Mes: octubre 2011

PERMANENT VACATION

Ganadora del International Critics Prize en 1980, en el Figueira da Foz Film Festival, he de reconocer en el jurado que concedió semejante galardón una superioridad sobre el ser humano sencillo, solo comparable a la calidad de los narcóticos que engulleran. “Permanent vacation” es, a juicio de mis gatos (difícilmente abandonan una proyección, y menos en otoño e invierno cuando pueden estar hora y media sobre nuestro regazo sin perturbación de ningún tipo ) y del mío propio, el filme más horroroso jamás filmado. Es posible que otros sean peores, que los habrá, pero ninguno rodado con tantísima ínfula. Composiciones imposibles para el 16 mm y su óptica mínima, una fotografía y un etalonaje de juzgado de guardia (Tom DiCillo al aparato), rastros de la gramática visual de la ‘trascendencia’ de su época (no le falta de nada, incluidos espejos, hospitales, locura, danzas solitarias, free jazz, músicos nocturnos, dandys, descampados, citas literarias, homenajes cinéfilos…), continuas citas autobiográficas más propias de un testamento y un montaje (¡¡¡ay!!!) no ya arrítmico sino penoso por su sujeción al criterio del director. Como colofón, e indiscutible mérito, la película cuenta con “una colección de los actores más deplorables de Nueva York”, como dijo un crítico en su día, obviamente no de nacionalidad portuguesa. El resultado sirve para encontrar algunas huellas del posterior Jarmush: los travellings laterales, los encuentros azarosos, John Lurie… Jarmush consiguió rodar “Los límites del control”, auténtica revisión (mucho más logrado que su original, por cierto) de este filme, que fuera el primero de su carrera profesional y también de su carrera universitaria. Alguien dijo de “Los límites…” (rodada en España…) que lo más sorprendente de la película es que hubiera conseguido financiación. Después de ver “Permanent vacation”, no parece ninguna hazaña. Lo de Figueira da Foz si que lo fue.

Ahora los gatos ni siquiera se aproximan al sofá mientras, exigen, no le prenda fuego a la filmografía del artista. El DVD de “Permanent vacation” vuela ya hacia el fondo del pozo…

INOCENTES


Que los ciudadanos, los seres humanos, estamos indefensos ante las contradicciones y abusos de sistemas como el que nos gobierna, se hace explícito a diario: en cuanto uno roza mínimamente el marco de la autoridad, ésta te arrolla sin freno. Que once familias hayan sufrido durante más de seis años el drama personal y social que significa enfrentarse al banquillo, al ser acusados de una supuesta agresión que en el juicio solo sostiene un único testigo (por lo demás persona cercana a la presunta víctima) de entre una docena propuesta por la fiscalía, y resulta ser además un testimonio contra uno solo de entre los acusados, habla a las claras de la sed de paz, de enmienda, y de justicia de unas personas, los acusadores, que han ostentado cargos públicos durante décadas en Extremadura en total impunidad y con un espíritu inquisitorial impropio de su responsabilidad. Características principales, lamentablemente, de la actuación política en este país, repleta de personas con graves desequilibrios, ya en las alturas de la jefatura del gobierno estatal, y de ahí hacia abajo. Ya lo dijimos en su día: donde hay poca justicia, es un peligro tener razón. Y este disparate jurídico, este nuevo aviso para navegantes, dispendio de recursos públicos y represalia evidente, es un ejemplo de la rabia social a la que se nos reduce.

LA ILUMINACIÓN


Aunque, a estas alturas, sería mejor no hacer aprecio, resulta ciertamente desolador escuchar decir al alcalde de una ciudad como Badajoz que “la cultura está bien, pero antes están los bomberos, la policía local o la iluminación”. Es evidente que, por un lado, la evolución del ser humano degeneró hacia estos personajes u otros como los actuales gobernantes del planeta por mor de siglos de automutilación, quedando anclada la especie en Cervantes, Rothko, Coetzee, Ozu o Shostakovich por nuestra propia incapacidad, al parecer, para procurarnos daños mayores que Hitler o Hiroshima. Cuenta Augusto Monterroso en “La vaca”, que Thomas Mann contaba a su vez que Tolstoi carecía de ironía. Ya ves, en el tiempo que le tocó vivir careciendo de ironía…Viene la cosa a cuento de la iluminación, no en vano anoche pasamos por la ex-capital cultural y vimos como decenas de nuevas farolas iluminaban un descampado a la salida de la ciudad. Una urbanización sin nada más alrededor de las farolas y el asfalto que un triste pasto y piedras. Una prioridad, esa iluminación, por supuesto que previa, en cualquier caso, a la cultura. A ver cómo ibamos a avanzar en nuestro progreso sin poder vernos de madrugada las caras, cada vez más duras que tenemos.

AKI, HAMLET Y JUHA


“Deberá declamar el texto con soltura, sin elevar la voz como está de moda, no se trata de una venta pública ni de una subasta. Tampoco debe agitar las manos con gestos grandilocuentes. Y no mire a la lejanía como un mensajero”…Líneas de diálogo de “Hamlet va de negocios” (“Hamlet liikemaailmassa” Aki Kaurismaki, Finlandia, 1987), cuando el protagonista contrata al actor que deberá encolerizar a su madre y padastro. Versión explicita del gusto interpretativo de Kaurismaki, que suma renglones explicativos al original shakesperiano, en el que Polonio alaba las dotes del cómico a contratar como ejemplo de “buena dicción y gran mesura”. La labor contenida, ascética, aparentemente inexpresiva, bressoniana, de sus actores, es una de las marcas fijas en la obra de este cineasta apasionante, verdaderamente merecedor de tal nombre, de tal oficio, por el riesgo y el ingenio de su carrera. Esta adaptación muy libre y particular de Hamlet, ambientada en el cruel mundo de los negocios, y cerrada con la aparición de nuevos personajes, proletarios triunfantes sobre la erótica del poder y el dinero, contiene buena parte de lo mejor de su estilo (una narrativa sobria y clasicista, contención dramática, exquisitez fotográfica, elección del vestuario y la dirección artística para que la película, contemporánea y clásica al tiempo, no parezca de ninguna época en concreto…) y también ciertas gotas de autocomplacencia en él, posteriormente hechas desaparecer al integrar su personalidad visual y su dramaturgia atrevida de forma exquisitamente armónicas en sus futuras obras maestras.
Para colmo de exigencia, Kaurismaki rodó “Juha” (Finlandia, 1999), de la que hemos disfrutado estos días como cochinos en fangal, nada menos que un filme mudo con ingredientes estéticos de aquella época: adaptación de una trama sencilla a rabiar, con elogio de aldea y menosprecio de corte, (la seducción material y sentimental de una campesina por un individuo a bordo de un gran coche, que la prostituirá, provocando la reacción de su marido) y una puesta en escena marca de la casa, con amorosos matices: planificación al servicio de la comprensión inmediata del relato, con inclusión de planos de detalle muy reveladores (por ejemplo, de la pierna de madera que arrastra el protagonista, Juha); intérpretes que adecuan el exigente estilo del cineasta a la naturaleza del filme (ese malvado frotándose las manos como el Tartufo de Murnau…); nula preocupación por los hechos o circunstancias de la trama (en ese brutal ejercicio de bellísimas y tajantes elipsis que resuelve sus guiones, del que han ‘aprendido’ gente como Jarmush o los hermanos Dardenne) y flagrantes rupturas de las propias reglas, como interrumpir el silencio sonoro con sonidos muy concretos y elegidos (el cierre de la puerta de un coche, la música de un orquesta, la voz de la melancólica cantante del burdel…). Si a lo fantástico que resultaba (y resulta aún hoy…) el mero hecho de atreverse con este ejercicio de hacer cine mudo a las puertas del siglo XXI, se añade lo muy conseguido de la fotografía expresionista, del simbolismo (esa torre del reloj de la estación de Helsinki, inmenso falo que domina la llegada a la ciudad…), o el delicioso empleo de la cámara en los decorados (en particular un plano en el que la profundidad de campo obtenida en el interior de la casa de Juha, mientras por ella deambula el personaje, es primorosa), acabo por convenir en lo dicho: que la figura de este director de cine nacido en el 57 representa todo aquello que, en sí, debería de ser una persona ocupada en este oficio, mezcla de arte y negocio, de vida propia y homenaje a la ajena.

MOON

Con explícitas y despreocupadas referencias a “2001, una odisea del espacio”, o a “Solaris”, y otras menos obvias pero igual de excitantes a “Atmósfera cero” o a “Blade runner”, da gloria adentrarse en un filme como “Moon” (Duncan Jones, 2009, GB), un ejemplo en el que la ciencia-ficción retorna al espacio reflexivo, más allá de catastrofismos y monstruosidades. Dirigida por el hijo de mi admirado David Bowie (detalle del que me entero con posterioridad, haciéndome gozar, con ello, de aquel tiempo perdido en que miraba el cine con el nulo prejuicio de la sesión continua) este filme británico ingenioso y profundamente entretenido rememora los paisajes y pasajes literarios de un Stanislaw Lem, y deja para esa posteridad que anuncia (con un ancla muy cercana en nuestro hoy en día, la crisis energética y la impunidad de las corporaciones) algunas escenas de gran ingenio y dramatismo. El dolor existencial y la consiguiente construcción psicológica de los personajes crece sabiamente, de manera pulcra, gracias a un guión al que perfeccionan el impresionante actor Sam Rockwell y la puesta en escena de estilo conciso, en oposición a cualquier redundancia o exageración, claramente vinculada a un story-board o planificación previa muy exigente. La elección de una partitura sencilla y preciosista agranda el buen gusto de sus autores. La película, sobria como su título, funciona en todos los ámbitos, cuando se quiere burlesca y jovial, y cuando se pretende tensa y honda.

DE LA HIPOCRESÍA

Resulta sobrecogedor (una expresión con doble sentido, muy apropiada para referirse a según qué personajes) tener que leer las declaraciones del portavoz socialista en la Asamblea diciendo que la televisión y radio públicas extremeñas fueron un ejemplo de “austeridad, gestión y pluralismo”. No indigna menos que el señor Vara, a la sazón opositor jefe, concluya sus entrevistas en varios medios (incluso en alguno en que se le vituperaba de lo lindo, con lo poco que le gusta a él que le insulten, y al que ha acudido en plena crisis de amargura y desesperación para poner punto y final a su esperpéntica forma de deshacerse de su inútil máscara) argumentando que en Canal Extremadura no existía la censura.

Sin embargo, la acción censora que ejerció la anterior directiva de CEXMA contra Libre Producciones, que llegó a extremos de veto absoluto y que dura hasta ahora, sin mayor argumentación que la inquina personal, fue un hecho evidente, que pocos quisieron ver o difundir, incluso entre los medios de prensa, atemorizados o acostumbrados ante la máquina trituradora que ha sido el gobierno extremeño desde 1983, y quienes lo hicieron se jugaron la cabeza ante el ejército de mantenidos que existe en esta región.

Su capacidad de maniobra, la de la cúpula del anterior partido en el gobierno me refiero, permanece en marcha, no en vano todo ese ejército de afines de toda la vida, empresarios y gente de lo público continúa ejerciendo presiones y justificando trayectos para mantenerse en el campo de juego, evitando ser enviados a la grada y perder con ello dinero, que es de lo que se trata. Maniobras como la del director cesado de la Filmoteca, usando a sus colegas del periódico para hacer de éste una plataforma laboral y reivindicarse ante los nuevos patronos, son una prueba significativa, estética y moralmente lamentable, de hasta qué punto agotan su mendicidad algunos de estos personajes. Otro caso, el de los empresarios de la ingeniería cultural , decididos a mantenerse en la cómoda poltrona desde la que han manejado hilos a cualquier precio, pretenden y consiguen aprovechar la amnesia que caracteriza al juego político para lograr sus fines. Muchos lo conseguirán: la mala conciencia no tiene lugar en ellos, pero sí en quienes pueden ahora negarle el pan y la sal que han sustraído durante décadas en su propio beneficio.

Centrándonos en el CEXMA, ¿fue austeridad, derrochar un presupuesto de 31 millones anuales al que se llegó desde los 9 concedidos como tope, en su principio, hace apenas cinco años? ¿Austeridad, ocultar además un déficit a buen seguro galopante mediante el incumplimiento de obligaciones respecto de cuentas y transparencia ante, incluso, el control parlamentario? ¿Austeridad, preferir gastar en cualquier otra compra antes que emitir 147 programas de televisión sin coste, cifra igual a los programas ya previamente adquiridos a Libre Producciones y que nunca se emitieron por mor del veto? ¿Austeridad, que el director de la corporación -un juntaletras sin modales- haya costado 450.000 € desde su nombramiento? ¿Fue buena gestión, firmar constantemente contratos por importes superiores a los de mercado, inflando la estructura del medio, fomentando el nepotismo y el clientelismo en la contratación pública, la privada e incluso los subcontratos? ¿Gestión, resolver a las bravas la insurrección de los trabajadores, alcanzar más del 95% de externalización de los contenidos, contando encima con una plantilla propia tan amplia como infrautilizada? ¿Gestión, expulsar de la plantilla a quien les disgustase o incomodase, aún a costa de indemnizar tirando de la chequera…pública? ¿Gestión que entre solo cinco empresas produjeran hasta veinte programas al tiempo, mediante el argumento de venir avaladas por el partido? ¿Gestión, ocultar el déficit mediante subvenciones directas y otros artilugios financieros, o gastar 3.000.000 de euros por dar la Champions League, y que tuviera que ser la Presidencia de la Junta quien subvencionase la producción de un informativo, con semejante plantilla al cargo del ente? ¿Gestión, una parrilla de contenidos tradicionalistas, paternalistas y escaparatistas, donde cualquier imagen incómoda que dañara el paisaje oficial era finiquitada desde los despachos, a golpe de teléfono, con la complicidad de las productoras externas? ¿Gestión, “reforzar” la identidad regional mediante la emisión de filmes y series escapistas, vendidas por empresas propiedad de Berlusconi u otros magnates…”progresistas”? ¿Pluralismo, puede considerarse así la información sobre la oposición a la refinería, las térmicas, el complejo de Valdecañas, la mina de Aguablanca, las reformas gubernamentales, la política de infraestructuras como autovías y AVE, los casos de corrupción (Plasencia, Alburquerque…), los datos económicos y sociales, los partidos, colectivos y asociaciones minoritarios o no digamos ya los enfrentados al régimen…? ¿Pluralismo, mantener durante cinco años a una empresa en el veto absoluto, arruinándola y acabando con sus puestos de trabajo por decisión política, por el delito de haber expresado libremente su opinión, contraria a tal visión de lo que significan las palabras austeridad, gestión y pluralismo?

La hipocresía de esta sociedad alcanza a diario límites estratosféricos. Los hay que se rasgan las vestiduras cuando el Consejo de Administración de RTVE llama a la ‘censura’ previa: es decir, cuando ponen por escrito lo que a diario se concede verbalmente a la realidad. El problema está, al parecer, en que se asuma como reglamentario lo que la acción cotidiana no desmiente. Nada importa esto, la existencia real y clara de la censura, de hecho se tolera y se es cómplice con ella y con la más burda manipulación. Pero siempre y cuando permanezca ‘limpia’ en el subsuelo, agrietando la información desde la cloaca, sin que se asuma la responsabilidad. El nuestro, el de los 1.800 días de Libre Producciones condenada al ostracismo, es un caso bien verificable de censura continuada y exagerada hasta el patetismo. Procedente, además, de una administración pública, de un consejo de administración vuelto de espaldas a su tarea de edificación y control. ¿A quién le ha importado de entre tantos que se rasgan esas vestiduras apolilladas por decir que sí a todo cuanto le piden desde los palacios de gobierno?

El colmo de la hipocresía es generar dudas sobre la profesionalidad de la candidata a dirigir el CEXMA en base a su trabajo previo para algunas empresas que tienen en nómina, por no ir más lejos, a ocurrentes ex-ministras como Trujillo o al mismísimo señor Vara, colaborador habitual en un medio cuyo director editorial es Pedro J. Ramirez, periódico por lo demás cuyo nivel intelectual convertiría en literato a un sacamuelas. Después del perfil (consensuado desde la generosidad de la mayoría absoluta) de comisariado político de la funesta dirección anterior, cuya cúspide jamás había conocido el funcionamiento del sector audiovisual hasta su desgraciado desembarco en el medio público (y de hecho se van sin haber aprendido nada más que a imponer su autoridad analfabeta), bastaría que una persona conozca el significado de términos como ‘formato’ o “creatividad’ para merecer de forma más coherente ostentar semejante cargo. Esperar que un extremeño en activo en la comunidad pudiera optar a ese cargo era, por lo demás, inviable: ninguno está a salvo de la contaminación de esta eterna transición, y la realidad prueba que la capacidad de aguante, en este sector, frente al rodillo político está limitada en Extremadura a las gentes que nunca aceptarían semejante oferta. Así, dejar trabajar a la elegida es lo mínimo que se puede exigir a quienes durante tanto tiempo han cerrado los ojos a la gestión anterior, conociendo de primera mano sus funcionamientos, y cómo se repartían los millones de euros destinados a compras e inversiones. La presunción de un desastre al tiempo que se ignora la magnitud de una catastrófica gestión (cobardemente amparada además por quienes ahora reclamaran su trozo de pastel) es bien propia de los estómagos agradecidos, los chaqueteros o los fanáticos.

Nadie, ningún medio extremeño oficialista ha fiscalizado el trabajo del CEXMA durante su impotente andadura, desde 2006 hasta la fecha. Ni siquiera con datos y cifras en la mano, algunos bien públicos y visibles. Sin embargo, el etnocentrismo que les caracteriza les ha llevado a presentar editoriales sucesivos y a cada vez más mansos (a, b, c, d) cuestionando la decisión de proponer a una candidata a la dirección sin el consenso general, un consenso que ha solido aplicar el socialismo extremeño exclusivamente para blindar, durante casi treinta años, sus intereses y los de su clase, en particular los más bastardos y opacos. Ninguno de estos medios se ha preocupado en este tiempo por la verdad, ni por investigar (¿acaso no es ello el periodismo?) lo que subyace en ese cambio no ya necesario, sino higiénicamente incuestionable, en la cúpula del CEXMA. Mirar los ‘twitter’ de cada uno, o fusilar el blog de cada cual se ha convertido en el prodigioso método de los periodistas extremeños para justificar sus redactados. Pero, ¿es que a nadie le interesa la verdad?

EL GATOPARDO

La primera vez que vi “El Gatopardo” (“Il Gattopardo”, Italia, Luchino Visconti, 1963) fue hace casi treinta años en un lugar llamado Cine Capitol, y recordaba muy vagamente el relato, pero con sobrada presencia permanecía en mi la formidable siesta que eché en medio de una sala desierta. Mientras los garibaldinos combatían en la pantalla, apenas iniciada la función, yo me inclinaba ya ante los brazos de Morfeo. Prueba de que por entonces había visto poco cine y de que andaría especialmente fatigado por la fecha, la hora o lo que fuera. Dado que la adaptación de Visconti de la novela de Lampedusa es, revisada ahora con estusiasmo, lo que todo el mundo dice que es: una pieza maestra. Fascinante, además, por su falta de concesiones a las que nos ha llevado el cine comercial (la prisa, la insignificancia de la planificación, el corsé interpretativo, la homogenización de la luz, las reconstrucciones por ordenador…) proponiendo un relato épico e intimista a base de una continuidad de inmensos planos generales, a mayor gloria de la trascendencia del paisaje siciliano y sus interiores. Su lectura social y política es bien conocida (“que todo cambie para que nada cambie…”), su vigencia pedagógica indiscutible. Su capacidad de provocar sueño en un adolescente debe de haber aumentado por aquello de los nuevos ritmos, pero, desde luego, tampoco ha perdido un ápice su contundente y sutil (sí…) forma de hacer confundir unas horas de celuloide en una hermosa ensoñación sobre tantas y tantas cosas…