Mes: febrero 2006

EL HEROE LOCAL

En “Las vigilias de Bonaventura”, del escritor alemán (del siglo XIX) August Klingemann, su protagonista, un vigilante o sereno nocturno de la época ironiza continuamente sobre la condición humana. Durante una de sus aventuras crepusculares se topa con un joven con un don prodigioso y terrible: es capaz de ver el estado de los difuntos inhumados, y puede así ir narrando y comparando sus diversos estados de putrefacción. Si arrodillado ante la antigua tumba de una mujer muerta durante el parto contempla atónito la virginal imagen de madre e hijo intactos, llegado a un sepulcro reciente que comparten un político y un constructor no puede menos que dar fe ante el hecho concluyente de que ambos, recién enterrados, hayan perdido ya su integridad.

Sirva este prólogo un tanto siniestro y revelador de la negrura y puntería del humor romántico para advertir de que nada parece haber cambiado a lo largo de los últimos siglos en cuanto al concepto que a las aves más perspicaces de la sociedad humana le merecen ciertas clases, aparentemente benefactoras de la colectividad y el Estado. Últimamente además, y para reforzar impresiones tan violentas sobre quienes desde la política o las finanzas gobiernan nuestros lares, se ha impuesto la estrategia de la mentira con desfachatez –y la defensa a ultranza de ella- como prólogo indefectible de la actuación despótica y, más a menudo que nunca, también ilegal. Recordemos, elevado a rango universal, las armas de destrucción masiva en Irak o, en el apartado doméstico, la frase “El puente de San Francisco no desaparecerá” de un alcalde enfrentado hoy a la mutilación y adorno más infames que pueda soportar un histórico viaducto. Alrededor de esta controvertida actuación de las instituciones públicas locales y regionales en el entorno de la Ribera del Marco, la paciente –un adjetivo muy sutil, yo me inclinaría más por infantil- reacción de la ciudadanía no debería servir de salvoconducto para los responsables del desaguisado, capaces de abrir al tráfico a bombo y platillo la desembocadura de la calle Miralrío con San Roque… en peores condiciones que las previas a la intervención. Y sin ahorrar justificaciones, entre las cuales aparecían perlas de la desfachatez comentada, si bien no las explicaciones más obvias: que la intervención se ha llevado a cabo sin contar con los ingredientes necesarios para su buen fin. Y ello porque emprendieron las obras sin tener a disposición pública todos los inmuebles que, según el proyecto, se precisaban para terminar a la faena, entre ellos las casas que hoy permanecen en pie siendo mudos testigos de diarios accidentes y enfrentamientos. Ahora nos encontramos con una situación esperpéntica con un epílogo muy previsible: un, a buen seguro, coste mayor para las arcas públicas, un desafío a la paciencia del ciudadano cacereño (¿indiferente por naturaleza?) y un reto intelectual y jurídico a los adultos con meninges (haberlos,haylos).
Mientras con el resto de las viviendas se ha operado con éxito -en beneficio de ciertas cabezas pensantes y que pudieran disponer de información “avant la garde”, como se informó en su día- con los inmuebles restantes que aguardan la piqueta y siguen enteros se ha actuado de forma insostenible: a fecha de hoy se criminaliza a sus habitantes, legítimos propietarios, que defienden sus intereses con los recursos del estado de Derecho, frente a la actuación altanera de una administración que ha actuado de forma precipitada, como mínimo, y procurándoles todo tipo de molestias en el camino. Conste que cualquier día este cruce de caminos que se achica con el tiempo va a convertirse en pieza de escándalo, porque no se puede aislar a personas -y ancianas- frente a una corriente de vehículos y conductores estresados, sin presencia policial constante y sin semáforos de prioridad, y, por lo demás, sugerir que la responsabilidad es de quien se resiste a su perjuicio frente a una administración sin más argumentos que sus erráticas prioridades políticas y económicas. Testigo ya quien esto suscribe de más de un encontronazo verbal entre la familia de resistentes y los usuarios de la calle, debería caer sobre los cargos públicos responsables de esta insensata situación la repulsa social, en lugar de quien la suscita, que no es otro que el débil. Pero ahora lo que se lleva es el tiro al pobre, al disidente, y si es un asocial, pues con más razón.
Quien sería en otro contexto el héroe local que se reafirma sobre sus principios, su pequeña patria, su enferma dignidad y su suelo de maceta es hoy la inconfundible diana propuesta por todo un ayuntamiento para atraer las iras de los conductores y transeúntes de la Ribera del Marco. ¡Qué pensará la Virgen de la Montaña de unos insólitos ciudadanos que carecen de memoria histórica, de calma y de sensibilidad, y que son marionetas en las manos de sus administradores públicos, al fin y a la postre sus empleados!. Quizás que no solo éstos son responsables de que todo desaparezca en esta enfermiza ciudad, salvo el fervor a ella misma. También lo sean los lectores de esto, siempre a salvo porque nadie culpa al cliente desde los medios de comunicación, y por supuesto, su patético (y blasfemo) autor. Quien, por cierto, tiene los mismos defectos que atribuye a sus conciudadanos y muchos más, entre ellos la soberbia de dar por sentado que la consabida réplica en los papeles del concejal de turno a este escrito le puede servir, como mucho, para envolver el bocadillo, aunque tenga en mente otras posibilidades, más relacionadas con el hecho de estar, si se me permite la tosca rima, precisamente sentado.

LA PIZARRA Y LA LUNA PALIDA DE DESPUES DE LA LLUVIA


En el mejor local de la ciudad para ver películas (la casa de Geles y Luis al pie de las zanjas de Caleros) las novedades de la semana han sido “La pizarra” (Takhté siah) de Samira Makhmalbaf (2000) y “Cuentos de la luna pálida de despúes de la lluvia” -así se llama la versión en DVD del clásico- (Ugetsu monogatari, de Kenji Mizoguchi,1953). No es difícil salir impresionado por dos colosos aparentemente tan lejanos uno del otro.Me sorprende la minuciosa puesta en escena de la película japonesa, contemporánea de “Vivir” o “Cuentos de Tokio” -el olimpo- , y su ausencia de renuncias. Es un cine tan libre como el de la joven iraní. Adjetivos gastados,películas hermosas. Me quedo, en “Cuentos de…” , con los planos del protagonista gritando su alegría por hallar su paraíso carnal en brazos de… un fantasma. Y con la delicadeza que sugieren todos los procesos, incluida la cocción de la cerámica. O el humor de la secuencia en la que el bandido no va a la cárcel gracias a que “ha sido incendiada durante la guerra”.
De “La pizarra”, con los diálogos de la mujer casi siempre muda y la búsqueda incesante del encuadre más discreto. Ambas películas tienen algo en común, aparte de su belleza:el respeto por los enseres, por los juegos, por lo aparentemente mínimo…Y la guerra, claro,incapaz de asolarlo todo

ACTIVANDO LA DISIDENCIA

Dice un verso de “La corporación” (idéntico título de la canción de Bloomington al del magnífico documental de Mark Achbar y Jennifer Abbot) “La indiferencia marcha oculta en el silencio.Palabras en tu funeral para engañar al que murió. Llantos fingidos y una flor que pagará el dinero”. Guitarra, bajo,batería y contundencia sin estribillos. Dos días después de escucharlo por primera vez (gracias a Juantxu Tato y compañeros por el obsequio de este tercer albúm ) recibimos el impacto lejano de la justicia: el minero enfermo y pobre, y la productora disidente (o que más quisiéramos) condenados a pagar al multimillonario de La Moraleja por ofender la memoria de la infamia: cuando dos derechos chocan, triunfa el silencio. Desde la tumba surgen brazos que asustan…

Cosas del azar, aunque no podemos quejarnos. Jamás bajamos a la mina, ni nadie nos apuntò con un arma. Si acaso con un olvido,pero el nuestro es indoloro

LAS VIGILIAS DE BONAVENTURA


A día de hoy duermo junto a dos insomnes. Ambos son poetas y los dos comparten tantas semejanzas que no puede uno menos que creer en las transmigración de las almas. En estas fechas,ella y yo, la insomne y seis entusiastas grumetes más comenzamos una nueva singladura, como vigilantes diurnos de un animal invisible. A la espera de una mudanza definitiva, Bonaventura me cuenta a los ojos lo que siempre quise escuchar

Y en sueños, alguien sigue queriendome matar, y soy infiel. Los sueños no son muy de fiar