A Coruña, en concreto “Semiramide”, de Rossini, dirigida por Alberto Zedda. La tupa de comida posterior, de madrugada, en un lugar del centro regentado por una auténtica dama de las que nunca llegaran a rica, relega al olvido que Xohanma Carreira nos presentara a Antoni Ros Marbá, aunque no la exhibición de cuerda ni los comentarios de los comensales, dignos del más fino dialogista de Niles Crane. Después de que Maruxa y Xohanma nos llevaran a la fila tercera de la ópera de Viena, y uno pueda pasearse libremente por su asombrosa biblioteca-videoteca-musicoteca, un ángel desplega sus alas a cada uno de nuestros encuentros. En compensación, les llevé a ver un partido de fútbol a un bar de carretera. Ni más ni menos que el Madrid-Mallorca. Todos los ruidos acaban pareciéndose, si se les oye con entusiasmo.De estos días (y del reencuentro con los y las de siempre, los del norte que son sur) han surgido ideas y proyectos que nos llevarán lejos, muy lejos.
Mientras aguardamos la subida al Castañar de O’ Soitu un pie detrás de otro y la cena prometida en “A boiga de cumias” recuerdo las lecturas de “A contratiempo”, de Rogelio Pérez Mariño, probablemente la prosa con más ritmo que pueda permitir una colección de ensayos tan fascinante como la que despacha Rogelio, una de las personas más atractivas, vertical e intelectualmente hablando, que haya conocido en la Extremadura que nos asume. Gran amigo y cómplice de Jesús y Ángeles, nuestros anfitriones del último fin de semana en La Pesga, el pueblo de los océanos de plata, de los olivos de azul cobarde. El río de los Ángeles, la pequeña Ribera Oveja con sus métaforas insolentes (los Audi aparcados a la puerta de la arquitectura negra desprotegida) y la naturalidad con que se desgranan las tertulias a la sombra del olmo (¡viva la república!). Todo para nosotros, voraces. Por fin, queda la voz desgarrada de un cantante angoleño sentado a la puerta del Castelo de San Jorge, solo, con su guitarra, al caer la tarde, sin más audiencia que nosotros dos, apenas horas después de la dinamita de los Stones, con nuestra gente de siempre y en la Lisboa inevitable, donde un gitano portugués te ofrece chocolate (“¿extremeños?: ¡ah!,¡farlopa!”, dedujo, por algo será). Y el paseo por las Estufa Fría y la Estufa Quente, la mejor inversión para la ciudad blanca y sus invitados -como Wim Wenders, que hizo una estupenda película con ella, ahora que me acuerdo-. Y al final del haz de luz, la mirada que me traspasa. A vivir, que son miles de días.

POR NOSOTROS QUE NO QUEDE










Como algunas personas saben en esta tierra, nuestra productora, Libre Producciones, sufre un veto por parte de la Radio y Televisión Autonómica de Extremadura, CEXMA, vulgo Canal Extremadura, desde que decidieron sus responsables que su método de trabajo sería declarar su infabilidad, incumplir sistemáticamente la ley que propició la creación del medio y, como medida homologada al parecer por sus Consejos de administración y asesor, poner de rodillas a todo el mundo -cada vez que veo dos minutos de esta tele me acuerdo de lo que prometían algunos cuando no existía-. En caso de discrepancia,osea, en caso contrario -un solo caso- lo que procede es despachar directamente a quienes no se pliegan a sus argumentos paranoicos, su programación casposa y enfermizamente copiona y su ilegítima administración del dinero público, llevando como llevan sobre sus chepas el ordeno y mando de sus reponsables políticos, gratificados por un número más que importante de votantes que defienden a capa y espada su derecho al miedo y la seguridad, la bonanza económica y el progreso que salta a la vista -literalmente, se abalanza sobre ella- en nuestras ciudades y algunos pueblos. Y del que el desarrollo insostenible y las corruptelas son piedra angular, ante el beneplácito de los consumidores y los cómplices del sistema.
Al boicot -ante la alegría indisimulada del resto de productoras, que perpetran la programación como dios les dio a entender a beneficio de inventario, pero manteniendo una precariedad en sus filas tan solo comparable a la prepotencia de algunos de sus “realizadores” y la avaricia de todos los “productores”- se han sumado alegremente otros organismos e instituciones, o mejor no se han restado, dado que el caso que se nos hacía previamente no mejoraba el trato que se da a los limpiaparabrisas de los semáforos. Y todo ello por motivos bien explicitados previamente en este diario personal, como por ejemplo resistirse a dejar de hablar de las barbaridades que a diario cometen los políticos y el capital contra el patrimonio cultural, natural y la salud de los ciudadanos extremeños, rechazando el homologar ese país de cuento de hadas en el que todo parece sano y eficaz, cuando nada lo es más que el intento de imposición del pensamiento único y el bipartidismo, esto último con éxito. Ahora bien, por nosotros no quedará. Aquí se reflejan las presentaciones gráficas de los diez proyectos y formatos televisivos ideados por Libre Producciones y rechazados sin miramientos por la televisión pública extremeña en fecha reciente, a pesar de que todos y cada uno cumplen con los principios de programación exigidos por la ley que la crea y, por ende, forman parte del ideario y el patrimonio intelectual de una empresa extremeña, capaz de llevarlos a cabo como tantos otros trabajos previos. Los proyectos se presentaron cumpliendo con lo sugerido por la anterior Consejera Portavoz del gobierno autonómico, que negaba la evidencia del veto y garantizaba un trato idéntico para los nuestros que para el resto de los proyectos y programas. He aquí. Tenemos pues, derecho a permanecer callados. Los cuelgo aquí, consciente del inusitado interés que estas líneas suscitan entre algunos jerifaltes, a la vista de los comentarios que le merecen a algún personaje con el que he tenido la desgracia de toparme, con el deseo de prevenir que, ahora o siempre, alguien pueda achacarnos el ser unos vagos o unos maleantes. Lo segundo quizás, y a mucha honra, en esta comunidad donde hasta el delito se lo están apropiando las mejores fortunas y sus necios cancerberos, incluido alguno capaz de decirte a la cara que “los toros tienen espacio en esta televisión porque le gustan a la mayoría, no así los libros, y por ello han de tener otros medios de promoción y difusión, y de hecho los tiene, no siendo la televisión el canal adecuado para ello” (frase del director de programas de Canal Extremadura TV, extraída de la última -a buen seguro- entrevista de trabajo con él). No me resisto a decir que me despedí de ella deseando ardorosamente -y a voz en grito, patético que es uno- que ojalá desaparecieran, en beneficio de Extremadura. Es obvio que tal posibilidad, de suceder, como dice la canción de Los Planetas, me traería sin cuidado. A fin y al cabo, ellos no solo lo desean, sino que ponen los medios para que acontezca con nosotros.

“El duende del bosque”: una lupa sobre los ecosistemas y el medio ambiente
“Buzón de fábulas”, programa mixto entre la ficción y el documental que recrea los cuentos y fábulas populares extremeños
“Calle real”; programa de documentales sobre la vida cotidiana en una calle extremeña
“Ojos que no ven”: programa contenedor de documentos visuales reivindicativos realizados por particulares o colectivos de todo tipo, sociales, culturales o universitarios incluidos
“En el patio de Blas”, magazine sobre la jardinería y la horticultura en Extremadura
“La flor del helecho”, serie de ficción ambientada en un hotel rural de una pequeña población extremeña
“El coche de San fernando”, rutas exclusivamente a pie por la geografía extremeña
“El país de al lado”, documentales sobre argumentos sociales y culturales centrados en Portugal
“La Barcarrota”, monográfico sobre literatura y artes plásticas con un formato novedoso, que implica el componente personal de cada autor o artista
Y “El lince con botas”, mejor conocido en privado por “El lince con guadaña”…

LA MUCHEDUMBRE DEL SENADOR

“La muchedumbre es la madre de todos los tiranos”.
Lo dijo Dionisio de Halicarnaso.
Afortunadamente, la justicia (poética o no) acaba con todos los tiranos. O la enfermedad. O la violencia. Las muchedumbres persisten aclamando a los senadores, pero no por ello llevan la razón, ni unos ni los otros. Hace tiempo encumbraron dictadores y hoy mismo lo hacen con su simulacro de participación. Ahora nuestros nuevos caudillos -se creen dioses cuando son los mismos infames inútiles, intolerantes, incultos- siguen vendiendo las elecciones como un referéndum, en especial el sobrino soprano, por la cuenta que le trae. Y la muchedumbre, que no sabe absolutamente nada: calla y supuestamente otorga. Si me preguntaran qué fin prefiero para este individuo aferrado al poder que da el dinero, no contestaría. Al fin y a cabo, carece de alma que arrebatar. Pero, ojo, el pueblo extremeño es aquel que aguanta todo en silencio durante mucho tiempo, pero que cuando revienta quema la tierra alrededor del cacique que le menosprecia, engañándole en las cuentas. Para luego descansar. Las muchedumbres no son de fiar. Ni los senadores tampoco. Especialmente los multimillonarios arbitrarios.

Extraído del diario HOY
http://www.hoy.es/prensa/20070628/regional/vara-proclamado-presidente-dice_20070628.html

La Refinería: «Roma locuta, causa finita»
Lo dijo Francisco Fuentes, presidente del Grupo Socialista y portavoz de su partido ayer en la Asamblea de Extremadura: «Roma locuta, causa finita». El diputado se refería al proyecto de construir una Refinería de Petróleo en Extremadura y empleó el símil del Senado romano puesto que ayer el escenario de debate era Mérida.

El Senado, cuando debatía y posteriormente emitía un dictamen, empleaba esta frase. En su opinión, el asunto de la Refinería ya ha sido debatido y hablado por los ciudadanos en las pasadas elecciones y el asunto está finalizado.

EL MENSAJERO DE ZAFRA

Adjunto artículo de Miguel Manzanera publicado en “El Mensajero de Zafra”. Después de los tres días del Ateneo de Badajoz -gracias Juanjo, Chus y compañía- y tras el paréntesis de nuestro extensísimo descanso, el ciclo “El animal invisible” se reanudará en Hervás, en lugar y fecha por concretar. Mientras tanto, la serie agoniza en la pantalla pública. Aparece o desaparece a discreción, consolidando su prestigio gracias a la infausta gestión del medio público, capaz de avergonzar a un legionario con su programación y la “profesionalidad” que demuestran sus empleados, algunos de los cuales no cejan en el empeño de enviar currículums…¡a Libre Producciones! Ahora, un programa de karaoke, “inspirado” en las “delicias” veraniegas de la TVG. Vivir para ver.

LA CENSURA ENCUBIERTA
Miguel Manzanera Salavert

El lince con botas ha sido uno de los mejores programas de la televisión extremeña, si no el mejor. Digo ‘ha sido’ aunque la serie todavía continua emitiéndose, porque la empresa que los producía, Libre Producciones, ha terminado su contrato con la televisión. Así que El lince con botas se ha dejado de producir; y dejará de verse cuando se acaben los episodios que ya fueron comprados. Una pena, porque gustaba a mucha gente; y era una opinión general, de que se trataba de un trabajo de gran calidad. En él se nos mostraba la cultura extremeña más auténtica, con sus antiguas formas de vida integradas armoniosamente en el entorno natural. Yo he tenido ocasión de conocer algunos miembros del equipo de esa empresa y me he quedado gratamente impresionado por su cultura cosmopolita, sencilla y profunda al mismo tiempo.
La serie era un conjunto de documentales de carácter antropológico, con la que hemos podido conocer mejor nuestra tierra y su cultura milenaria, apreciar sus hombres y mujeres en sus oficios y costumbres ancestrales, aprender las posibilidades y recursos tradicionales que brinda la naturaleza extremeña. Sin embargo, esos documentales han tropezado con la censura de los gestores de la opinión pública…, y el proyecto se ha venido abajo. Hay que levantar una protesta pública por tantos eventos culturales intrascendentes, tantos gastos superfluos, y que no haya dinero para apoyar la actividad de un grupo de trabajadores independientes, que han demostrado tener capacidad sobrada para hacer su oficio.
Lo primero fue el cambio de horario de emisión de la serie. Nuestros insignes burócratas decidieron que no se podía programar unos documentales de tamaña categoría intelectual en horario de máxima audiencia. Tal vez porque el capitalismo más agresivo está llamando a las puertas de nuestra Comunidad Autónoma, con esos proyectos faraónicos sin futuro claro, pero con enormes inversiones, que han estado proponiéndose estos últimos años. Tal vez sea esa la causa de que la televisión no pueda emitir ya programas culturales, sino otro tipo de imágenes que exciten el consumo y desarrollen la estupidez en las mentes de los ciudadanos; sobre todo el coche, no se puede vivir sin coche. Tal vez porque la vida extremeña está desvalorizada en el mercado mundial, y haya que sustituirla rápidamente por la cultura de masas fabricada desde la ideología neoliberal.
La cultura capitalista consiste en poner precio a todo, ignorando el valor de las cosas. Tal vez por eso, hay que emitir programas sin contenido a las horas en las que la gente normal ve la televisión; ¡y mucha publicidad!, no vaya a ser que a la gente le dé por pensar por sí misma, sin pedir permiso a nadie ni consultar a los fabricantes de opinión pública. ¿Cómo compaginar la publicidad y el consumo, con la densidad humana de personas sencillas que continúan una tradición de siglos, el quesero clandestino de los Ibores, con el alfarero de Salvatierra que trabaja con sus manos el barro como sus abuelos, con los artesanos de todas clases y oficios que sobreviven en el siglo XXI frente a la expansión de la industria más destructiva jamás conocida?
Y el programa pasó a emitirse a horas intempestivas, cuando la mayoría de los trabajadores y el pueblo no pueden verlo.
Lo segundo, la televisión dejó de comprar los documentales que ya habían sido producidos para la serie. Como consecuencia, Libre Producciones tuvo que abandonar su trabajo por falta de recursos financieros. No hace falta tener mucha imaginación para darse cuenta de cuáles son los motivos de esa censura; queda esto claro cuando uno se entera de que entre los documentales censurados hay títulos como La mina de Aguablanca y Una refinería en el jardín. Ambos son muy críticos con la política industrial planeada por la Junta de Extremadura, a base de industrias pesadas y muy contaminantes. Se trata de negocios muy dudosos, que destruyen el medio ambiente de nuestra región, sin dejar apenas beneficios para la mayoría de la población.
Está claro que aquí ha pasado lo de siempre: quien paga manda. Pero también debería estar claro, en una democracia, que la cosa pública, el Estado, es cosa de todos; y que aquí se trata de la privatización de los bienes públicos, como es el caso de la televisión, o las concesiones mineras, o la industrialización del subdesarrollo que se nos presenta con los planes del empresario Gallardo con el apoyo de la Junta de Extremadura. Porque el Estado que debería ser un baluarte de los trabajadores en la defensa de los bienes públicos, máxime con un gobierno que se dice socialista, se ha trasformado en un agente del capital y el garante de los beneficios empresariales.
Tal vez si la democracia fuera de otra manera, podríamos tener una cultura más acorde con los intereses de la población y la defensa de los bienes públicos; por ejemplo, deberían existir canales de participación para tomar decisiones acerca de los programas que la gente quiere ver. Tal vez así evitaríamos cacicadas como la que estamos comentando. Pero, ¿qué pasa en Extremadura, y en España, para que cuatro personajillos decidan qué es lo bueno o lo malo? ¿Cuáles son los mecanismos de control social que impiden tener una cultura digna de un pueblo inteligente? ¿No será que el Estado está parasitado por algunos miembros de la casta política, al servicio de las clases dominantes de siempre?
Esto de la opinión pública es como la pescadilla que se muerde la cola. La gente no opina porque alguien toma las decisiones sin contar con ella. Y alguien se encarga de decidir por los demás porque la gente no opina; ¿para qué si todo está ya decidido? Hay gente que piensa por nosotros, ¿a qué molestarse en emprender la fatigosa tarea de pensar? Pero lo único que necesitamos, para que los ciudadanos asuman su tarea irrenunciable a pensar por sí mismos, es que se pueda decir libremente lo que se piensa. Y si los medios públicos cierran esa posibilidad lo hacen con la intención evidente de evitar una cultura fundada en la capacidad racional de sus ciudadanos. Cuando digo racional quiero decir diálogo y debate públicos, así como ser consecuentes a la hora de tomar decisiones colectivas.
Ese problema que ha tenido El lince con botas es parecido al que ha tenido la propia Plataforma Ciudadana Refinería No con los medios de comunicación. Sin embargo, gracias al tesón de sus miembros, hasta cierto punto se ha conseguido abrir una brecha en los muros de la desinformación ciudadana. La impresionante movilización de la ciudadanía en nuestra comarca no ha podido ser silenciada completamente por las cadenas que dominan la opinión pública. Han aparecido canales alternativos de información y diálogo entre los ciudadanos: charlas, conferencias, debates, hojas informativas, manifestaciones y concentraciones, etc. Todo ello gracias a la dedicación y entrega de un puñado de personas conscientes y decididas.
Por eso, la Plataforma Ciudadana Refinería No de Zafra convocó el pasado día 4 de mayo a la ciudadanía para la proyección de los documentales censurados de Libre Producciones. Ese día viajaron desde Cáceres hasta nuestra ciudad, José y Ana, dos guionistas de la serie El lince con botas, para presentarnos su trabajo en la casa de la cultura de la calle Huelva. Fue una sesión memorable donde se pudieron ver dos documentales censurados de la serie y además charlar con los autores que nos explicaron su situación actual. Parece difícil que se pueda vencer el muro de silencio e indiferencia que se cierne sobre las personas que se atreven a criticar este sistema, que, dicho sea de paso, no es, ni mucho menos perfecto. Pero algo se va consiguiendo.

LARGA VIDA AL TREN DE LA LEÑA

¿Qué banda no vendería su alma para que se les ocurriera “Rough justice” o “Look what the cat dragged in”, dos de los temas del último álbum de los Stones, cuarenta y un años después de que empezaran? No digamos ya de que habrían de desprenderse por “Wild horses”, “Brown sugar”, “Sister morphine”, “Sway” o “Paint it black”. El lunes 25 de junio los australianos Jet parecían una pandilla adolescente media hora antes del inicio de una exhibición de rythm and blues que partiría el corazón de cualquier escéptico. Gente organizada y fiscalizadora (ni un plano de Darryl Jones, bajista desde hace más de una década; treinta segundos apenas de Linda Fisher; Jagger se presenta en el estribillo de “Simpathy…”) pero capaz de alimentar de leña y carbón los fogones de un demoledor tren que ojalá no pare nunca, y si acaso nos lleve consigo. Las ramas de esta banda pueden colgar columpios eternamente, al parecer. El sonido de un concierto de los Stones dignifica: es gloria sin comparación posible en su género: literalmente imposible transmitir a terceros la fidelidad con que se aprecian los matices del mejor tejido de música negra y blanca del siglo XX. Lo saben y actúan en consecuencia. La noche de Lisboa atrapó una versión de “Bitch” para asombro de un gentío mudo en el césped ante la receta de quienes no parecían los más mayores de entre toda la concurrencia. Y con ellos una dosificación teatral de los contenidos (ese “Satisfaction” con apenas cuatro luces en medio de un campo de fútbol abría literalmente las puertas del cielo), los esfuerzos y el repertorio: la mejor colección de canciones de la que nadie vivo (o muerto) pueda presumir. Y punto. Si alguien a estas alturas no ha visto tocar a esta gente – ¿por qué lo hacen?: la respuesta es ¿quién no lo haría en su lugar?-, no sabe lo que se pierde. No en vano pertenecen al pasado, pero dulcifican la absorción del presente haciendo lo que saben hacer: el bien. Me gustaría saber cuántos más hay por ahí a esa edad. Imagino que muchos, si mi experiencia no me falla. Pues cada vez que veo a estos les alcanzo a todos un discreto homenaje.