Mes: enero 2011

CAFÉ CON LECHE

Es desesperante. A primera hora de la mañana, una agencia pública: la persona con la que debo hablar ha salido a tomar un café. A media mañana, una empresa privada: ha salido a tomar un café la persona con la que tengo que hablar. Vuelvo a intentarlo con los primeros: están con el cafetito. Pruebo con un tercero: han salido a desayunar. Finalmente, los primeros ni siquiera cogen el teléfono. ¿Alguien quiere hablar con alguien en este país?

NARIZ ROJA

Alex de la Iglesia -cuya primera película produjo Pedro Almodóvar y la última Gerardo Herrero, lo cual resulta una evidencia en su contra como temporero- ha pretendido ingenua y limpiamente abrir una brecha en el monolito de la ‘gran familia’, la mafia cultural, seducido, al parecer, por la retórica y los argumentos de la ‘gente’. De sus clientes, al fin y al cabo, puestos a revisar su cine. Resulta algo natural. Y ha podido comprobar de primera mano cómo se las gastan Sinde, Bollaín, el propio Herrero y buena parte de sus compañeros de viaje. Me sorprendería que le sorprendiera la reacción: su carrera está en juego, al menos en este país, si conoce mínimamente los entresijos, y no dudo que los conoce a fondo. Un tonto útil que no lo era tanto, y se ha pasado de la raya. Se le han dado caprichos como “Muertos de risa” o “Plutón BRB”, se pasó por alto su osadía al producirse “800 balas” y estrellarse con ella, volvió al redil del ‘come y calla’ con “Crimen ferpecto” y “Los crímenes de Oxford” y se echó mano al talonario para premiar “Balada triste de trompeta”, recuperado como estaba ya para la causa mediante la oportuna simbiosis entre su presidencia política y su carrera. Ahora, su productor en estas dos últimas películas dice que “ha perdido la cabeza” por sentarse a dialogar, y su vicepresidenta en la Academia (un club maníaco y selecto de setecientos privilegiados) le ofende en público, argumentando que un ciudadano no puede participar en un debate público sobre una ley, y mucho menos cuestionar su redacción, aunque afecte a su oficio. Por un asunto de representación institucional. ¡Ah! Para eso, opinará Bollaín, votamos cada cuatro años. Para eso y para que ella pueda hacer sus películas de artista concienciada. Prietas las filas o te ponemos la nariz roja. Eso es conciencia. Y mientras tanto, Erice sigue sin dirigir…

EL RECADO

Lo que va del ayer al hoy. El recado de Iberdrola (un secreto a voces, por cierto) a la puesta en escena de Avante ( y a la patética pluma de sus quintacolumnistas) no puede ser más claro. Y eso que su propio periódico en la región ni siquiera publica la noticia (*). Torres más altas han caído. Y están por caer.

(*) Lo hizo horas más tarde…

ORO

Han desaparecido los video-clubes, lo han hecho también los ciber, cayeron aún más espectacularmente las agencias inmobiliarias y reaparecen las tiendas de empeño y de compra de oro, con sus peristas de película de posguerra detrás de mostradores de segunda mano. No disimulan su fealdad los grandes cartelones en las fachadas, sobre el pecho y la espalda de los hombres-anuncio, ni tampoco sus mínimos folletos, ni las pegatinas en las farolas: al oro no le hace falta diseño gráfico, el que venga a vender ya sabe lo que vale un peine. Una expresión ésta que procede de tiempos de la tortura inquisitorial. Un tiempo que parece olvidado, donde el oro reinaba, procesaba y dividía. Extraño mundo aquel diremos, pero extraño mundo éste, donde individuos que no merecen más que la cárcel no sólo gozan de libertad, sino que negocian, dictan y fabrican leyes. Es el precio por el oro que ya nos hemos gastado, sin haberlo tenido nunca.

CIUDAD DE VIDA Y MUERTE

Es demasiado habitual que una película resulte insoportable. Pero no por los motivos que “Ciudad de vida o muerte” (“Nanjing, Nanjing”, China, 2009) es un filme insoportable. En el caso de esta obra maestra de Lu Chuan se trata de angustia verdadera, de un nudo en la garganta por el cual se hace, se debe hacer, el silencio absoluto. Sereno en la exposición de la colección de atrocidades que cometió el ejército japonés en el invierno del 37 en la ciudad china de Nanking, el cineasta trabaja su material como el artesano que crea su cesta de mimbre, y no le duele retorcer el vegetal cuando ha de hacer el duro asa. Así, desploma su drama contra nuestras cabezas con la crudeza del matarife. Tomando mínimos ejemplos de vida en aquel infierno de 300.000 muertos en dos meses, individualizando la humanidad a través de personajes como un soldado japonés absolutamente perplejo por sus crimenes propios y ajenos, y por la exhuberancia del mal que le rodea, o como un niño superviviente nato -de tal manera que no sorprende que la persona real haya llegado viva a la actualidad-, o como el secretario chino que acepta matar y ser muerto por amor a su familia, “Ciudad de vida o muerte” es una película que pone en cuestión, literalmente, el por qué se producen las demás películas, tal es su importancia como crónica de un pasado que nos rodea, ajeno a la piedad, apenas larvado en su gigante inhumanidad. Contemplar la reconstrucción de la abyección a la que puede llegar el ser humano en perjuicio de sí mismo y de sus semejantes puede no ser plato de gusto para nuestros paladares acostumbrados a la farsa y la superficialidad, pero no por ello, y ahí reside la advertencia, dejaremos de ser igual de brutales en cuanto llegue la oportunidad. Porque las referencias fílmicas de Lu Chuan (que filma literalmente la esperanza en su plano final) a títulos lejanos y contemporáneos de origen ruso, japonés, norteamericano, alemán, británico, italiano o francés, a través de su poderoso blanco y negro, su música que tributa al cine clásico, sus secuencias de subrayado sentimental, su cámara al hombro o su humanista poética de la brutalidad, nos remiten, al fin y al cabo, a tantas otras enormes tragedias del siglo XX acaecidas en tantos otros territorios con tanta o más irracionalidad (de Mathausen a Hiroshima, por citar solo grandes titulares) y que deben ser contadas en honor a sus víctimas, como honra a las suyas el primer título de esta película a la vez que sin par, idéntica a todas las demás. Como esa misma humanidad que destruye mucho más de lo que crea.

HABLANDO SOLO

…Y ahora presentan en sociedad un remake de empresa pública de inversiones y “capital riesgo” que se compromete a apoyar el proyecto de Refinería Balboa, que, según los estimaciones más optimistas, obligaría a esta misma empresa – que, en cualquier caso, echa balones fuera en cuanto a decisiones y cifras- a no dedicar un solo euro más de su capital a ningún otro proyecto, al consumir de forma drástica su presupuesto; al tiempo, el abominable consejero extremeño del gremio dice que “algo no se está haciendo bien” en cuanto a las leyes y las directivas europeas, presuntamente garantistas, porque, a su juicio, “un promotor industrial tiene derecho a exigir más agilidad a las administraciones”. Se refiere también al caso de la refinería, en un asombroso ejercicio de autocrítica, inédito en estos pagos. Al fin y al cabo, lo público es de todos, y lo privado, de ellos. Y siempre ha habido clases. Y declara eso, cuando ha sido el promotor el que no ha diligenciado adecuadamente la redacción y entrega de la documentación, según han expresado públicamente desde secretarios de Estado hasta ministras, pasando por gobiernos extranjeros, todos fuera de cualquier sospecha de oposición al fomento industrial…

…Estoy de nuevo hablando solo, absolutamente estupefacto ante el temple de nuestros gobernantes ante la mentira. ¿Cuanto tiempo más vamos a estar agonizando? Los últimos treinta años han convertido a la sociedad extremeña en hedonista, superficial e inculta, inactiva, piadosa y vacua, desamparada ante el olvido de nuestro pasado y el culto descarado a la falsedad y la especulación. Lástima. Así es imposible aspirar a la fraternidad. Están haciendo de nosotros muy malas personas.