Mes: noviembre 2007

¡ABRAMOS VALDECABALLEROS!

Dice un ¡editorial! de “El País”, diario del régimen, sección progres, ventanilla crédulos: “el fomento de las energías renovables es una pieza esencial y hay que decir que nuestro país es hoy uno de los más avanzados del mundo, tanto por las medidas públicas de apoyo como por la cantidad de energía, particularmente electricidad, de origen renovable que producimos, junto con el liderazgo internacional de muchas de nuestras empresas. Pero probablemente no basta y, si queremos ser menos dependientes de los combustibles fósiles, resultará ineludible plantearse el debate sobre la energía nuclear como opción de futuro, a la vista de las condiciones de seguridad hoy disponibles”.
Después de la propaganda al capital y sus eléctricas, el desfase total: ¡Las condiciones de seguridad actuales! ¿Cuáles son, que de tan herméticas se ignoran? ¿Y los residuos, que nunca desaparecerán? ¿Qué hacemos con ello, se los mandamos a los del sur o nos los quedamos en Extremadura, por ejemplo, que para el caso es lo mismo? ¿Y el uso militar, qué, lo aprovechamos también? El grupo Prisa apuesta fuerte y decididamente por el apocalipsis de la mano del lobby pronuclear encabezado en la patria por Felipe González, José María Aznar y las huestes de ambos, hechos una piña, como siempre. De reducir el consumo y el “apostamos decididamente” por las renovables ya se ocuparán las agencias de publicidad y el hipócrita de Joan Clos, mientras le quede gobierno y no tengamos la desgracia de que tropiece con un panel solar y se abra la cabeza. Tengo un muy buen colega, llamado también Felipe, infectado por lo que yo llamo el virus “El País Semanal” -“libertad de expresión, pero sin pensar”, como dice una viñeta de El Roto-, que es natural de Valdecaballeros y a buen seguro que este posicionamiento del grupo mediático que le crea la opinión podrá contribuir a abrirle los ojos. Aquel peligro que no se abrió -hubiera sido otra “industria de energía tradicional”, que diría Fernández Vara- volverá a estar de actualidad: quizás no como ejemplo de un triunfo del sentido común sino como una pérdida de tiempo en el desarrollo de Extremadura. Cosas veredes, Sancho. Industria cementera, siderúrgica, nuclear, refinera, térmica en cien kilómetros a la redonda. Esa es la apuesta intelectual -y en la práctica, una amenaza- para el culo de Europa. Nosotros, claro. Seguro que la futura Vicepresidencia para el Desarrollo Sostenible tiene algo que decir al respecto. ¿Qué será, Felipe, lo que diga?

DEPOSICIÓN

Abajo incluyo un artículo (en fin) de uno de los personajes que han conseguido asomar la cabeza a los medios convencionales extremeños -como creador de opinión,je,je- dada su facilidad para hacer las cosas como dios manda: no producen discursos demasiado inteligentes, ni incurren en errores de afinar la puntería contra los grandes, evitan dar el espectáculo de sus traseros de vidrio, evidencian en cambio un alto aprecio por si mismos, consideran que el infierno de Dante no está ni remotamente cercano y apechugan con el provincianismo psicológico con la elegancia de un galgo desdentado. El caso es que el texto al que aludo -una reclamación personal de una hipocresía y falsedad lindante con su tufillo aristocrático- lo tiene todo: no importan las causas que hayan convertido un eje de comunicación sencillo -las carreteras que unen Valencia de Alcántara y Alcántara con Cáceres- en un alba infernal (el abandono de los recursos rurales; el disparate urbanístico con su proliferación de viviendas en las afueras; la especulación inmobiliaria que fuerza al éxodo; la movilidad laboral sin justificación de algunos educadores,sanitarios y otros profesionales; la centralización de los servicios; el cierre del ferrocarril; la ubicación de los centros comerciales y los colegios en los arrabales, con la consiguiente necesidad (?) del uso de vehículos; las carencias de los transportes públicos; la falta de sensibilidad ante el gasto masivo (todos los coches con una sola persona o dos a lo sumo); la proliferación de obstáculos para el tráfico, como rotondas, en beneficio de inversiones privadas; la arrogancia de los urbanitas de un municipio patético en el que nadie da ni golpe si puede evitarlo…) lo que importa es que el señorito tenga molestias en su concepto del bienestar. Y venga, a pedir autovías; deprisa, deprisa. Venga derroche, que ya lo pagará perico el de los palotes. Que le den por culo al del tractor, de paso: ¡mira que atreverse a darle de comer al ganado -claro, no llueve- pasando un frío de muerte a la hora en que el cortijo reclama a sus empleados, aturdidos por la calefacción de sus audis! Hay que ver como hemos prosperado, que algunos siguen, como siempre, lucrándose vendiendo sus deposiciones todos los días. Al fin y al cabo, lo que estos quisieran es que Franco o Felipe les hubieran invitado al Azor.

28.11.07 – J. R. ALONSO DE LA TORRE.Diario HOY “Autovía a Malpartida, ya”
“Llevo meses queriendo escribir sobre la carretera que une Cáceres con Malpartida de Cáceres, pero no me atrevía porque es un tema que me afecta directamente y no me parece correcto tocar problemas personales en esta columna. Pero ahora es distinto: ya no se trata de una percepción, sino de un dato objetivo. ¿Y qué percepción era esa? Pues muy sencillo, la misma que tienen cada día los miles de cacereños, malpartideños, arroyanos, etcétera que se desplazan por la Nacional 521. Las colas comienzan a las siete de la mañana y ya no se acaban hasta la medianoche. Pero no crean que se trata de caravanas esporádicas, no, son colas interminables, continuas, sin descanso, desde la rotonda del Carrefour hasta el cruce de la carretera de Arroyo de la Luz. Si usted se quiere sentir como ese pariente de Móstoles o Alcorcón que se desespera cada mañana para entrar en Madrid, no tiene más que coger el coche y darse una vuelta por la N-521. Últimamente, para darle más emoción, un tractor cargado de pacas de paja recorre el trayecto todas las mañanas a las ocho. ¿Pero hombre, es que no hay otro momento para repartir la paja más que en hora punta? Hasta ahora, la intensidad de tráfico en ese tramo de carretera no era más que una percepción. Desde el lunes, es, además, un dato. Un estudio publicado por este diario señala que entre Malpartida de Cáceres y Cáceres circulan cada día 9.200 vehículos, más que en ninguna otra carretera convencional de Extremadura (la Badajoz-Olivenza tiene 6.400) e incluso más que en las autovías de Navalmoral a Plasencia y de Mérida a Cáceres. Concluyendo: ¿por qué se demora tanto la autovía de Malpartida?

MÉRIDA, PRIMERA PARADA

Suscribo: “Los Verdes de Extremadura han organizado para el próximo sábado 1 de diciembre la proyección en Mérida del documental “Mientras el aire es nuestro”. Los Verdes invitan a todos los ciudadanos a la proyección y al posterior coloquio sobre la refinería que tendrá lugar a las 11 de la mañana en la Biblioteca Pública del Estado “Jesús Delgado Valhondo” de Mérida. El acto contará con la presencia y participación del director del documental, José Camello Manzano”. Ese soy yo.

Sigue la nota de prensa: “Los Verdes de Extremadura consideran que los ciudadanos tienen derecho a estar informados sobre los proyectos que amenazan su calidad de vida y su derecho a vivir en un entorno saludable, como es el caso de la refinería. Y ante la ausencia de un debate público sobre el tema, que no interesa a las altas instancias políticas de nuestra región, apoyan y valoran especialmente iniciativas como la de Libre Producciones, así como la exhaustiva labor llevada a cabo por los colectivos ciudadanos como las plataformas Refinería No y Térmicas No, que están contribuyendo decisivamente a la necesaria toma de conciencia por parte de la ciudadanía de los peligros y problemas que crean cierto tipo de industrias que, en la era del cambio climático, ya deberían ser parte del pasado.”

Pues eso. Además, el 11 de enero en Zafra (Plataforma Ciudadana, Adenex) y el 17 de enero en Cáceres (Foro Otro mundo es posible). Más fechas y lugares, pendientes de confirmación. Aceptamos sugerencias.Parecemos los cómicos del carro,oye. Por cierto, próximamente podrá descargarse íntegro de http://www.kinoki.org y http://www.rebeldemule.org.

http://media.imeem.com/v/lTl4IMBgWm/aus=false/pv=2

ARMAMENTO IMAGINATIVO

El Gabinete de Iniciativa Joven extremeño nos alegra la vida de nuevo, programando para diciembre en Badajoz el Tercer Encuentro con Financiadores “La Pasta 3.0”, “un encuentro que tiene como objetivo ser una guía para que cualquier emprendedor que quiera plantar la semilla empresarial en nuestra región, sea capaz de encontrar las condiciones climatológicas necesarias y busque los elementos fertilizantes para que su impulso se transforme en una empresa vigorosa y fructífera”. Como puede leerse, no falta el empeño alegórico del redactor de turno, con el recurso al medio natural de por medio, tan típico de las corporaciones sin escrúpulos y de las instituciones de gafa de pasta. En fin, que “tendrá lugar la jornada de puertas abiertas, en la que podrás descubrir experiencias empresariales de éxito de nivel nacional e internacional de la mano de sus artífices y principales gestores (sic)”. Una de ellas será INDRA, a través de su director general. Una empresa ya establecida en Extremadura, por cierto.
¿Y qué es INDRA?. Pues para la hoja parroquial, en cuya cabecera pone “El Periódico (Extremadura)”, experta en transcribir las notas de prensa de sus clientes camufladas de información -y en este caso es textual, coincide con la información corporativa en la web de la corporación- Indra “es una compañía española dedicada a la investigación y desarrollo tanto de tecnologías de la información como sistemas de defensa. Considerada como una de las compañías punteras del sector, entre sus principales actividades está la consultoría, el desarrollo de proyectos, la integración de sistemas y aplicaciones en los campos de las tecnologías de la información, la simulación, los sistemas de mantenimiento y equipos electrónicos de defensa.Tiene presencia en más de 50 países de los cinco continentes, con filiales en EE.UU., China, Portugal y Brasil, entre otros. Así, un tercio del tráfico aéreo mundial y los principales metros del mundo (como Madrid, Barcelona, París, Shangai, Atenas y Santiago de Chile) utilizan tecnología de Indra. La compañía española también ha desarrollado sistemas digitales para procesos electorales, elaboró la red de defensa aérea de España y fabrica simuladores de aviones y helicópteros.”

También podría haber dicho, documentándose un poco -¿qué estaría haciendo la becario o el becario de turno?- que INDRA es “la tercera empresa de la industria militar española, 381 millones de euros en venta de equipos militares el 2002, por debajo de CASA (642 m.e.) e IZAR (451 m.e.). Primera empresa española en el sector de la electrónica, comunicaciones e informática militar. Principal suministrador militar exterior de los Estados Unidos, en concreto de la US Navy (Marina de los EEUU). Participa en los principales programas de armamento del Ejército español: Eurofighter (simulación, sistemas automáticos de mantenimiento, sistemas embarcados); F-100 (comunicaciones y sistemas de combate); Leopardo (comunicaciones, dirección de tiro); Pizarro. Otros productos militares: sistemas automáticos de mantenimiento (F-1, F-18, Harrier II Plus); simulación (F-16, C-101, A-7, F-18, Harrier II Plus, LAMPS); sistemas y equipos electroópticos (direcciones de tiro AMX-30, DORNA, FELIS, SIRO); sistemas y equipos embarcados; misiles; satélites militares; radares; defensa aérea; mando y control; guerra electrónica”.

En la práctica, no existe un conflicto bélico en el mundo en que no participe esta empresa a través de productos o servicios. Así pues, muy imaginativo el negocio de INDRA (uno de los dioses de la cultura védica hindú, el señor guerrero, dios de los rayos y las truenos:el nombre más apropiado para una empresa de tecnología de la información). Unos cafelitos anaranjados y, hala, a imaginar que nos da una conferencia algún hombre hecho a sí mismo, que encuentra la “pasta” compartiendo ideas y pensamientos con ángeles mofletudos, conversando bucólicamente en las serenas planicies del alma. La realidad es bien otra -como la buena literatura alegórica también-. La sangre no salpica nuestras mullidas alfombras. Y las llaves doradas que tienen en la mano empresas como INDRA para abrir tantas puertas quizás deberían exponerse bien a la vista, pero no precisamente para servir de ejemplo, sino todo lo contrario. Aunque, bien pensado, llegan al sitio justo en el momento adecuado. Nada, nada, armamento. Que no den ideas, conste.

http://www.antimilitaristas.org/article.php3?id_article=2253
¿QUE ES INDRA? ( El Periódico Extremadura – 18/10/2006 )

EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

De los dos amigos, uno era actor, y el otro… no sabía exactamente qué era. Les vio como entre sueños.
El actor era un tipo guapo, y sin embargo no conseguía ligar. Eso estaba claro. Iba y venía de una habitación a otra, hablaba, no conseguía centrarse, un rechazo real o figurado le llevaba, espasmódico, a un nuevo intento.
El otro… Se acercaba a ella de vez en cuando, le preguntaba si estaba bien, era tocón… No le “decía” nada.
Salieron de la fiesta. Fueron, como se va a veces, a tomar algo. La noche, para ella, estaba en ese punto en que todo puede pasar, hasta irse a la cama con el otro, pero para eso tenía que haber cama, llegar a ella, y, además, superar esa repulsión que sentía. Esperaba no tener que hacerlo. Se centró en el actor: el pelo moreno en una onda natural sobre la frente, el rostro amplio, con algunas arrugas que no estaban mal, los ojos de un color que le gustaba, entre gris y azul, muy bonitos.
De todos modos, los dos eran altos, tenían buena planta, estaban razonablemente bien vestidos, y, en fin, eran una suficiente compañía.
El lugar tenía una terraza de verano, con plantas trepadoras y una palmera. Varias mesitas sobre la grava. Una barra al fondo. Se oía el mar.
En las mesas más cercanas: una pareja de chicas, cuatro muchachos jóvenes sin chicas, grupos de gente mayor. Una de las chicas de la mesa de al lado era bastante fea. Uno de los muchachos de la otra la miraba bastante, o eso le pareció. Se desentendía de la conversación y le fijaba los ojos durante rato. Le tenía justo enfrente. Ella le miró también. Camisa blanca, frente bonita, ojos oscuros, un poco enclenque… El típico adolescente que parece más de lo que es, especialmente en una noche aburrida como ésta. De todos modos, era demasiado joven, y no haría ningún intento suficiente. Especuló con la posibilidad de acercársele o de que se le acercara.
– ¿Estás bien, reina? – Era el tocón, que le ponía la mano encima de la suya. Él la tenía morena, pelos en el dorso ancho y plano, dedos más gruesos en la base que en el extremo de las uñas, con las articulaciones claramente visibles. Era un tipo de mano que no le gustaba nada. Le recordaba las aletas de un pez, las manos amputadas de un delfín. Sacudió su mano un poco, y se la llevó a la gargantilla como para colocársela. Cabeceó distraídamente y empezó a hablar con el actor. Le preguntó si, como había dicho antes, estaba decidido a cambiar de trabajo. El actor le dijo que no, que eran cosas que se decían cuando estabas harto, pero que al día siguiente estaría igual.
Le pareció un planteamiento decepcionante. Le gustaba que la gente dijera lo que iba a hacer en serio, no así.
Dejó que los dos amigos siguieran hablando. No hacía falta ser un lince para darse cuenta de que la suya era una amistad muy relativa, que ni siquiera al calor del alcohol alcanzaba a animarse. El tocón era desvaído hablando, a veces cambiaba de tercio de repente para soltar una anécdota insulsa, por ejemplo sobre un camarero que no aguantaba el calor de España, otra sobre alguien en un viaje a Marruecos, también relacionada con el calor… Su amigo soltaba observaciones del tipo: “si hubiera sido sevillano, en vez de quieto al sol estaría con una Sanmiguel en un chiringuito, ja ja”; ninguno de ellos se lo pasaba realmente bien con el otro, o eso le parecía. Un coñazo.
El adolescente la miraba otra vez. Se levantó de repente y le dijo a los otros: “voy a pedir un vaso de agua”. Les rodeó, y pasó entre la mesa de los muchachos y la de las dos chicas. La fea llevaba una camiseta pistacho, casi del mismo color que la de la camarera en la barra. Le pidió a la camarera el agua. Esperó un rato, con el vaso en la barra, semisentada en uno de los taburetes, de espaldas a las mesitas. La música estaba demasiado fuerte, era una tía que cantaba con voz rara en español.
El otro se le acercó. El actor estaba en el otro extremo de la barra, ante la caja, pagando la cuenta.
– ¿Te vienes? – le tendía su bolso, que ella había dejado sobre la mesa.
– Sí. Llévamelo, ¿quieres? – Al menos, que sirviera de algo. Nunca le gustaba llevar el bolso colgado, estaba bien que alguien le hiciera de porteador. Además, se cogió de su codo cuando sus tacones se hundieron en la gravilla, al bajarse del taburete.
Bajaron en silencio por la calle oscura. El siguiente portal iluminado era un bar de copas cutre, con grandes carteles en cartulina escolar anunciando una oferta en jarras de cerveza y hamburguesas. Decidieron ir hacia una discoteca, un nombre raro que ella no captó, que estaba hacia el centro. Por el camino ya verían.
Ella estaba alojada en casa de su hermana, conociendo la ciudad. Su hermana estaba casada, tenía hasta un hijo. Vivía en una urbanización de las afueras, había que tomar un taxi para llegar, esta noche le había dicho que igual dormía fuera.
El actor y el otro iban ahora hablando de una casa que se había comprado uno de los dos. Prestó más atención: era el tocón, y al parecer estaba a punto de empezar a arreglarla. Los dos intercambiaban opiniones insulsas. El actor que si el color esto y si el color aquello. El tocón que si iba a poner tierra de Toscana en el patio, ella creía que era tierra de Siena a lo que se refería, pero no dijo nada. También hablaron del tipo que le había vendido la casa, y de un compañero de estudios común que era el que se la iba a arreglar. En la siguiente puerta abierta al público, dos farolillos, una alfombrilla en la acera y un tiparrón en ella. Hizo un intento:
– Bueno, chicos, yo me quedo aquí.
– No, si aquí veníamos todos. ¿Te ha sentado bien el paseo?
– ¡Que no estoy borracha, joder! – Le cogió el bolso de un tirón y se coló por la puerta adentro. Por desgracia, las sandalias eran nuevas y la tirita del tobillo se había soltado en una de ellas, así que dio un traspiés en el primer peldaño de la escalera, y tuvo que agarrarse al pasamanos.
– ¡Se me ha roto la sandalia!
– Pues yo no le veo nada. – El tocón se agachó a su lado, y le cogió el empeine entre las manos. Se lo sacudió. Aunque llevaba medias, unas de esas doradas finísimas sin talón ni puntera, a su tobillo no le gustó el contacto. – Lo que estás es mareada.
– Lo que tú digas- le contestó de mal humor. El actor ya había bajado las escaleras, le veía en la barra. El local no era grande. Vio que se daba la vuelta hacia ellos, y volvía a subir.
– ¡Se les ha acabado el… – Una marca que ella no retuvo, aunque sabía que era de whiskie bueno- ¿Te lo puedes creer! ¡Vaya mierda! – Y, bruscamente:- Yo me voy a casa. ¿Os acerco a alguna parte? Tengo el coche ahí enfrente.
El tocón la empujó hacia arriba, mientras le contaba que su amigo era tan previsor que cuando salían dejaba el coche aparcado aquí porque así, cuando acababa la noche, no había que andar más, y lo bien que eso les había venido a veces, y que en alguna ocasión iban tan… tan, que se habían quedado dormidos los dos antes de arrancar, y…
¡Apasionante, vamos! Se dejó llevar hasta la acera, sin embargo. El coche era un turismo mediano. Dentro olía a nuevo, a tapicería, a plástico de salpicadero, a fábrica, a lo que fuera que huelen los coches cuando están nuevos (no los mercedes, por poner un ejemplo, sino estos) que a ella le desagradaba profundamente. Abrió la ventanilla. Por algún motivo no difícil de comprender, el tocón y ella estaban en el asiento de atrás, como en un taxi, y nadie preguntó a dónde iban. ¡Un taxi! Vio la parada en la avenida. El coche se detuvo ante un semáforo en rojo, luego runruneó como si el actor estuviera dispuesto a pasárselo en rojo o se sintiera impaciente. Nadie decía nada. Ella agarró su bolso y la manecilla de la puerta, entreabriéndola.
– Mi hermana vive justo ahí – mintió.– Gracias por las copas.
Salió y se encaminó hacia la parada de taxis. No le extrañó que el tocón se fuera detrás de ella unos segundos más tarde, mientras el coche del actor giraba a sus espaldas. Pasaba por detrás de una parada de autobús desierta, donde esperó a que él se le reuniera.
– ¿De verdad no te apetece otra copa? Mi casa no está lejos…
– Creía que habías dicho que sí…
– No, ésta es mi casa nueva. Ven, te la enseñaré. – Ya le estaba pasando el brazo derecho por la cintura.- Me puedes dar alguna idea para la decoración.- Ya la estaba empujando suavemente en la dirección correcta.- No sé qué colores le irían bien. Tú, que tienes buen gusto… No hay más que ver cómo vistes… – Lo que distinguía su ropa, como ella sabía bien, era sobre todo que era cara. Bastante más que la suya.- Seguro que tienes un piso precioso en Madrid.
Seguro, aunque no era en Madrid donde vivía últimamente, sino en Alcalá, pero para estos era igual. Decidió darle una oportunidad, y le sacó conversación durante cuatro calles. Que si en qué trabajaba, que si cuales eran sus aficiones, que si tenía hermanos, que cuanto le había costado la casa, que si la había comprado a un particular o por inmobiliaria… Se le estaba acabando la conversación cuando llegaron. La casa tenía un dintel de granito grande pero también un peldaño espantoso de mármol mortuorio en la entrada y una puerta de aluminio y vidrio sin pintar, y por dentro era horrible, con las mismas ventanas y suelos de baldosas viejas y falsos techos de escayola que alguien, seguramente el propio tocón, había roto en algunos lugares para dejar el techo antiguo al descubierto, y también una ventana de madera buena. Le explicó qué reformas iba a hacer, dónde iría el salón y dónde la galería. La cocina era estrecha y tenía los únicos muebles que había visto en la casa: una vitrocerámica aún embalada y un frigorífico grande colocado en el centro eran evidentemente nuevos; el resto, estantes de fimapán pintados de blanco con una especie de molduritas doradas, que aparentemente él no pensaba cambiar.
-¿Dónde está el baño?
Humildemente, el tocón la acompañó por otro pasillo hasta una puertecita. Al otro lado, estaba otra habitación, ésta amueblada con una alfombra en el suelo, y, sobre ella, un colchón grande con sábanas y al lado, a modo de mesilla, una caja cubierta con una tela y un par de veleros en el suelo, que él fue a encender con un mechero. Le dio uno:
– No hay luz todavía.
– Espero que sí agua. ¡Ponme algo de beber! –le pidió a través de la puerta cerrada. Cuando oyó que él iba hacia la cocina, la abrió sin hacer ruido, y cruzó el estrecho pasillo hasta el umbral del improvisado dormitorio. No se veía ropa, nada más que el colchón y la caja al lado y un arconcillo imitación antiguo que, descubrió al abrirlo, no tenía nada dentro. Apagó la vela, la dejó en el mismo pasillo y se fue hacia la cocina.
– Quiero irme de aquí. Me has traído a un picadero. Si quieres, vamos a tu casa, pero a tu casa de verdad.
– Es que vivo con… – Él se interrumpió, con dos vasos en la mano y la puerta del frigorífico abierto.- No vivo solo.
– Ya – dijo ella. Se dio la vuelta y se fue hacia el dormitorio. Él se lo había buscado. ¡Sería cutre…!
– No hay hielo – dijo él entrando, con los vasos en la mano y unas botellas, una de ellas una cocacola medio vacía, encajadas entre el brazo y el cuerpo.
– Da igual – dijo ella.– Pero no quiero hacerlo aquí. Quítate la ropa y vente conmigo.
Le llevó al patio que él le había enseñado antes, diciéndole que iba a transformar la mayor parte en una galería. Abrió la puerta corredera, asombrándose de que se deslizara suavemente, sin chirriar ni nada. Una vez fuera, echó un vistazo alrededor. Había un parterre con hierbajos y una especie de banco corrido de azulejos oscuros. A la luz de las farolas de la calle se veía estrecho, pero no sucio.
El tocón no quiso salir al patio. Se quedó mirándola, bajo el quicio de lo que iba a ser galería y ahora era solo una uralita colocada de mala forma bajo el balcón del vecino de arriba, donde no se veía ninguna luz. Tampoco en la tercera y última planta.
-¿No quieres tu copa? – Le tendía uno de los vasos, y susurró como si temiera despertar a alguien.
– ¿Qué… viven encima tus padres? – Se le acercó y cogió el vaso. Por lo menos se había quitado la ropa, llevaba sólo las sandalias puestas. Debía de ser de pies delicados.
– Ya te he dicho que no. Ven adentro.

Adentro, pues. En el dormitorio, se tumbaron con la espalda apoyada en la pared, ella se dejó tocar pero no acabó de reclinarse tanto que pareciera que iban a hacer el amor. El tocón del tocón estaba empinado, pensó, y le hizo gracia. Se levantó a rellenar los vasos otra vez.
– Bebes como una esponja – le dijo él.
– Claro que sí- contestó ella, que había vaciado la mezcla calentorra de cocacola y ginebra entre la pared y el colchón en su lado. Al fin y cabo, no pensaba quedarse a dormir. Hizo lo mismo con la siguiente copa, y a él le picó para que bebiera una tercera. Él comprobó solemnemente que el vaso de ella estaba vacío, metiendo un dedo dentro.
– Olemos como una destilería – dijo estropajosamente. Cada vez estaba más dormido y menos afanoso. Pero no lo bastante dormido todavía. Seguía metiéndole mano debajo de la falda, arremangándole la camiseta hasta el pecho, bajándole el top, luchando con él como si fuera un sujetador de cierre. Ella se levantó e hizo que él se levantara también, le condujo hasta la entrada. Le dijo que esperara y volvió al cabo de unos segundos, con el pantalón de él para arrodillarse encima. Le toqueteó un poco el pene sin metérselo en la boca. Luego lo dejó a un lado y se volvió a levantar.
– ¿A dónde vas?
– A la cama – dijo ella.- ¿No querías follar?
– Eres una reina – dijo él con la misma voz aguardentosa.- La siguió por el pasillo, intentando tocarle el culo. Ella se metió en el baño sin cerrar la puerta, cuando él entró le dijo que la esperara en la cama, que quería mear.
– ¿Otra vez? – Pero se entró al dormitorio y se debió tumbar. Ella hizo pis sin dejar que sus nalgas rozaran siquiera la taza, que imaginó asquerosa. Palpó a su alrededor hasta encontrar papel, luego fue al lavabo, dejó correr el agua y se lavó, secándose con el papel. Al salir lo tiró al suelo. Él estaba, efectivamente, sentado en la cama, borracho ya como una cuba. Ella cogió el vaso y el velero con la vela encendida y las sandalias que él había dejado al borde de la alfombra. Le hubiera gustado tener papel para dejarle una nota.
– ¿A dónde vas ahora? – oyó la voz quejumbrosa a sus espaldas mientras recorría el pasillo.
– ¡A por agua! – contestó sin volverse. Fue hacia la cocina, abrió el grifo del fregadero, puso debajo el vaso y lo dejó abierto, luego caminó hasta la entrada, recogió los pantalones de él del suelo, extrajo la cartera, recogió su bolso, que antes había dejado al lado de la puerta de entrada, echó dentro el dinero que encontró (no era mucho, unos cien euros) y dos tarjetas de crédito, luego volvió a meterla en el bolsillo del pantalón. Lo dejó en el suelo otra vez, con una de las perneras encima del velero.
Cuando salió, con las sandalias del tocón aún en la mano, la tela ya estaba empezando a arder. Con el móvil del tocón, que antes había metido en su bolso, marcó el número de información y preguntó el número de teléfono de unos taxis locales. De camino hacia la parada de bus y taxi donde habían estado antes, tiró las sandalias en una papelera.

Ana Baliñas, “Los sueños”, 2006

¡AL INFIERNO UN POCO!

Irregular, hijoputa -me dijo Escohotado que se lo llamara: él sabrá-, patético. Pero, “Los chicos”, no sé, me puede. Que le jodan: se hace uno mayor. Y una vez cada diez años, Calamaro no hace daño.

Si te toca ir arriba antes que yo,
porque existe la vida eterna,
lleva de parte mía un cucumelo,
por si no llovía en el cielo.
Y de parte de los 22,
se lo das al chico, cuartetero,
y dale un abrazo muy largo,
a mis amigos que se fueron primero.
También lleva algunas canciones de nosotros,
que van a causar gran posterioridad,
supongo que habrá una ciudad entera
y me sirve de consuelo, si me esperas allá.
Muchos amigos se fueron antes que yo,
y me dejaron solo,
por eso si el invierno hace frío,
también bajo al infierno un poco.
Supongo que nadie se va del todo,
espero que exista algún lugar,
donde los chicos escuchen mis canciones,
aunque no los escuche opinar.
Toma una lista de mis amigos
quiero convencerlos que vuelvan conmigo,
si no van a esperar mucho, y hace mucho
que los quiero ver.
Por eso si el invierno hace frío,
también bajo al infierno un poco,
al infierno un poco.
Toma una lista de mis amigos,
quiero convencerlos que vuelvan conmigo,
si no voy a esperar mucho, y hace mucho
que los quiero ver.

“Los chicos”, “La lengua popular” (2007) Andrés Calamaro

LA FAMILIA BIEN, GRACIAS

Pedro Camello, el autor de tebeos y primo de un servidor, figura entre los cinco finalistas a mejor dibujante del Estado en el X Salón del Cómic de Madrid, Expocomic, que se celebrará la semana entrante en la metrópoli. El quinteto es de aúpa, así que más prestigio para el coleto del creador de “Guido el negro”. El dibujante de la saga “Treyes” (guión de Eduardo Cubera, por cuyo último episodio está propuesto al premio) además de talento (finalista en su día a los premios Eisner, en EEUU, nada menos) tiene el aplomo necesario para no explotar de vergüenza ajena, dada la proyección de su trabajo y el reconocimiento que merece en su tierra disponer de un artista de su categoría. En la entrevista en la radio pública que perpetró contra Pedro el pandillero Marce Solís pudimos escuchar cómo el avejentado agitador de la “stasi regional” se documenta, tras su luminoso comentario “¡anda, si he mirado en el google y resulta que eres famoso!”.Tomás González, desde su librería cacereña “Todolibros”, ha sabido atisbar a tiempo el brillo de este artesano del lápiz y la imaginación: parte de su obra puede encontrarse en ella. En el Salón, además, el otro autor cacereño, Fermín Solís, está propuesto en la categoría de mejor guionista. Mientras tanto, la vida sigue igual.Y a mucha honra.