Mes: enero 2011

CAFÉ CON LECHE

Es desesperante. A primera hora de la mañana, una agencia pública: la persona con la que debo hablar ha salido a tomar un café. A media mañana, una empresa privada: ha salido a tomar un café la persona con la que tengo que hablar. Vuelvo a intentarlo con los primeros: están con el cafetito. Pruebo con un tercero: han salido a desayunar. Finalmente, los primeros ni siquiera cogen el teléfono. ¿Alguien quiere hablar con alguien en este país?

NARIZ ROJA

Alex de la Iglesia -cuya primera película produjo Pedro Almodóvar y la última Gerardo Herrero, lo cual resulta una evidencia en su contra como temporero- ha pretendido ingenua y limpiamente abrir una brecha en el monolito de la ‘gran familia’, la mafia cultural, seducido, al parecer, por la retórica y los argumentos de la ‘gente’. De sus clientes, al fin y al cabo, puestos a revisar su cine. Resulta algo natural. Y ha podido comprobar de primera mano cómo se las gastan Sinde, Bollaín, el propio Herrero y buena parte de sus compañeros de viaje. Me sorprendería que le sorprendiera la reacción: su carrera está en juego, al menos en este país, si conoce mínimamente los entresijos, y no dudo que los conoce a fondo. Un tonto útil que no lo era tanto, y se ha pasado de la raya. Se le han dado caprichos como “Muertos de risa” o “Plutón BRB”, se pasó por alto su osadía al producirse “800 balas” y estrellarse con ella, volvió al redil del ‘come y calla’ con “Crimen ferpecto” y “Los crímenes de Oxford” y se echó mano al talonario para premiar “Balada triste de trompeta”, recuperado como estaba ya para la causa mediante la oportuna simbiosis entre su presidencia política y su carrera. Ahora, su productor en estas dos últimas películas dice que “ha perdido la cabeza” por sentarse a dialogar, y su vicepresidenta en la Academia (un club maníaco y selecto de setecientos privilegiados) le ofende en público, argumentando que un ciudadano no puede participar en un debate público sobre una ley, y mucho menos cuestionar su redacción, aunque afecte a su oficio. Por un asunto de representación institucional. ¡Ah! Para eso, opinará Bollaín, votamos cada cuatro años. Para eso y para que ella pueda hacer sus películas de artista concienciada. Prietas las filas o te ponemos la nariz roja. Eso es conciencia. Y mientras tanto, Erice sigue sin dirigir…

EL RECADO

Lo que va del ayer al hoy. El recado de Iberdrola (un secreto a voces, por cierto) a la puesta en escena de Avante ( y a la patética pluma de sus quintacolumnistas) no puede ser más claro. Y eso que su propio periódico en la región ni siquiera publica la noticia (*). Torres más altas han caído. Y están por caer.

(*) Lo hizo horas más tarde…

ORO

Han desaparecido los video-clubes, lo han hecho también los ciber, cayeron aún más espectacularmente las agencias inmobiliarias y reaparecen las tiendas de empeño y de compra de oro, con sus peristas de película de posguerra detrás de mostradores de segunda mano. No disimulan su fealdad los grandes cartelones en las fachadas, sobre el pecho y la espalda de los hombres-anuncio, ni tampoco sus mínimos folletos, ni las pegatinas en las farolas: al oro no le hace falta diseño gráfico, el que venga a vender ya sabe lo que vale un peine. Una expresión ésta que procede de tiempos de la tortura inquisitorial. Un tiempo que parece olvidado, donde el oro reinaba, procesaba y dividía. Extraño mundo aquel diremos, pero extraño mundo éste, donde individuos que no merecen más que la cárcel no sólo gozan de libertad, sino que negocian, dictan y fabrican leyes. Es el precio por el oro que ya nos hemos gastado, sin haberlo tenido nunca.

CIUDAD DE VIDA Y MUERTE

Es demasiado habitual que una película resulte insoportable. Pero no por los motivos que “Ciudad de vida o muerte” (“Nanjing, Nanjing”, China, 2009) es un filme insoportable. En el caso de esta obra maestra de Lu Chuan se trata de angustia verdadera, de un nudo en la garganta por el cual se hace, se debe hacer, el silencio absoluto. Sereno en la exposición de la colección de atrocidades que cometió el ejército japonés en el invierno del 37 en la ciudad china de Nanking, el cineasta trabaja su material como el artesano que crea su cesta de mimbre, y no le duele retorcer el vegetal cuando ha de hacer el duro asa. Así, desploma su drama contra nuestras cabezas con la crudeza del matarife. Tomando mínimos ejemplos de vida en aquel infierno de 300.000 muertos en dos meses, individualizando la humanidad a través de personajes como un soldado japonés absolutamente perplejo por sus crimenes propios y ajenos, y por la exhuberancia del mal que le rodea, o como un niño superviviente nato -de tal manera que no sorprende que la persona real haya llegado viva a la actualidad-, o como el secretario chino que acepta matar y ser muerto por amor a su familia, “Ciudad de vida o muerte” es una película que pone en cuestión, literalmente, el por qué se producen las demás películas, tal es su importancia como crónica de un pasado que nos rodea, ajeno a la piedad, apenas larvado en su gigante inhumanidad. Contemplar la reconstrucción de la abyección a la que puede llegar el ser humano en perjuicio de sí mismo y de sus semejantes puede no ser plato de gusto para nuestros paladares acostumbrados a la farsa y la superficialidad, pero no por ello, y ahí reside la advertencia, dejaremos de ser igual de brutales en cuanto llegue la oportunidad. Porque las referencias fílmicas de Lu Chuan (que filma literalmente la esperanza en su plano final) a títulos lejanos y contemporáneos de origen ruso, japonés, norteamericano, alemán, británico, italiano o francés, a través de su poderoso blanco y negro, su música que tributa al cine clásico, sus secuencias de subrayado sentimental, su cámara al hombro o su humanista poética de la brutalidad, nos remiten, al fin y al cabo, a tantas otras enormes tragedias del siglo XX acaecidas en tantos otros territorios con tanta o más irracionalidad (de Mathausen a Hiroshima, por citar solo grandes titulares) y que deben ser contadas en honor a sus víctimas, como honra a las suyas el primer título de esta película a la vez que sin par, idéntica a todas las demás. Como esa misma humanidad que destruye mucho más de lo que crea.

HABLANDO SOLO

…Y ahora presentan en sociedad un remake de empresa pública de inversiones y “capital riesgo” que se compromete a apoyar el proyecto de Refinería Balboa, que, según los estimaciones más optimistas, obligaría a esta misma empresa – que, en cualquier caso, echa balones fuera en cuanto a decisiones y cifras- a no dedicar un solo euro más de su capital a ningún otro proyecto, al consumir de forma drástica su presupuesto; al tiempo, el abominable consejero extremeño del gremio dice que “algo no se está haciendo bien” en cuanto a las leyes y las directivas europeas, presuntamente garantistas, porque, a su juicio, “un promotor industrial tiene derecho a exigir más agilidad a las administraciones”. Se refiere también al caso de la refinería, en un asombroso ejercicio de autocrítica, inédito en estos pagos. Al fin y al cabo, lo público es de todos, y lo privado, de ellos. Y siempre ha habido clases. Y declara eso, cuando ha sido el promotor el que no ha diligenciado adecuadamente la redacción y entrega de la documentación, según han expresado públicamente desde secretarios de Estado hasta ministras, pasando por gobiernos extranjeros, todos fuera de cualquier sospecha de oposición al fomento industrial…

…Estoy de nuevo hablando solo, absolutamente estupefacto ante el temple de nuestros gobernantes ante la mentira. ¿Cuanto tiempo más vamos a estar agonizando? Los últimos treinta años han convertido a la sociedad extremeña en hedonista, superficial e inculta, inactiva, piadosa y vacua, desamparada ante el olvido de nuestro pasado y el culto descarado a la falsedad y la especulación. Lástima. Así es imposible aspirar a la fraternidad. Están haciendo de nosotros muy malas personas.

LA DES-REALIDAD

La próxima edición OVNI 2011 des_Realidad, quiere reflexionar sobre los diferentes fenómenos de crítica de la realidad, sus repercusiones y los horizontes que iluminan o recuerdan. Experiencias y tradiciones muy heterogéneas cuestionan radicalmente no sólo el concepto de realidad, sino la experiencia misma de lo real. Será del 22 al 27 de febrero en el CCCB de Barcelona. Basta echar un vistazo a la fascinante web del Observatorio de Video No Identificado de Barcelona, que organiza de nuevo las jornadas, y comprobar su inigualable catálogo de documentales y programas, para sentirse fascinado por la experiencia de la comunicación, y también, en otro sentido, por la reducción al absurdo que hacen los medios ‘convencionales’ de la libertad creativa y la difusión del documental. Véase sino el artículo de hoy mismo acerca de la producción de documentales de ese patético pasquín llamado “Público”. Se cierra el mismo con los siguientes párrafos: “De hecho, el documental se ha reinventado en los últimos tiempos con nuevos enfoques que buscan enganchar al espectador. Títulos como La inteligencia de las sepias, Cazadores de nazis, La porfiada existencia de los ovnis, La vida privada del porno, El CSI de los dinosaurios o La Casa Blanca a través del objetivo demuestran hacia dónde va el género.
“El documental es el gran descubrimiento de la televisión”, sostiene Blatt -de Chello CHannel-, que apunta las claves para que triunfe en la audiencia: “Aquellos que ofrecen historias sorprendentes, los que forman e informan, los que son didácticos, los que muestran tramas coherentes, buenas y emocionantes. Y aquellos que, al final, ofrecen una nota de esperanza”
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Lo mínimo que se les puede desear es que les caiga un piano en la cabeza, de una puta vez. Con la esperanza, al final, de que no sobrevivan.

BUENAS NOCHES Y BUENA SUERTE

Rodada con sobriedad, repleta de esos movimientos de cámara inspirados en cuestiones morales, y armada de una planificación a la antigua usanza -impresionante y clásico el plano en que Edward Murrow pierde definitivamente a Don Hollenbeck durante una conversación de despacho, que el director expone desde la el exterior, separando física y alegóricamente a ambos personajes-, “Buenas noches y buena suerte” es una espléndida película que difícilmente cansará. Con un David Strathairn cercano a Bogart -incluso en su tono de voz- y un reparto que demuestra qué grandes actores hay en Norteamérica y cuán desaprovechado está su talento desde hace ya más de treinta años, George Clooney y Grant Heslov escriben un drama que en este tiempo es una rareza, pero tiene las hechuras de lo que en su día llegó a ser un género. Un cine de ‘denuncia social’ basado en el guión, los intérpretes y una mirada sabia detrás de la cámara. Fumando todo el mundo y disfrutando de cada plano todo el mundo también, el discurso final del personaje Edward Murrow es ya un clásico de, digamos, las verdades del barquero. Las de una profesión, el periodismo, que luchaba como gato panza arriba por sobrevivir y a la que le quedaban, ya por los cincuenta, pocos años de vida. Hoy, obviamente, está ya muerta y enterrada y este filme demuestra lo premonitorio de las palabras de Murrow acerca de que la televisión, tal y como se empezaba por entonces a usar y entender, y hoy es moneda común, no es más que una caja repleta de cables y luces con un peligro potencial enorme. Por lo demás, el publicista de turno de nuestro partido gobernante ha de ser fiel seguidor de este filme, no en vano el eslogan que ha sacado a pasear estos días (“Convicción y determinación”) procede del citado discurso pronunciado por Murrow en el epílogo.

PIENSO

La oposición en la Asamblea amenaza con llevar a los tribunales a CEXMA (la empresa pública de radio y televisión extremeña) por ocultación de datos a su propio Consejo de Administración. Al tiempo, el ministro de la Presidencia Ramón Jauregui lanza un globo sonda según el cual sería razonable que las autonomías se planteen la posibilidad de desprenderse de las televisiones públicas, auténtico agujero negro de las economías regionales. Como estamos en época de rebajas, no les voy a pasar la minuta a ninguno de ellos. En mi continua frustración vital (algún pintoresco e irreductible lector de este blog coincide en ello con la opinión de la ministra de Cultura) barajo la posibilidad de no seguir dando ideas tan peregrinas a la clase política.

EL ABISMO


El Consejero extremeño de Energía, Industria y Medio Ambiente, extraordinario trío que funciona tan bien como lo haría uno de alcoba formado por una loba hambrienta, un cordero degollado y un farmacéutico impotente, ha dado bombo y platillo a la surrealista Estrategia de Desarrollo Sostenible, sustentada en nada menos que 16 ejes. Imagino y compruebo a menudo que la Junta extremeña tiene entre su plantilla a técnicos y otros trabajadores que aún creen en la efectividad de sus funciones laborales y las desarrollan con honestidad, aunque hayan perdido la fe en su Gobierno. Igual pasa en otras instituciones. El problema es que trabajar siempre de cara a rellenar un escaparate que se ofrece al público como ejemplar, al tiempo que les son impuestas decisiones para segar las propuestas y ejercer un sistemático boicoteo de las mismas, siguiendo políticas encaminadas a la obtención de todo lo contrario de lo que se predica, acaba afectando a las personas. Profesional y emocionalmente. Hasta cuando puede durar el engaño, aún no lo sabemos. La paciencia y la capacidad de encaje del ser humano se ha demostrado amplia. Y sus necesidades también.

Decidir en Consejo de Gobierno dar luz y taquígrafos a este nuevo maquillaje, que no puede ocultar la desesperación de sus anacrónicas políticas industriales y energéticas, es un nuevo error de una Administración errática y, visto lo visto, innecesaria para la supervivencia de la sociedad civil extremeña, a la que se comienza a contemplar como futurible laboratorio del retorno al centralismo. Apostar por refinerías, térmicas, transgénicos, nucleares, minería a cielo abierto, prospecciones de uranio, recalificaciones…y todo el género con el que trafican y han traficado hasta toparse con una potente crisis económica, social y de imaginación y gestión política, es una actuación lo suficientemente explícita para que, parafraseando a aquel otro, no haya el más mínimo motivo para creerse una sola palabra de lo que dicen, ni para confiar en ellos como actores válidos para el proceso. Su movimiento se demuestra cada día que se levantan y se echan a andar hacia el abismo al que nos conducen sus hechos.

ATREVIMIENTO

El atrevimiento de los políticos (encima, cuando además son cineastas) ha llegado a colmar cualquiera de mis peores presagios. “Los ciudadanos del siglo XXI tenemos la percepción no solo de que Internet es nuestro, sino de que nuestras opiniones cuentan más allí que en el espacio físico donde desarrollamos nuestras insatisfechas vidas”. Literal de la ministra de Cultura en su nuevo artículo sobre la ley con ‘el apellido de su abuela’. Probablemente sea lo único que le haya quedado de sus abuelos (espero que no fueran como ella, al menos), a la vista de la clarificadora (aún más…) arrogancia con que califica a sus congéneres de insatisfechos. Es decir, ¿se refiere a mi?

‘LA CÁMARA LÚCIDA’

El próximo miércoles intervendré en el programa “La cámara lúcida”, de Tele K Vallecas, ideado, gestado y dirigido por el buen amigo Octavio Fraga Guerra, personalidad cubana residente en nuestro país, al que ha traído su inquietud por la cultura audiovisual y por el papel del documental en concreto. Charlar y colaborar con Octavio, como con otros profesionales allende el océano con quienes hemos tenido el placer de colaborar -Manuel Emiro Álvarez, colombiano, dirigió la fotografía de “La ilusión” y Nino Martínez Sosa, dominicano, montó aquel corto, y Martin Gruttadauria o Lázaro Llorens, argentinos, nos aportaron con sus propios trabajos un huracán de compromiso- representa redescubrir en cada momento el punto ideal de entusiasmo, erudición y candor que hace imposible, para ellos, ser atrapados por los cantos de sirena que ofrecen nuestras cómodas almohadas europeas a la hora de defender su obra o su condición. La nueva acerca de la emisión por Tele K, en el Canal 30 de la TDT Madrid, de “Mientras el aire es nuestro”, y la presentación previa, ha sido recogida en medios que se precian de serlo. El documental entra en su cuarto año de andadura, desmintiendo que la característica de este género sea su combustión acelerada. Lo que sí es cierto es la propensión de los medios convencionales a convertirles en invisibles, asunto que a través de internet y de emisoras como Tele K se intenta corregir.

EL INEVITABLE FUTURO

Con la Ley Sinde recalentándose en las alcantarillas, la fiesta anual de la ‘industria’ del cine en España se avecina, y su pórtico son las películas propuestas para sus premios, que gozan de un alto nivel de repercusión en el que la crítica -y no digamos ya la autocrítica- se silencia adecuadamente. Haciendo un somero resumen, el presidente de la Academia lidera el número de candidaturas, entre las que se encuentra su pareja como actriz revelación; a escasa distancia la vicepresidenta de la Academia resulta la segunda en número de candidaturas, entre las que se encuentra su pareja como guionista. Afortunadamente, es un guionista excepcional. En la ristra de seleccionados, el hijo de Trueba y un tal Emilio Aragón, auténtico magnate, aparecen junto a David Pinillos y Juana Macías (una mujer, curiosamente…) como nuevos cineastas, en una lista que deja fuera a Lluis Miñarro, Jose María de Orbe, y medio centenar más de debutantes o semidebutantes condenados al anonimato como sus filmes. En el apartado de animación entran, como siempre, cuatro de las cinco películas producidas este año (y juzguen si la quinta es de animación) y en el de documentales (¿por qué los documentales -o la animación- no aspiran a mejor película? ¿qué será un documental?) se quedan fuera títulos como “To shoot an elephant” por citar solo uno que es, él solo, mejor y más cine que toda la producción de ficción de este año. No hay mujeres entre los ocho guionistas propuestos. Extremeña de Sonorización introduce la película de cortometraje “Zumo de limón”, de los directores Jorge Muriel y Miguel Romero, entre los candidatos, lo cual es una muy buena noticia de cara a la promoción del cine que se rueda en localizaciones de Extremadura, como es el caso del largo “Planes para mañana”. Ser mujer cineasta y debutante en este país es una garantía de atención, salvo que seas guionista o técnica o actriz sin amante de alcurnia.
La gran familia insinúa un lipting y deja fuera a Vicente Aranda, Bigas Luna, Elías Querejeta, Jose Lus García Sánchez, ¡Fernando León!, Carlos Saura o Gerardo Herrero, con tal de no tener que volver a hablar de sus películas, y rescata a Julio Medem del desastre como concesión a ese pasado reciente tan endogámico y nepotista como el presente, y por lo demás, el inevitable futuro.

EL SIMULACRO

El próximo 22 de mayo se celebrarán elecciones a la Asamblea de Extremadura. El principal cabeza de lista por el partido de la ‘oposición’ se enfrenta a una oportunidad histórica de gobernar la Comunidad, si bien todo hace prever que no hallará más que un merecido desconsuelo. Su discurso está a la altura del de sus funambulistas antecesores, corregido y aumentado, y recuerda sospechosamente al populismo genital de Ibarra, aquella competencia. Sus votantes lo serán por inercia, la única forma de ascender y mantener el poder en este país. El eje campechanismo- Cataluña-complejo de inferioridad-tradicionalismo-clientelismo-productivismo decimonómico no promete más que una nueva derrota de la inteligencia, y nuestra propia y provinciana continuación, a nivel esquemático, de lo que Braudillard llamó la sociedad del simulacro. “El simulacro no es el que oculta la verdad. Es la verdad la que oculta que no hay verdad. El simulacro es verdadero”. El engaño tiene lugar cuando se quiere hacer pasar un simulacro por verdad; más radicalmente: cuando se dice que hay verdad, y no simulacro, apostilla el profesor Gonçal Mayos. La enrarecida convivencia es tal que personajes de este nivel optan al gobierno y a nadie extraña su plagiaria interpretación, su pobreza de recursos interpretativos en nuestro penoso simulacro.

LA OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

Rodado con elegancia y naturalidad, estructurado y montado con esa fórmula pedagógica que tanto rehúyen las televisiones, los productores y los jurados de los Festivales, el documental “Comprar, tirar, comprar, la historia secreta de la Obsolescencia Programada” es un excelente trabajo al que sólo se le puede achacar su escaso metraje, esos 52 minutos que exigen las cadenas televisivas para uniformar la producción de un género que se la refanfinfla. Dirigido por Cosima Dannoritzer (afincada en Catalunya, autora de documentales como “El que la Brossa ens Diu” (“Lo que te cuenta la basura”) o “L’Amnèsia Electrònic”, además de productora de filmes de ficción como “My brother Tom”) este programa contundente y didáctico representa un modelo de producción ideal al que muy pocos tienen acceso, como ejemplifica el hecho de que su productor Joan Ubeda trabaje para MediaPro, que la película esté avalada por la producción de la cadena francesa Arte, probablemente la más prestigiosa cadena televisiva, y que participen TVE y Televisió de Catalunya, ambas públicas. Un ejemplo de cooperación en pos de la divulgación de la obsolescencia programada -contra la que clamaba Julio Anguita en sus años de líder- y ¡el decrecimiento!, que hace posible la difusión del documental con más o menos relieve. Otros programas de su nivel, muy alto, permanecen silenciados al no contar con semejante estructura de producción y exhibición. Lo lamentable de su emisión a través de La 2 de TVE, cuyos esfuerzos por recomponer la programación avanzan en muy buen sentido, es la sempiterna falta de respeto del medio hacia los espectadores y los creadores. La imposibilidad de elegir el idioma de locución, el corte radical de los créditos del programa y la aparición continua de sobreimpresiones de autopromoción, mutilando a menudo los subtítulos, son ejemplos del desdén por una audiencia alternativa que pretende esa cadena y a la que se la toma, también, por tonta. No basta con poder: hay que querer y hay que saber. Y uno acaba lamentando haber visto una magnífica película en un medio que demuestra que le preocupa tanto su contenido como que se enfríe la cena en la casa de tu vecino.

LA MORDEDURA

“Sin embargo, ¿en qué lugar del mundo puede uno esconderse donde no se sienta sucio? Cómo librarte de la suciedad; no es una cuestión nueva. Es una vieja cuestión que te roe como una rata, que no te suelta, que te deja una herida asquerosa y repugnante. La mordedura del fuero interno.”

John Maxwell Coetzee, “Verano” (Mondadori)

LA SEGUNDA MUERTE DEL CINE COLISEUM

Ahora se cumplen siete años desde que acudí por última vez a una sala comercial de cine en la ciudad de Cáceres. Por aquel tiempo solía ir con mis tarjetas de visita, y a veces se la tendía, al terminar la proyección, a algún individuo especialmente molesto, con el ruego de que me avisara previamente si tenía la intención de acudir de nuevo al cine, para no coincidir y evitarme el disgusto de soportar sus ruidos, conversaciones y otros actos de sabotaje contra el espectáculo. Ni que decir tiene que no reaccionaban bien ante la iniciativa, en el caso de que reaccionaran. Era obvio que los tiempos habían cambiado y las nuevas formas de ocio, incluida la posibilidad de ver películas a elección del consumidor en su propia casa, en compañía, a cualquier hora y de la manera más cómoda posible, habían traído consigo un descenso de los buenos modales exigibles a la contemplación colectiva de un filme. Así pues, no volví, apenado además por el cada vez más esmirriado tamaño de las salas y las pantallas. Ahora, casi dieciocho años después del cierre del legendario Coliseum, muere también su estela, aquella que, por cierta afinidad empresarial, venían a significar los Multicines La Dehesa. Una segunda muerte que es, al tiempo, la crónica de un cierre anunciado.

Las causas son muchas, pero especialmente el agresivo monocultivo que la industria norteamericana -y la cómplice administración española, de paso- impone a las salas de cine, en particular a aquellas que, como es el caso, forman parte de esas ciudades virtuales y ajenas al clima y la morigeración llamadas centros comerciales. La programación de filmes exclusivamente ‘comerciales’ (el adjetivo no es mío, yo les llamo basura) y prácticamente idénticos en sus contenidos argumentales y estéticos, orientados a un público carente por lo general de más inquietudes que el disfrute de un ocio programado e infertil, trajo consigo el desapego de una clientela ajena completamente a la oferta de la cartelera, y también de otra, aún mayor, caracterizada por el conservadurismo de su cultivo personal, más cuando el tiempo transcurrido entre los estrenos más sonoros y su emisión televisiva se ha ido acortando hasta la práctica nulidad. Como mucho, una persona de más de cuarenta años aparecerá en un cine a consecuencia del azar o de la exigencia puntual de un acontecimiento. Así, el aumento del precio de la localidad (y los consumibles, fuente real de los ingresos de las empresas exhibidoras) repercute por lo general en una audiencia juvenil, o casi, con cada vez más reducido poder adquisitivo, poco fiel a sus gustos y tendencias, y decidida a ahorrar en situaciones de crisis, más si tiene la posibilidad de descargarse filmes de forma gratuita o intercambiarlos con terceros. Y el halo romántico de las salas desapareció hace tiempo: ahora se manosea uno en cualquier lado y la oscuridad está demasiado presente o es, acaso, lo que espera en el futuro, como para que se la eche de menos.

La muerte acaece además cuando se demuestra poca imaginación: durante años han faltado iniciativas creativas, demasiado condicionando el local por su ubicación en la caverna comercial. Sin sesiones matutinas o de madrugada, sin ciclos, ni promociones, ni presentaciones, de espaldas al aspecto artístico del negocio y al elemento cultivado de la ciudad (que no coincide precisamente con el ‘culturalmente activo’), la forma de ‘echar’ cine ha sido la característica de las instituciones, pero desde el marco privado: una presencia sin más, despreocupada y fiada al viento a favor derivado de… su propia existencia. Sin previsión y en monocultivo, la catástrofe se avecinaba sin remedio.

La ciudad, nunca demasiado despierta en cuanto a la exigencia de buen cine, pero teórica de él hasta el aburrimiento, pierde empleo con este cierre, pero escasa cosa más. Ese auténtico cine hace años que no aparece, ni tiene más vigor social el séptimo arte que el que pretende obsequiar la orgía manirrota y casposa de esa invención llamada Festival Solidario que ni es una cosa ni es otra, sino provinciana coartada de impotencia creativa, que no presupuestaria. La testimonial Filmoteca no reúne mejores condiciones de proyección que muchos domicilios, no abre ni un tercio de los días del año y es el pequeño tren eléctrico de sus responsables, que utilizan la institución pública como un marco para sus gustos escaparatistas, y como un catálogo para sus contactos institucionales y privados. Su primera exigencia fue intentar monopolizar a la audiencia potencial agrediendo el trabajo del cine club de la Obra Social de Caja Extremadura, hasta convertirlo en residual, de manera que sus cifras justifiquen la inversión en un espacio que podría ofrecer de forma módica aquella Obra Social, y así lo hacía. Hasta la fecha, las lagunas en su programación convierten precisamente en residuales sus aciertos, lo cual es natural, dado que el cine digamos alternativo o invisible -en particular el español, curiosamente- no ha encontrado nunca hueco en su sala plana, supongo que por si acaso. De los ciclos organizados por otra entidad bancaria en una no menos histórica sala como Capitol, mejor correr un tupidísimo velo que no nos impida recordar los que ahí mismo programaba el recientemente fallecido Sergio Bejarano en los ochenta. Con la muerte de Sergio moría para siempre vez el cine Astoria, incluso en el recuerdo, al menos para un servidor. Ésta sí que fue, y es la de Sergio, una pérdida que hay que llorar. Con personas como él el cine latía de contento, y en locales amplios como aquellos se definían mejor los rasgos de la comedia o el drama. Ahora apenas late aquel corazón y si lo hace es a cambio de un triste puñado de calderilla que muchos ya ni siquiera consentimos en arrojar.

AMISTADES

Repaso en el retrete el extra de “El País Semanal” del 26 de diciembre -consecuencia su presencia, y lo digo en mi descargo, de la búsqueda de un damero maldito-, dedicado a los 100 personajes del año 2010, que se convierten en 199, dado que los firmantes de los artículos (Ferrán Adriá aparece como firma y como protagonista) vienen a ser considerados, ya en la portada, como tales, o muy semejantes. Así, reza el titular ‘Los 100 hombres y mujeres iberoamericanos que han marcado el año”, retratados por grandes firmas (sic) como J.L Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy , Lula da Silva, José Ramón de la Morena, Maribel Verdú… etc, así hasta llegar a ¡Carlos Moyà! Recuerdo entristecido los comentarios de un buen amigo, que fuera profesor de este individuo, y cómo habrían de resonar en su cabeza de hombre culto la atribución al ‘portentoso’ ex-tenista de tal grandeza literaria.

El contenido es una apología de la estulticia, el nepotismo, la simpleza y la superficialidad, como ingredientes obvios de ese símbolo de la postrimería de la cultura que representa esta revista como pocas. Rescato afirmaciones, como la del ya citado cocinero -o lo que sea-, que ponen el alma social en vilo –“Cuando mucha gente considera que las marcas de lujo están hechas para el disfrute de unos pocos, no denotan más que miopía”, opina-; o ‘méritos’ indudables entre los personajes (“ha ejercido como una embajadora muy especial de España en China”,”encabezaron la huelga general del 29 de septiembre”,”se ha convertido en consejera delegada del Santander en Londres”, “ganó el premio al mejor corto fantástico en el Fest Austin, en Tejas”,”puso flamenco al protagonista del taquillazo ‘Toy Story 3′”)…Un tal Stuart Vevers, director creativo de Loewe, despacha frases como “un amigo me había advertido que no había nada que temer: Ale es enrollada” (en concreto, se refiere a una modelo brasileña que “ha disfrutado –con él– de buenas noches”). Y Eduardo Chapero Jackson (realizador mítico ya desde su nacimiento) titula su artículo laudatorio sobre Rodrigo Cortés con la frase, a todas luces consecuente, “A la altura de Hitchcock”. Otros firmantes son iconos de la contracultura como Esperanza Aguirre, Boris Izaguirre, David Bisbal, Patxi López, Manuel Marín o la ministra Sinde. Finalmente, sorprendo entre ellos un nombre, el único, al que conozco personalmente, prácticamente de un par de meses atrás. Qué desilusión. Me parece absolutamente lamentable que se publiquen este tipo de panegíricos a modo de inventario de una sociedad civil de la que, de cundir el ejemplo que ofrecen la mayoría de los reconocidos y sus apóstoles, nada quedaría más que ruinas. Pero que tenga yo un conocido entre ellos es argumento suficiente para perder las amistades. Sea, pues. Por cierto, que mal arde el papel couché.

LA CARRETERA

Este año hemos decidido entregar el mismo regalo a todo aquel que, por ahora, ha podido ser obsequiado por nosotros, que vivimos casi desterrados. No era para menos la elección, dada la impresión causada por su lectura. Se trata de “La carretera”, el libro de Cormac McCarthy. El presupuesto no daba más que para ejemplares en rústica y bolsillo, con su horrenda portada. Nada que ver con la edición de Mondadori de diseño sobrio en negro que nos prestara para su lectura (el intrigante, infalible) Rafa Mellado. Pero el contenido merece cualquier pena. No digamos ya el de “Meridiano de sangre”, lo más estremecedor que uno jamás haya leído, incluyendo al Marqués, a la Jelinek o al Coetzee de “Desgracia”. Aún nos quedan, así que…

EL HONOR PERDIDO DE KATHARINA BLUM

Lo que me provocan las librería de viejo (para el caso “Follas Vellas”, en Santiago) es ese pudor de encontrar la firma (o el ex-libris) de otro en las páginas de un libro. Curiosamente, en mi último asalto no hallé libro marcado entre los adquiridos. Pero sí joyas como una edición del Círculo de Lectores, a muy buen precio y con una traducción probablemente excelente, de “El honor perdido de Katharina Blum”, novela-informe (muy al estilo Sciascia) del gran Heinrich Böll. El típico relato que, de haber sido leído con anterioridad a decidir los estudios universitarios, me hubiera abierto los ojos y ahorrado, consecuentemente, abundantes disgustos. Obra exquisita, mordaz, verista en su surrealismo (en esto recuerda a Dürrenmatt), extraordinariamente actual y referente de la literatura sobre periodismo, ética y sociedad de consumo, es una de aquellas que le conducen a uno a sellar su quiniela con la esperanza de obtener recursos para adaptarla al cine, como hicieron en su día, con guión del propio Böll, Volker Schlöndorff y Margarethe von Trotta, dos pesos pesados del cine ‘comprometido’ de los setenta. Esa quiniela no tocará nunca, pero soñar es gratis.

CERVEZA DE INVIERNO

Como el alcohol, curiosamente, aún no afecta a la salud, ni a la propia ni a la ajena, los bebedores de cerveza seguimos en nuestros trece, en la impunidad de sabernos lejos de los delatores. Desde Solingen aparece en el buzón de correos el regalo más esperado del año, enviado por nuestro gran y desprendido amigo, el profesor de español Henning Krug. Se trata en esta ocasión de una Altenmuenster Winterbier escasamente alcohólica pero de color y sabor terrosos, en el sentido de campestre y frutal, ni demasiado amarga ni demasiado ácida, ni demasiado seca ni demasiado fresca. Excelente como aperitivo para el nuevo año. No digamos ya el chocolate y el té que acompañaban el envío…

CAZANDO BRUJAS

La cruzada en contra de los fumadores es una de las mayores y más vergonzantes cortinas de humo emprendidas ante el derrumbe del estado del bienestar y la imposición del miedo como su nefando garante. Con las emisiones de CO2 disparadas, la automoción matando gente a espuertas, la naturaleza afectada hasta el terror, la alimentación degenerada por las toxinas, los transgénicos y el consumismo, con la violencia física y moral desatadas y el clima mirando a Pamplona, el insoportable brindis al sol de esta caza de brujas llega a su paroxismo con la impunidad de las denuncias entre ciudadanos al legitimar la denuncia anónima , esto es, la delación, redescubierta como un síntoma de ‘salud’ social y convivencia. No es factible denunciar un comportamiento incívico sin identificarte, ni hacer lo propio ante el descubrimiento de una falta o delito. Sí lo es contra los fumadores (antes fueron otros, no hace falta citar a Bretch), los nuevos paganos de una de las sociedades más miserables, materialistas, insanas e hipócritas que puedan haberse conocido. Es impresionante ver cómo se construye el camino hasta el fin absoluto de la libertad. Otros ya lo vieron y están criando malvas. Vivir mata, desde luego. Pero no me cabe duda de cómo es mejor morir.