Mes: abril 2012

CULTIVÁNDOME

Con la que está cayendo, hay que refugiarse en el cultivo…de la buena salud, la cultura y las hortalizas. Y eso los que tenemos trabajo, claro, porque el trabajo ya no es solo ‘el padre del placer’ (Stendhal dixit..) sino un ave rara y amenazada… Como no estoy especialmente dotado para el zacho, me ‘cultivo’ a secas. Por ejemplo, con los dos obsequios del incansable activo y activista Miguel Manzanera, su ensayo “El periplo de la razón” y su nueva novela “El silencio encantado”, que ya conocí como manuscrito. Me distraigo con las aventuras sexo-intelectuales de Arturo Belano y Ulises Lima noveladas por Bolaño en la, ejem… laberíntica “Los detectives salvajes” (en una -descuidada- vigésima edición en Anagrama), y con la novela gráfica de Chester Brown “Pagando por ello” (a su vez regalo de aniversario de uno de mis generosos y complicados cómplices, el señor Mellado), una instructiva pieza de ficción-documental sobre su experiencia como cliente de sexo de pago (anda que el autor tiene que estar contento con la palabra ‘putero’ en el subtítulo de la versión española…) cuya autenticidad es innegable, como reveladoras e interesantes sus abundantes notas explicativas (o justificativas). De ellas se deduce el comentario anterior: Brown es un autor muy riguroso. Y con una memoria excepcional.
De cine, vimos ‘Vampyr’ (Carl Theodor Dreyer, 1932), un filme en la frontera misma entre el mudo y el sonoro, pequeño catálogo de mitos literarios y visuales sobre el género, resuelto también entre límites: los de la increíble capacidad de abstracción argumental (lindando con la ingenuidad) de unos artistas que venían de la Primera Guerra y se encaminaban al III Reich, capaces al tiempo de resolver estéticamente con abundantes rasgos de genialidad. La película contiene al menos tres secuencias de una maestría excepcional: su prólogo, creador de una atmósfera inquietante, deudor como su final de los hallazgos previos de Murnau; la embriagadora escena con las acechantes y libertinas sombras chinescas de los ‘no vivos’ y, extraigo de lo escrito por Joaquín Vallet “la secuencia del entierro de Allan, mostrada desde la perspectiva del difunto, significa un turbador encuentro con el universo onírico que Dreyer andaba buscando desde los tiempos de ‘Páginas del libro de Satán’ y, a la par, uno de los momentos más impresionantes que ha ofrecido el cine, cuya importancia en el género fantástico es, de todo punto, absoluta.” ‘Vampyr’, como otros clásicos, sería vilmente saqueada (el verbo lo emplea también Vallet, harto de razón) por cuanto cineasta ‘moderno’ ha hecho con posterioridad alguna película de vampiros. Que merezca ser recordada, claro.

¿SÍ O NO?

No puedo sustraerme a publicar el texto de Octavio Fraga Guerra en ‘Cine Reverso’, titulado ‘Cine documental, ¿Si o no?’ Un placer su lectura y la amistad de su autor. Hasta la victoria, siempre.


“El pueblo extremeño ha logrado una clara victoria. La declaración del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, donde se certifica que la Refinería Balboa es medioambientalmente inviable. Este pronunciamiento es consecuencia de la inteligencia y el empeño de los pobladores de esta región española, en particular de la Comarca de Tierra de Barros.

La noticia estimula a reflexionar sobre un asunto que -a mi criterio- está vigente. Es un tema medular en plena era donde la globalidad de los medios de comunicación han “minimizado” las distancias entre todos. Me refiero a la responsabilidad de los hacedores del arte y la cultura como impulsores y promotores de ideas en torno a los problemas que afectan a la humanidad. Sus “saberes” son claves en este flujo de “verdades” que persisten “como islas”, cuando deberían estar perfectamente imbricadas.

No voy a caer en la trampa de afirmar que un libro, una obra de arte, un tema musical u otra expresión artística –por si solos-, resuelven los problemas del mundo. Resulta una obviedad, un asunto superado. En la determinación y cauce de un problema deben participar y tomar partido las instituciones, los medios de comunicación y la sociedad en pleno. Todas deben apuntar a materializar y consensuar sobre los derroteros del futuro. Para que nuestro camino –el de todos-, sea un trazo de “escalones secos”. Un mar de preguntas con respuestas. Un surco de voluntades y reencuentros.

Soy de los convencidos que al arte y a la cultura, les toca -por derecho propio- el rol de reinterpretar la sociedad, la historia y el pensamiento sin olvidar un “mandato dado”, el de entretener. Los que nos sentimos parte de esa utopía nos asiste el deber de construir ese “otro mundo”. Un mundo donde las metáforas, las estéticas, las historias y los empeños se junten, tomando como punto de partida la realidad.

Ese otro mundo lo dibujo como un escenario donde el dialogo y la reflexión, han de ser las “armas” de estos tiempos. Un mundo donde la equidad sea la base de todas las relaciones. Un mundo donde el hombre y la mujer sean el centro y el eje de todas nuestras voluntades. Un mundo donde la naturaleza sea nuestra casa y no el basurero o el “escaparate” del que podemos tomar lo que nos plazca. Un espacio vital -local y universal-, donde “el uno no quiera imponer su voluntad sobre el otro”.

Esta metáfora no responde a una reflexión filosófica, ni aspira a descifrar los “interminables” problemas que afectan a nuestro herido planeta. Si no nos ponemos al servicio de todos con nuestra sensibilidad y nuestro talento, los desastres serán mayores.

No hago escritura del alarmismo. Tan solo me limito a tener en cuenta la historia de la humanidad de las dos últimas décadas, donde impera “la ley de la guerra”. Los principios más elementales de respeto y convivencia están en franco desplome. La impunidad de la violencia de Estado como “formula” para “resolver los conflictos” que azotan a la contemporaneidad es el sello de esta verdad.

Por supuesto que la visión de cada persona en torno a “su realidad”, está “perfilada” desde las herencias familiares, religiosas, culturales y políticas que han “evolucionando” con el paso de la historia.

Esta construcción de “visiones y reciclados”, son el resultado de un complejo proceso que transita en permanente flujo de movimiento. Somos seres que vamos adsorbiendo de nuestro entorno periférico y remoto. Son vivencias o puntos de vistas que parten de la lectura como fuente principal del conocimiento. En este inventario no podemos olvidar la tradición oral.

Nos pasamos buena parte de nuestra vida leyendo. Me refiero no solo a la lectura de un libro o publicación periódica. De una película o de una obra de arte. Somos lectores -muchas veces- inconscientes de nuestro entorno. El acto de viajar constituye un claro ejemplo de lectura sociológica. Los encuentros formales o atemporales en grupos o entre dos, son también esa otra forma de “leer” donde “aprendemos del otro”.

Sobre el inconsciente cabe recordar el vasto arsenal teórico de lo subliminal en el mensaje. Este tema ha sido ampliamente estudiado como para tomarlo en cuenta. Es ese otro rol –no siempre positivo-, que juegan los “canales de comunicación” que pretenden “conducir” el comportamiento humano.

¿Dónde queda el Cine Documental en este complejo engranaje de ideas? ¿Qué lugar se le atribuye en medio de tanta “parcela cultural e informativa?

Vale recordar algunas reflexiones sobre este tema, escritas por un clásico de la teoría cinematográfica. “Los documentales toman forma en torno a una lógica informativa. La economía de esta lógica requiere una representación, razonamiento o argumento acerca del mundo histórico”.

Bill Nichols, desenfunda esta idea que se justifica e interpreta desde la relación natural que tiene –y que nadie pone en dudas-, con la realidad que es su permanente fuente de contenidos. Para constituirse en un género que valoriza y jerarquiza el “sabor del conocimiento”.

Estamos ante un documento –el cine documental-, que supera toda amenaza de caducidad. Su auténtica construcción la desvía de transitar por la vacilación sobre la realidad inmediata. El cine documental tiene la capacidad de interpretar “su presente” y darlo como obra de arte para el futuro. También nos “dibuja” el pasado, por esa virtud que tiene el arte de llevarnos hacia otras latitudes y períodos remotos.

Nichols dejó en su libro: La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos sobre el documental, dos citas de obligada referencia que resumen la esencia de este artículo: “El estatus del cine documental como prueba del mundo legitima su utilización como fuente de conocimiento”. Esta reflexión escrita con certera exactitud, se contrapone a la realidad social y comunicacional que vive el género.

No me basta con que me digan que hay una veintena, treintena e incluso “infinita” cantidad de festivales dedicados a su difusión. No es suficiente cuando me apuntan que se editan no sé cuantas publicaciones que abordan –totalmente o en alguna sección-, el “cine verdad”. No me convence el hecho de que publiquen libros sobre corrientes estéticas o biografías de estos importantes gestores de opinión. No es suficiente cuando me demuestran que hay varias salas –en tiempos de crisis-, especializadas en este “Modus Cinematográfico”. La “Plaza Natural” del Cine Documental es la Televisión.

Si tomo como referencia el filme, Mientras el aire es nuestro, del realizador español José Camello Manzano, la respuesta sería: “Ausencia casi total en la pantalla de millones”. No reniego de la magia de la sala de cine. Defiendo su existencia como espacio para el disfrute con toda la atmosfera que esta tiene.

Permítanme tomar un fragmento de la reseña que hice sobre este filme presentado en nuestro programa La cámara lúcida de Tele K.

“En esta pieza cinematográfica por su naturaleza de denuncia, el rasgo emotivo del director se expresa claramente en el discurso paralelo entre la voz en off del narrador y -por resultante-, diálogo en matriz de monólogo. Se juzga y se comenta. Se juzga a las empresas implicadas en esta absurda intencionalidad que se vende como sentido de prosperidad y se comenta desde la aportación de datos, estadísticas, experiencias anteriores sobre similares acciones que buscan reforzar los planteamientos de mayor peso. El realizador da la palabra, pero también la toma”.

Cabe apuntar algo fundamental en la idea que les quiero trasmitir. El filme, Mientras el aire es nuestro, demuestra sin tanta parafernalia cinematográfica los desastres que podría haber causado esta refinería si se hubiera “sembrado” en tierra extremeña. La obra desvela antecedentes de patologías relacionadas con la emulsión de gases contaminantes presentes en otras comunidades de Estado Español. Por otra parte, puntualiza la falta de voluntad de los políticos de la región al no tener en cuenta los criterios del pueblo. Lo que impera es la “voluntad” del dinero.

Nichols en este mismo texto, apunta otra tesis bien relevante. “El documental, como otros discursos de lo real, conserva una responsabilidad residual de describir e interpretar el mundo de la experiencia colectiva, una responsabilidad que en modo alguno es una cuestión menor”

¿Qué hubiera pasado si Mientras el aire es nuestro o filmes de similar enfoque temático y punto de vista se hubiera presentado en las pantallas televisivas de Estado Español?

Vale la pena descifrar algunas claves en torno a varios pronósticos. En primer lugar las conciencias medioambientales se hubieran multiplicado por cientos de miles. En segundo lugar –y esta derivada de la primera-, sería una eficaz herramienta de educación en torno a los peligros reales que sufre nuestro planeta. Cada ciudadano tomaría conciencia de su responsabilidad ante los peligros por la NO VOLUNTAD de las administraciones, que deben tomar decisiones urgentes y responsables sobre este inaplazable asunto.

Su difusión en todas las televisoras de las provincias españolas, habría contribuido a que un mayor número de habitantes entendería los problemas a los que nos enfrentamos y sus posibles soluciones. Hago esta acotación pues este filme, no solo denuncia lo aberrante de este engendro truncado. Aporta soluciones e ideas coherentes en relación con nuestra naturaleza.

El cine documental vive en un terreno de fragmentaciones. Sus espacios de maniobras para la promoción, distribución y comercialización están en una permanente carrera de obstáculos. El espectador-público es su principal razón de ser.

Este filme tiene todos los ingredientes que se le podría pedir al género, para llegar de manera acelerada y certera a un amplio espectro sociológico de “lectores”. Ante un “diagnóstico de peligro”, los políticos y burócratas “filtran esa cosa” que podría resultar incómoda. ¿Incomoda para quién? Dejo esta interrogante para otro texto que publicaré en próximas ediciones.”

EL BALÓN DE SERGIO

Realmente, aunque algunos se engañen, el Madrid no podrá ganar la Copa de Europa mientras Mourinho sea su mandamás. En el mundo pasan muchas cosas desagradables, pero es difícil que el fútbol conceda injusticias tan a menudo, y ya sucedió (con el Inter de Milán hace unos años) en esta competición. El Madrid ha ganado sus Copas de Europa con Jose Villalonga, Luis Carniglia, Miguel Muñoz, Jupp Heynckes y Vicente del Bosque. Basta conocer, leer o preguntar por las biografías de estos técnicos para tener la certeza de que el balón de Sergio no podía entrar en la portería. La exigente Liga de esta temporada la ganarán sus fenomenales futbolistas, al mando de su excepcional guardameta, como la habrían ganado con cualquier otro en el banco. Pero la Copa de Europa, para el Madrid, exige de un hombre bueno al mando. Una persona juiciosa, educada, feliz, acorde con sus privilegios como ser humano y con el carácter artístico y deportivo de su profesión. No alguien intoxicado por la brutalidad, que ofende cada vez que abre la boca. Tampoco, desde luego, se coneguirá nada con ese palco funesto. El fútbol es apasionante porque es azar y talento, y cuando se concilian, convoca una brillantez que cae por tierra como un soplo, cuando la pareja creada por la casualidad y el buen hacer se disocian en una décima de segundo: al fútbol no le gusta el conservadurismo, aunque de vez en cuando premie algún arranque de insurrección ante la superioridad ajena. El Madrid ganará la Décima cuando reconquiste su norte y recupere el buen gusto, pierda la soberbia y abandone, con naturalidad, el sensacionalismo. Entonces el balón de Sergio caerá al suelo y rebotará contra las mallas de Neuer o de quien sea que se oponga. Hasta que ello suceda, solo cabe esperar que el tiro en el pie que nos ha pegado Mourinho acabe, definitivamente, por desviarse y devolver la cordura a un club que enarbola sus principios al tiempo que a diario los asesina.

LAS DE GANAR

En un nuevo alarde de su generosidad, la Plataforma Ciudadana Refinería No me propuso escribir un texto para glosar la entrega de los III Premios Tégula. Como oro en paño (y más ahora, con el precio que tiene, incluso metafóricamente hablando) cuidamos el nuestro, el que no menos generosamente nos brindaron en la primera edición. Ni que decir tiene que acepté, hasta envanecido. El texto, maquetado y editado primorosamente (de verdad, comienzo a creer, como tantos, que en el diseño gráfico anida la virtud…) lo dejo aquí, para satisfacción cuasi onanista…

LAS DE GANAR

“Muchos de nosotros escuchamos, de chicos, aquellas palabras del abuelo, del padre o del hermano mayor. O de la abuela, de la madre o de la hermana mayor: nunca pelees si no tienes las de ganar. Es ocioso decir que, quien las tuvo en cuenta y no las echó en saco roto, está leyendo ahora este texto con una sonrisa dibujada en los labios.
“Resiste”, me susurraban las obstinadas hojas de las acacias del barrio, cuando el viento de otoño las hacía caer sobre el descuidado asfalto de la provinciana avenida. Cada una me recordaba, en la dignidad de su natural caída, la biografía del héroe romántico al que la vida sometía a pruebas aparentemente insuperables, ya desde la juventud: desde un dolor de amores hasta conseguir por fin levantar el barco dentro de la botella. Después, a todos nos pasa, las pruebas vinieron envueltas con los lazos de la mentira y se hicieron más tercas: al negar nuestros monstruos, acabamos por engordarlos, y ellos no dudan en seguir encaramados en lo más alto de nuestra sociedad, tupiendo su cima de sombras. Y todo parece previsto para convertirte en un indolente, hasta que, en una esquina, y después en otra, y en otra más, encuentras ejemplos de gente que se enfrenta a las pruebas más duras con el coraje de un paquebote en un inmenso océano.
Y si, siempre parece suceder de repente, que la sinrazón, el mundo tenebroso, aparece a las puertas de tu casa: y se habla de construir una gigantesca fachada de torres humeantes en medio del curtido campo, reprimido durante épocas. Entonces piensas de nuevo en aquellas palabras del abuelo, del padre o del hermano mayor. O de la abuela, de la madre o de la hermana mayor. Y en el ejemplo que esas gentes te dan a seguir, poniéndote alerta frente al espejo. Y aunque los gritos y los cuchicheos les comparen con un palillo en alta mar, asumes la pelea, porque tienen las de ganar, porque tienen de su parte argumentos, como un camarero, tienen paciencia como un médico, tienen sed de justicia como un pedagogo, tienen honradez como un peregrino, memoria como un biógrafo, serenidad como un alfarero, fidelidad como un jardinero, tienen fondo como un corredor, tienen angustia y certezas como un abogado defensor, decisión como un filósofo, temperamento como un economista, tienen la dureza del labrador, la fe del ingeniero…Tenían las de ganar…
La Plataforma Ciudadana Refinería No ha sido, desde la fecha misma de su constitución, un ejemplo para la sociedad extremeña. Un ejemplo histórico de forzada suplantación de los poderes públicos en la defensa del interés general, la salud pública, la educación social y la información veraz, frente a la envalentonada apuesta por todo lo contrario de unas instituciones y unos agentes sociales empeñados en lo inviable, cegadores de masas, cegados a su vez por el brillo de una confusa codicia, la de permanecer al mando de un mundo en caída libre, al que solo la cordura puede frenar. Así, durante más de un lustro, ciudadanos cuerdos, coherentes con los principios de la convivencia y la legalidad, se han visto agredidos, imputados, apartados y heridos en su dignidad durante un proceso que ha terminado con un triunfo contra el pronóstico de quienes no tenían las de ganar: el triunfo de la previsión antes que la cura, el de la sensatez sobre la quimera, el de la legitimidad sobre la imposición, sobre la arbitrariedad. No siempre sucede, seamos consecuentes con la realidad y el destino de los héroes. Por ello, precisamente, éste su éxito merece ser reconocido en toda su exuberancia.
Y que ese agradecido reconocimiento que son, a su vez, los Premios Tégula, parta hacia el ejemplo de generosidad de los abogados (Antonio Terrón Pérez, Miguel Parra, Endika Zulueta san Sebastian, Manuel Rodríguez Williams-Blanco, José Burguillos Santos, Adolfo Fernández Díaz, Amparo García Vela y Ángel García Calle) que llevaron a la patente absolución de los ciudadanos abusivamente imputados, y hacia el de los expertos (Roberto Bermejo Gómez de Segura y Pedro Costa Morata) en economía, ingeniería y medio ambiente, por su información sobre los perjuicios de la refinería, y por expresarla independientemente contra viento y marea, tal y como, y decisivamente, ha actuado la Plataforma contra la contaminación de Almendralejo.
Ellos, unos y otros, son esos héroes románticos y realistas, que viven en cada esquina y resisten audaces, hasta ceder solo por la fuerza del tiempo y el curso natural, con la sencillez de una hoja del árbol de la dignidad.”

SIN RUMBO

Ayer estuvimos, casi de paso, en la celebración del Día de la Tierra. Veníamos de pasar la noche en Jerez de los Caballeros: amén de enmudecer ante el majestuoso bosque de la sierra, pudimos comprobar de primera mano el ambiente extraordinariamente rancio del pueblo, y el patético cariz de la convocatoria ‘ciudadana’ en contra del ‘paro’ (sic) y en favor del grupo Gallardo. Comprobamos también el dominio machacón del coche sobre la monumentalidad, así como el abandono generalizado del buen gusto (los desconchones en la fachada de la oficina de Turismo del pueblo ya avisan de que el viajero actual puede toparse con una oferta a la altura del diseño de los carteles de la citada convocatoria, lo cual es una amenaza de primer orden). Mejor correr un tupido velo: si uno viene de pasar unos días en Portugal, ya sabe a lo que atenerse con esta España embrutecida por el automóvil, el mobiliario urbano, el feísmo arquitectónico, la Casa Real, los hilos musicales y la televisión, entre otras lindezas. En Brovales, un parroquiano del bar al que otro le preguntó si acudiría esa mañana a la ‘concentración’ respondió lo siguiente: ‘Sí, a Jerez voy a ir precisamente hoy, que encima cierran los bares de doce a dos”. Coincidiendo con la convocatoria…Pues eso. Rumbosos que son los empresarios de Jerez.