Mes: septiembre 2012

CAER MUY ABAJO

El presidente del Gobierno español expresa su ‘reconocimiento’ a la ‘mayoría silenciosa’ que no se manifiesta en las calles y no aparece en ‘los telediarios’. Es inútil plantearse respuestas inteligentes en personas como ésta, un profesional de lo público, aquel de los ‘hilillos de plastilina’. Sin embargo, su declaración no es legítima: es discriminadora hacia una parte de la ciudadanía a la que, en su calidad de gobernante electo, y le guste o no, debe respeto, y a la que representa en calidad de máxima autoridad del Estado: se comprometió a ello en acto solemne. Es sectario y estúpido, por lo demás, aferrarse a semejante argumento, que arroja luz sobre lo ‘científico’ de su pensamiento. ¿Acaso el hecho de que no se manifestara en la calle contra ETA la inmensa mayoría de los ciudadanos suponía el visto bueno a la organización? O, al contrario, ¿los vítores unánimes a Franco durante aquella época justificaban la continuidad del régimen?… Por ejemplo. A veces hay que caer tan bajo en los razonamientos que se siente uno amargado de ver cómo negocian su vida farsantes tan simplistas.

EL MARIDO DE CIFUENTES

El marido de Cifuentes está en paradero desconocido, prófugo de la justicia. Chaves y Griñán exteriorizan su profesión de cínicos. El Jefe de la Policía Local de Ourense es detenido e imputado, como el alcalde. Rajoy se retrata con Obama, que amenaza a Irán con la guerra. El ministro de Justicia dice que se está atacando la máxima ‘un hombre, un voto’ (sic). Todo en el mismo día en que la Policía la emprende de nuevo a golpes contra los manifestantes, algunos ¡previamente! imputados por un delito de atentado contra organismo relevante del Estado. La televisión dice que los alborotadores (¿todos?) han atacado a las fuerzas de seguridad con objetos…’como botes de pintura’ (?). No arde Madrid. Todavía.

El futuro no es ya lo que solía ser. (*)

(*) Arthur Clarke

ROMA PAGA

El Grupo Zeta, propietario de la franquicia de comunicación llamada ‘El Periódico Extremadura’, negocia (es un decir) la presentación de un ERE que causará el despido de 18 de sus 52 trabajadores. Los restantes, los supervivientes, tendrán que asumir unas severas condiciones económicas y laborales -la reducción del 15% de su sueldo, entre otras- para conservar el empleo, exigencias que son continuación de otras ya impuestas tiempo atrás. La misma empresa catalana cerró en abril la rotativa placentina donde se imprimía el diario y la versión para Madrid de su matriz, ‘El Períódico de Catalunya’. La empresa editora achaca este ERE a ‘la brutal caída de la publicidad local y la práctica desaparición de la publicidad institucional’ durante este curso, situación que ‘ha generado pérdidas salvajes en el rotativo, lo que hace insostenible su actual estructura’.

Al parecer, el objetivo es ‘mantener la cabecera y la marca, aunque con una ordenación que se adapte al actual nivel de ingresos’. A juzgar por el actual momento económico y su ‘nivel de ingresos’, la posibilidad de que el medio desaparezca más pronto que tarde cobra evidente carta de naturaleza. O bien sea vendido. Los trabajadores habrán de emitir señales en favor del mantenimiento de sus puestos, incluida la posibilidad, remota de ser viable, de la autogestión.

Si la publicidad local en este diario ha sido siempre prácticamente testimonial (excepción hecha de los deplorables apéndices promocionales con los que durante años hizo rendir al mínimo la materia gris de sus trabajadores), la publicidad institucional (es decir, el dinero público de administraciones locales, provinciales, regionales y estatales) ha sido el argumento económico básico para mantener medios de comunicación en contextos con población tan escasa como Extremadura, dónde el negocio mediático diversifica por necesidad la obtención de sus recursos. Muchas veces, al no obtenerlos o perderlos (como el contrato de gestión de la publicidad con el CEXMA), se ven sus empresas fuertemente endeudadas y por ello impelidas a continuar presentes en un marco regional por cuestiones más complejas, aquello que podríamos denominar la implantación, un pacto tácito de permanencia, una cadena de favores vinculada al ‘hoy por ti, mañana por mí’ con la clase dirigente, incómoda a la hora de prescindir de agentes sociales que actúen como fachadas del modelo democrático. En palabras sencillas, permanecen aún perdiendo dinero por aquello de que ya resultará rentable el favor político en otras vecindades.

Pero la dependencia de lo público ha llegado demasiado lejos, de ahí que las líneas editoriales de estos ‘medios’ hayan sido siempre tan afines al poder político y su órbita, cayendo incluso en la vejación de los movimientos sociales, o incluso los personales, opuestos al ‘status quo’, a la corrección política o el pensamiento único (de turno). El desprecio por la sociedad civil no conservadora ha llevado a diarios como éste (cuyas ventas son insignificantes, de ahí que ni siquiera se recojan como argumento en pro o en contra del expediente de regulación de empleo) a significarse como portavoces de una política oscurantista, radicalmente jerarquizada, enmudecedora de lo trascendente en beneficio del campaneo de lo trivial. No es menos cierto que se ha convertido en habitual usar el medio como un señuelo o una advertencia: la publicación de la noticia se entiende (generalmente desde el ámbito político) como un aviso a navegantes del que el informador se desentiende, habilitando un proceso en el que los actores principales del caso en cuestión tienden a entenderse entre ellos. Casos concretos ha habido, y hay, a mansalva. Hasta que, como ha sucedido a raíz de la crisis, lo público se ha quedado sin recursos para mantener a terceros, por mucho ‘cuarto poder’ que aparente. Aquí aparece en toda su luz el tenebroso trasfondo económico del asunto y la imposibilidad de sostenimiento de auténticos zombies empresariales como ‘El Periódico’. Idéntico caso al de ‘Hoy’.

No es, por lo demás, nada nuevo, sino una situación enquistada. Durante los años en que el diario de marras fue de propiedad extremeña se comportó de idéntica manera. En su día fue un negocio rentable, cuando se avino a cumplir, igual que su competencia más directa, con el antiguo régimen, y después a disfrutar de la orgía despilfarradora del posterior ibarrismo, que le llamó al orden cuando el medio amagó con descomponer la figura en la cerrada defensa de su política. Lo que hemos de subrayar, y diferencia a este tiempo de aquellos tiempos, es que el daño que ha hecho la sumisión al poder ha acaecido, aparentemente, en otro contexto (de presunta libertad de prensa, de sociedad de la información, de atomización de medios…) y aunque haya sucedido exclusivamente por motivos económicos (ya no de orden ideológico), ha afectado brutalmente a su plantilla de trabajadores, presuntamente más formados, o formados en otra escuela de comunicación: académica, profesional, tecnológica… Y ha afectado como una enfermedad mortal: con raras o ninguna excepción, todo el mundo se somete al dictado del patrón, nadie ha enarbolado la disidencia, apostado por subvertir el delirio simplista en que han convertido el oficio de informador. Nadie ha apostado por escribir, y asumir el riesgo de publicar la verdad. Básicamente, ha triunfado el miedo, el miedo a perder el puesto, el miedo a asumir las exigencias de la autoestima, el miedo a dejar la provincia y superar el riesgo del anquilosamiento intelectual. El miedo a reconocerse en la más burda mediocridad. Al final, como los hechos siempre se empeñan en demostrar, son esos mismos trabajadores quienes pagarán el pato, ahora casi una veintena, luego probablemente el resto. Al final, nada de lo hecho servirá para nada, mientras que lo no hecho, al menos, hubiera salvado la dignidad profesional de más de uno. Deberían habérselo pensado mejor cuando silenciaban, y silencian, a quienes tienen argumentos para dar a conocer al resto de los ciudadanos la quiebra sistemática de las reglas del juego democráticas. Y estoy pensando, por ejemplo, en el caso Gallardo o en la enorme y tupida red clientelar que las administraciones de Ibarra propiciaron hasta cambiar la fisonomía moral y económica de esta tierra, sumida ahora en la estupefacción de su recién redescubierta pobreza. Ahora ya parece demasiado tarde para rectificar. Los errores se pagan siempre. Porque una cosa es verse obligado a hacerlo por imposiciones de tipo laboral, o por chantajes económicos o personales, y otra muy distinta es estar dispuesto a cooperar, aún a sabiendas de que son otros los que sufrirán esas imposiciones y esos chantajes. Y desde luego, ha habido demasiada gente dispuesta a colaborar como para que ahora puedan quejarse del tipo de moneda con las que Roma paga a los traidores.

ARMENTEIRA

Sueña San Ero convertido en estatua, y con su pájaro en el hombro nos despide en el Mosteiro cisterciense de Armenteira, para iniciar río abajo y desde allí la ‘Senda da pedra e da auga’. El día responde, es fresco y de luz pletórica, hemos comido bien y apenas hay caminantes, intuyo que por ser diario. Cuando regresamos, casi cayendo la tarde, el agua del Armenteira (obviamente no vamos a desaprovechar la ocasión para remojarnos) nos acoge sorprendentemente más cálida que la de la alberca de casa, más de seiscientos kilómetros al sur. Uno a uno, a cada lado de la ribera, la imponente presencia de los molinos de piedra, no por arruinados menos hermosos, dan compaña reviviendo el pasado que nos toca contar sin haberlo conocido, y Salva, el amigo perfecto, nos ayuda a idealizarlos: acecha el rumor de tantas gentes que pasarían por aquí para moler maíz, su centeno, su trigo… y no como viajeros, sino como rutina, contribuyendo a un epígrafe de la historia social de la Ciencia. El ingenio hidráulico de una antigua serrería, las pilas de los lavaderos… Pasan los kilómetros como si nada entre la floresta, incluidos los helechos reales, y el rumor de la corriente es como una cortina descorrida a la nostalgia por los ríos perdidos. ‘Pancho’, un perro enorme e inquieto, se baña en un zonche y viene a sacudirse el agua junto a nosotros. Su dueño se disculpa, el perro nos deja aún más contentos. No me cabe duda de que le envía San Ero para que, como él, sigamos soñando el tiempo que haga falta.

DOLOR

‘El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional’, frase recogida por Haruki Murakami en su libro ‘De qué hablo cuando hablo de correr’.

‘El dolor es una de las fuerzas de la naturaleza y la naturaleza no le da a sus criaturas ninguna posibilidad de que la ignoren cuando habla. Con la naturaleza no se discute.” Literal del escritor argentino Ernesto Mallo en ‘El delincuente argentino’.

A propósito del simulacro de accidente en la Central Nuclear de Almaraz

PAÍS DEFECTUOSO

La estrategia es especulativa: se concede a un imperio especializado en venta por la red (contra quienes ni Pearl Jam pudieron defenderse) el monopolio de la distribución de localidades para los conciertos, encareciéndolas; se vende humo durante meses y se advierte sistemáticamente en los medios de que las entradas se agotan, provocando un efecto llamada que, eficazmente, convierte en realidad el deseo. Finalmente, se ha recaudado lo suficiente para obtener líquido, rentabilizarlo, engordar al vampiro intermediario y, para colmo, financiar los espectáculos por anticipado, mediante la aportación de los clientes. Sin más riesgo que suspender cuando no vienen bien dadas, o el de falsear la realidad de las cifras a beneficio de inventario.

Cuando sube el IVA ‘cultural’ (bárbara decisión, suicida y dramática, por otra parte), de nada vale haber obtenido por anticipado no solo la cobertura de los gastos, sino una enorme plusvalía sobre un trabajo no realizado, a ejercer en el futuro: se carga sobre el cliente el incremento impositivo y se achaca la culpa al mismo Gobierno que permite prácticas financieras propias de su ideología, y que la banda y los promotores aprovechan a degüello. Tal ejercicio de cinismo comercial es el de Extremoduro en su última salida a escena. Hasta la fecha, parecen haber vendido entradas para su gira de dos meses por importe de más de tres millones de euros. Mediante la venta anticipada indiscriminada, una localidad de 26 € se ofrece a 75, 90, 100 o 200 € en la reventa, presuntamente ilegal. No se objeta la convivencia con los métodos más desagradables de la ‘nueva industria’ cultural. Básicamente, se hace dinero.

Finalmente, los seguidores que han adquirido siempre y pese a todo los discos ‘legales’ y las ediciones ‘oficiales’ de la banda, que disfrutaron de conciertos previos incluso pagando el sobreprecio en taquilla, que incluso tuvieron serias dificultades para reclamar la devolución de localidades tras suspensiones, y que prefieren no participar de la nueva dinámica de prefinanciar los espectáculos mediante actuaciones de franquicia especulativa, se quedan sin la posibilidad de acudir a los conciertos, dado que la multiplicidad de legislaciones no garantiza la disponibilidad de localidades a la venta en la fecha del concierto. Evidentemente no tratan estos poetas de cambiar el mundo, pero son tan inútiles sus canciones para la paz como para la soledad y el desengaño.