Mes: marzo 2010

QUÉ TAN LEJOS


En esta película de Tania Hermida, una road movie que cumple con todos los preceptos básicos del género, las dos protagonistas del filme -una testaruda estudiante ecuatoriana y una pelmaza turista española- viajan por la geografía ecuatoriana durante unas jornadas de paro contra el gobierno. El deseo de la nativa es impedir que su amante se case; el de la barcelonesa, cumplir rigurosamente con los tópicos del turista carpetovetónico. Un giro argumental que contradice lo que del carácter de la española se expone de principio a fin, coloca a las dos mujeres a vagabundear por el país. Al llegar a una población, Hermida, directora, organiza un plano a través de un movimiento de cámara extraordinariamente ampuloso: un travelling con grúa que describe la llegada de los personajes y sólo se detiene cuando acaban por sentarse en un banco de la gran plaza vacía a la que llegan. Si, como dijo Truffaut, “un travelling es un asunto moral”, el movimiento de la cámara, la planificación en sí de la escena, resulta, en mi caso, tan chocante como la secuencia inicial, con un montaje entrecortado de diálogo y acción que personalmente detesto. Extravagancias en un filme a veces sobrio y sincero, a veces autoindulgente. La extraordinaria simpatía que me provoca el hecho de poder siquiera contemplar un filme ecuatoriano -aunque co-producido con sevillanos- como éste (razón por la cual desembolsé la ilustre cantidad de 19’95 € por el DVD), unido al fascinante recuerdo de filmes previos con dos mozas en carretera como “Messidor” (1979, Alain Tanner) o “Besos de mariposa” (Winterbotton, 1994) no obtuvieron mayor recompensa que poder aplaudir espléndidos ingenios de guión (la presentación de los personajes, que alude en cada uno a todos los pormenores físicos y civiles de su nacimiento, además extrapolando la idea a las ciudades por dónde transcurre la acción) y disfrutar de la coloquial interpretación de llas dos actrices, Cecilia Vallejo y Tania Martínez. El resto, dejando en pie la hermosura de los paisajes y algunos guiños cinéfilos, da más pie a pensar en que la contaminación narrativa de “lo moderno” hace estragos también en la precaria industria latinoamericana, o, para ser exactos, en los filmes que se distribuyen entre nosotros (casos de la insufrible película chilena “En la cama”, Matias Bize, 2007, o la más compleja “Sumas y restas”, 2004, del colombiano Victor Gaviria, por no citar casos concretos del cine argentino, defenestrado estéticamente por la influencia y la pasta hispana). Desafortunadamente, no siempre se descubre un auténtico genio creador detrás de una historia atractiva. Para eso hay que ser Juan Pablo Rebella (“Whisky”, 2004, Uruguay). Y éste se suicidó…Prueba más que suficiente de su buen criterio.

DE DELEITOSA A MINAMATA



La exhaustiva exposición de mi admirado Eugene Smith en la ciudad culta es una espléndida experiencia, comisariada por la milanesa Enrica Viganó. Como el mejor escribano echa un borrón, hay que resaltar que la primera de las fotografías expuestas de la serie “Spanish Village” incluye un grosero error, al rotular de forma errónea como tomada en Deleitosa una imagen que no pertenece en ningún caso a la serie de fotografías obtenidas en el pueblo cacereño por el excepcional artista norteamericano. Algo que puede pasar desapercibido en Milán, pero que no debería darse por bueno en la capital de la provincia donde se tomaron las fotos. En la muestra aparecen, por contra, imágenes que un servidor no había tenido oportunidad de ver previamente de entre las que Smith tomó en este pueblo, puerta de las Villuercas, hace más de medio siglo. Incluidos los contactos originales con la serie de retratos de la guardia civil. Los hombres beneméritos aparecen en espléndidos posados, de entre los que el autor eligió los más dañinos para su publicación, quedándose bien a gusto y nosotros con él. El valor etnográfico de “Un pueblo español” está al nivel de la belleza plástica del trabajo de Smith, que no supera, en cualquier caso, el valor, el poder y la estética de la arquitectura de aquel tiempo, lamentablemente hecha desaparecer.Estética de aquella Extremadura pobre, pero en ningún caso miserable: las imágenes de Smith si algo reflejan es dignidad. Mucho menos miseria que la que aparenta Kremmling, la ciudad de Colorado donde Smith elaboró la no menos impresionante serie con Ernest Ceriani, el médico rural, o Minamata, la aldea rural japonesa donde la industria Chisso Corporation vertía residuos contaminantes de mercurio sobre las aguas de la bahía, ya en 1971. La colección de fotografías del drama en esta aldea nipona deja a la altura del betún el sufrir de una comunidad, la de Deleitosa, donde Smith trabajó a su antojo para elegir sus encuadres: incluso la panda de criminales de aquella Falange, que le importunaron, resultan unos grotescos aprendices frente a los apocalípticos torturadores de las grandes corporaciones, aquellos días y estos. Lo único comparable es su impunidad. Smith la retrata adecuadamente.

PREMIO PARA CARLOS


El gran Carlos Álvarez-Nóvoa, protagonista de “El sabio mudo” y de nuestro próximo trabajo (“Fin”) ha obtenido el Premio de la Unión de Actores al mejor actor teatral de reparto en esta temporada, por su papel en “Bodas de sangre”, dirigida por José Carlos Plaza. La obra, por lo demás, que compaginó con el rodaje del corto -por entonces aplicándose al estudio del texto- y con el estreno en Villafranca de los Barros, ya subido a los escenarios para contarnos a Lorca. Compartimos la alegría por este nuevo reconocimiento a la labor de una persona como Carlos, en este caso por su indudable valía como intérprete. Es curioso que, aún siendo un escéptico de los premios, todavía sea capaz de sentir una especial emoción ante noticias como ésta. Es lo que hemos sacado en claro del rodaje de “El sabio mudo”: la esperanza de encontrar más gente como Carlos.

PALACIOS


Tras el estrepitoso fracaso de la cumbre de Copenhage y los grotescos esfuerzos por parchear la crisis final (?) del capitalismo salvaje con recetas capitalistas salvajes (“¡consume, por dios!” nos dicen mensajes que parecen esquelas), las gentes han cambiado las vacaciones en Cancún y Tailandia por el regreso a la casa del pueblo. ¿Qué pasará mañana? ¡Ah! Lo cierto es lo de hoy: el monarca borbón se alista junto a los taurinos, el líder de la iglesia católica califica de “murmuraciones” los hechos probados y el presidente de nuestra autonomía recompensa con la medalla de su tierra al príncipe heredero. Para frotarse las manos. Es la letra eterna de nuestra canción: o se es de derechas, o no se es nada. El personal saca pues, de nuevo, a sus santos de madera, pidiéndoles ahora que deje de llover. Piedras, como escribió aquel, es lo que debería de llover, al menos sobre los palacios.

NADA QUE TEMER


La lectura de la nueva obra de Julian Barnes, “Nada que temer”, es reparadora: hace honor a su título. Trata, a grandes rasgos, acerca de la muerte, del momento del “revéil mortal”, esa angustiosa primera vez en que cada uno se hace consciente de la idea de su propia finitud, comúnmente a base de ser testigo de la muerte del prójimo. También trata el libro de la familia del propio escritor, hermano de filósofo, nieto de combatiente en la gran guerra, hijo de docente con el que contrajo una deuda, y de una mujer que se las hizo pagar todas. Pero trata también el libro de literatura y de escritores, de grandes citas con las tumbas, los epitafios y las despedidas de personas que, como Barnes indica, son sus propios familiares. Cada uno tiene su familia a causa de la sangre, y puede elegir a sus familiares a causa de sus afinidades. Barnes elige a Zola, a Flaubert, a los hermanos Renard, a Gide… Es un libro de quien se acerca a la senilidad, pero no es ni mezquino ni indulgente. Es otra maravilla de Barnes. Rescato dos momentos: uno, en el que se refiere a una novela de éxito en la Rusia de los años 30 “escrita por el lameculos del régimen Vsevolod Vishnevski, dramaturgo olvidado hace mucho, de quien un estudioso del teatro ruso escribió recientemente que “incluso según los parámetros de nuestro herbario literario, este autor era un espécimen muy venenoso”. La obra de Vihsnevski transcurría a bordo de un barco durante la Revolución Bolchevique y retrataba admirablemente el mundo tal como las autoridades sostenían que era”. ¡Qué admirable precisión para referirse a aquella y a esta época! Pero mi momento favorito es otro, digno de la pluma del autor de “Antes de conocernos”:“La falsificación, como la hipocresía, es el homenaje que el vicio rinde a la virtud“. ¡Oh! Ojalá fuera cierto.

"EL VIAJE IMPOSIBLE", CAPÍTULO FINAL

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El último plano del último episodio de “El lince…” es este autocomplaciente plano secuencia que aprovecha la canción “Apuesta por el rocanrol” de Bunbury, cuya letra venía al pelo. “El viaje imposible” recopilaba intervenciones de la segunda y última temporada. La censura y las trabas de todo tipo de Canal Extremadura TV, y las autoridades al cargo, acabaron por forzar este epílogo en plano fijo, en referencia explícita al espíritu y al lenguaje visual de la serie. Un final con cita “hamletiana” que se emitió a altísimas horas de la madrugada, para nunca más volver. En el plano faltaba Sonia, que, como Juanjo “Txi” Rodríguez, ya había emigrado previamente. Poco después le tocaría, en la práctica, al resto del equipo que hizo posible que mucha gente charlara con un animal invisible. Han pasado ya cuarenta meses de la supresión de la serie y el veto se mantiene intacto, honrando la calidad del medio público extremeño. El plano está grabado junto al puente sobre el río Salor, entre Herreruela y Brozas.

PRIVILEGIADOS

Anoche de madrugada, viendo pasar liebres y venados delante de las luces del coche, de vuelta de Badajoz, veníamos contentos de nuestros privilegios. Conocer y trabajar con Carlos Álvarez-Nóvoa, con Pedro Rodríguez, con toda la gente, sin excepción, que participó en “El sabio mudo”… Que te inviten a presentar tu trabajo ante el público, que acuda éste, hable y se interese por tu oficio. Que te inviten a unas cañas, que compartas la escucha de “Matilde Landa” de Barricada y te vuelvas a casa con el resonar del aplauso, con un ejemplar de la Constitución de la II República, una colección entera de música jazz (cortesía de Luis y Manuela: los reyes magos de la próxima república) y una fotografía en bata de un colega, es exactamente aquello que uno espera de una velada. Así se abona a cualquiera.