Mes: febrero 2009

LLAMAMIENTO

“…la idea aún vigente de que el mejor derecho y la justicia más justa, de quererlos de verdad, de no dejarlos en manos del destino o de Dios, solamente pueden salir del cañón de una escopeta” entronca con ese “oscuro amor propio que los siglos de infamia que un pueblo oprimido, un pueblo vencido, hacía pesar sobre la ley y sobre los que eran instrumento de ella”. En palabras de Sciascia y en referencia a su pueblo siciliano. Existen señales de advertencia, desde uno y otro bando. Yo no haría excesivo caso omiso, aunque se me tilde de apocalíptico. Miren si no, lo que cuesta una pancarta (¿se puede decir otra verdad mayor que “políticos, sobráis”?) y cantar algunas consignas que se oyen en las calles mucho antes de los sucesos de Castilblanco. Mes tras mes, se suceden hechos semejantes, intimidantes,represivos, castrantes, liberticidas y sólo en una pequeña comunidad como la nuestra. Mientras tanto, los conductores de carritos del Carrefour no nos damos, aún, por aludidos.

Extraído de Kaos en la Red:

“En Cáceres el día 18 de diciembre se dio una charla informativa sobre las actuales movilizaciones de la sociedad griega. Como apoyo a esta lucha el día 20, jornada mundial de solidaridad con Grecia, nos concentramos unas dieciséis personas en la plaza de Sta. María. Allí desplegamos unas pancartas de solidaridad con Grecia y con los detenidos en los actos de Madrid y Barcelona, gritando consignas tales como “Libertad detenidos”, “Policía asesina” y “Abajo los muros de las prisiones”.

A los pocos minutos apareció una pareja de policías nacionales, que de una forma agresiva nos pidió la documentación, que facilitamos sin negativa. Ellos se negaron a darnos su número de placa así como explicaciones del motivo de la identificación. Fué entonces cuando comenzó una discusión y la Policía pidió refuerzos. Identificaron a once personas y mientras comprobaban los datos nos amenazaron con frases como “hoy vais a acabar muy mal” y “no sabéis con quien estáis hablando”, al cabo de una media hora nos devolvieron la documentación y continuamos la protesta por el centro de Cáceres.

A mediados de enero, nos llegaron denuncias a seis de los presentes en la concentración, en las que se nos acusaba de una falta por “desórdenes públicos”, concretamente por “desobediencia y falta de respeto a la autoridad”.

El juicio tuvo lugar el 16 de febrero. La Fiscalía trató de demostrar nuestra culpabilidad argumentando que los gritos de “policía asesina” iban dirigidos a la policía española y no a la griega, por lo que tendrían carácter ofensivo, y que nos negamos a identificarnos, porque según la policía pasaron veinte minutos hasta que accedimos a ello.

En nuestras declaraciones dejamos bien claro que en ningún momento nos negamos a la identificación (transcurrirían unos cinco minutos como máximo), de hecho fué la policía la que no se identificó. Por otro lado, declaramos que los gritos de “policía asesina” iban dirigidos a la policía griega (que efectivamente ha matado a un joven), siendo prueba de ello las octavillas alusivas al tema, que estábamos repartiendo y las fotos en las que se pueden ver nuestras pancartas. El juez en ningún momento nos prestó excesiva atención (tal vez porque como dice el informe policial, nuestra indumentaria nos delata como “ultraizquierdistas”) y esto lo confirma la sentencia del veinte de febrero, en la que el Magistrado da por bueno el relato de los hechos de la policía, incluso manifiesta que nos impondría una pena mayor si la petición de la Fiscalía no le limitara.

En resumen, se nos sentencia a pagar seis multas. Una de 300€ para el presunto “cabecilla del grupo” (¡!) y cinco de 200€, es decir, 1.300€ a los que hay que añadir los costes judiciales. Disponemos de una semana de plazo para presentar el recurso.

Estos hechos, más allá de la injusta pena que recae sobre los implicados, supone un flagrante y alarmante ataque a la libertad de expresión y del uso social de la calle, ataque que no es a nosotros, si no a toda la sociedad.

Somos conscientes de que esta sentencia tiene por objetivo asustarnos para que no volvamos a tomar parte en ningún acto de solidaridad y apoyo. Tiene por objetivo limitar la libertad de expresión a tres o cuatro opiniones oficiales, castigando aquellas atípicas y/o “peligrosas”. Persigue también hacer de la calle un lugar solamente de tránsito o compras, acabando con su función de lugar de encuentro y disfrute, donde poder expresar opiniones o realizar actividades políticas, artísticas o de otro tipo.

Consideramos esto, ya que el que nos atañe no es un hecho aislado, sino que últimamente asistimos a una serie de cambios (nuevas leyes, ordenanzas ciudadanas, cámaras de vídeo-vigilancia, violencia policial…) que nos prohíben a la gente derechos naturales tan básicos como jugar o cantar, protestar o disentir, en definitiva, hacer uso de lo que es de todos, la calle.

Llamamos por tanto a los colectivos de Cáceres y a sus gentes en general, a solidarizarse con nosotros en los actos que puedan organizarse desde ahora y a defender sus derechos a la libertad de expresión, de movimiento y de intimidad frente a los ataques del poder político y económico.

EL SILENCIO DE LOS EMPATES

Me comenta Ana que, a pesar de la media docena de goles frente al Betis, lo del saloncito nuestro el sábado pasado le recordaba más bien “el silencio de los empates”. Escéptico que es uno, aunque no tanto como aguda ella. En fin, quien hubiera pillado ese silencio anoche. Porque, que un israelí cabecee a gol en el minuto 83 (el mismo y fatídico minuto que hace 27 años en París, cuando lo hizo un tal Kennedy con la misma camiseta y contra el mismo rival) en favor del equipo de la ciudad de los Beatles, en cuya alineación figuran un ex del Atleti, otro del Castilla, otros de la Real, el Villarreal o el Espanyol, más gente procedente del Valencia o el Racing, o el sobrino de Leivinha, siendo además su entrenador el tipo que subió al Almendralejo a primera, población cuyo nombre escrito sobre una bandera extremeña aparecía en pantalla a cada momento, parecen, en fin, demasiados factores para no hacer meditar a cualquiera sobre el cálculo de probabilidades. Y si encima Aznar está en el palco; el presidente del club se apellida como un insulto argentino y hace, además, honor a ello; el peinado de Mijatovic ejerce de evidencia, Cannavaro se afeita la cabeza como un busto boca arriba de Benito, y el tal Guti luce bigotillo de mando de la Reichwehr, pues la cosa se hace imposible. Señales las hay a manta…Pero, hasta los Beatles echaron un borrón. Voy a buscarlo afanosamente, a ver si lo encuentro…

DE PURA FELICIDAD

Algún día
todas las contradicciones volarán por su propio peso
dinamitando el aire
sin duelo, sin espasmos
como un dúo de pájaros.
No habrá torres más altas.
Los alambres de espinos se arañarán el corazón
y el papel moneda arderá solo
en la cripta embrujada de los bancos.
Entonces será el día.
Volveremos a vivir como siempre quisimos.

Entonces temblaremos de pura felicidad
y aprenderemos a temblar de pura felicidad.

Ana Baliñas
Poesía / La muerte entre dos viajes / Puntos subversivos (1998)

EL BROMISTA

Allá por 1978, recién empezado el bachillerato, el dinero de la paga de varias semanas se fue en el albúm “Dire Straits”, que incluía “Sultans of swing” y por entonces parecía el colmo de la sofisticación. Parece que habían pasado años, pero sólo fueron doce meses lo que tardó Mark Knopfler en meter la guitarra en un albúm de Dylan, el redentorista “Slow train coming”. Y ya en el 83 -cuando “Like a rolling stone”, “Hurricane”, “Man gave name to all the animals” y “Changing of the Guards” me parecían su cumbre, y yo ya estudiaba lejos de casa- Bob Dylan publicó “Infidels”, un disco con una magnética portada que sin embargo parece sólo un retrato. Producido ya por Knopfler, “Infidels” se abría con la que a día de hoy es, junto a “Ring the bells”, mi preferida del inmenso cancionero dylaniano. Se llamaba “Jokerman” (“Bromista”), incluso se produjo un hermoso video de ella que grabé en nuestro Betamax del 82 para a continuación verlo un millón de veces, o más. Contenía una literatura beata, pero excepcional. Para muestra, “La libertad te espera a la vuelta de la esquina/ Pero con la verdad tan lejos / ¿de qué te puede servir?” Una canción que me permitió dejar de mirar a Dylan por el ojo de la cerradura, para a continuación admirar a sus admiradores. Y hasta hoy.

Quieto sobre las aguas
repartiendo tu pan…
mientras brillan los ojos de tu
ídolo con cabeza de hierro.

Barcos lejanos
navegan hacia la bruma.

Naciste con una serpiente
en tus dos muñecas…
mientras un huracán soplaba.

La libertad te espera
a la vuelta de la esquina.
Pero con la verdad tan lejos,
¿de qué te puede servir?

El bromista baila al compás
del canto del ruiseñor.
El pájaro vuela alto
bajo la luz de la luna.

Bromista.

El sol se pone tan deprisa
en el cielo.
Te levantas
y te despides de nadie.

Los tontos se apresuran a entrar
donde los ángeles temen andar.
Sus futuros, tan llenos de
miedo, tú no los revelas.

Quitándote otra capa de piel,
siempre un paso por delante
de tu propio acusador.

El bromista baila al compás
del canto del ruiseñor.
El pájaro vuela alto
bajo la luz de la luna.

Bromista.

Eres un hombre de las montañas,
puedes caminar en las nubes.
Manipulador de multitudes,
eres un tergiversador de sueños.

Vas a Sodoma y Gomorra,
¿pero qué te importa?
No hay nadie allí que quiera
casarse con tu hermana.

Amigo del mártir y de
la mujer avergonzada.
Miras dentro de
la caldera ardiente…
y ves al rico sin nombre.

El bromista baila al compás
del canto del ruiseñor.
El pájaro vuela alto
bajo la luz de la luna.

Bromista.

Bueno, el Levítico
y el Deuteronomio,
la ley de la selva y el mar
son tus únicos maestros.

En el humo de la penumbra
sobre un corcel blanco…
Miguel Ángel podría haber
esculpido tus rasgos.

Descansando en el campo,
lejos del turbulento espacio,
medio dormido
cerca de las estrellas…
mientras un perro
te lame la cara.

El bromista baila al compás
del canto del ruiseñor.
El pájaro vuela alto
bajo la luz de la luna.

Bromista.

Bueno, el hombre del rifle,
está persiguiendo a los
enfermos y a los cojos.
El predicador quiere lo mismo.
¿Quién llegará primero?
No se sabe.

Bastones y cañones de agua,
gas pimienta y machetes,
cócteles Molotov y rocas
detrás de cada telón.

Jueces de falso corazón
muriendo en sus propias redes.
Es sólo cuestión de tiempo
para que la noche llegue.

El bromista baila al compás
del canto del ruiseñor.
El pájaro vuela alto
bajo la luz de la luna.

Bromista.

Es un mundo de sombras,
los cielos son grises.
Una mujer dio a luz un príncipe
hoy y lo vistió de rojo.

Él pondrá al cura en su bolsillo
y a la espada en el calor,
sacará a los huérfanos
de las calles…
y los dejará a los
pies de una prostituta.

Bromista, tú sabes
lo que él quiere.
Bromista, tú no muestras
ninguna reacción.

El bromista baila al compás
del canto del ruiseñor.
El pájaro vuela alto
bajo la luz de la luna.

http://video.google.com/googleplayer.swf?docid=4563840669393845579&hl=es&fs=true

Standing on the water, casting your bread
While the eyes of the idol with the iron head are glowing
Distant ships sailing into the mist
You were born with a snake in both of your fists while a hurricane was blowing
Freedom just around the corner for you
But with truth so far off, what good will it do.

Jokerman dance to the nightingale tune
Bird fly high by the light of the moon
Oh, oh, oh, Jokerman.

So swiftly the sun sets in the sky
You rise up and say goodbye to no one
Fools rush in where angels fear to tread
Both of their futures, so full of dread, you don’t show one
Shedding off one more layer of skin
Keeping one step ahead of the persecutor within.

Jokerman dance to the nightingale tune
Bird fly high by the light of the moon
Oh, oh, oh, Jokerman.

You’re a man of the mountain, you can walk on the clouds
Manipulator of crowds, you’re a dream twister
You’re going to Sodom and Gomorrah
But what do you care ? Ain’t nobody there would want marry your sister
Friend to the martyr, a friend to the woman of shame
You look into the fiery furnace, see the rich man without any name.

Jokerman dance to the nightingale tune
Bird fly high by the light of the moon
Oh, oh, oh, Jokerman.

Well, the Book of Leviticus and Deuteronomy
The law of the jungle and the sea are your only teachers
In the smoke of the twilight on a milk-white steed
Michelangeo indeed could’ve carved out your features
Resting in the fields, far from the turbulent space
Half asleep near the stars with a small dog licking your face.

Jokerman dance to the nightingale tune
Bird fly high by the light of the moon
Oh, oh, oh, Jokerman.

Well, the rifleman’s stalking the sick and the lame
Preacherman seeks the same, who’ll get there first is uncertain
Nightsticks and water cannons, tear gas, padlocks
Molotow cocktails and rocks behind every curtain
False-hearted judges dying in the webs that they spin
Only a matter of time ‘til the night comes stepping in.

Jokerman dance to the nightingale tune
Bird fly high by the light of the moon
Oh, oh, oh, Jokerman.

It’s a shadowy world, skies are slippery gray
A woman just gave birth to a prince today and dressed him in scarlet
He’ll put the priest in his pocket, put the blade to the heat
Take the motherless children off the street
And place them at the feet of a harlot
Oh, Jokerman, you know what he wants
Oh, Jokerman, you don’t show any response.

Jokerman dance to the nightingale tune
Bird fly high by the light of the moon
Oh, oh, oh, Jokerman.

1862

De paseo por los alrededores del pueblo, a la vera de un hermoso -pero parco en aguas- meandro del arroyo en su andar hacia el Salor, aparecen los restos de un molino que da cuenta de cómo sería el cauce un siglo y medio atrás: impresionante. Una inscripción junto a la puerta probablemente data su fábrica. “Año de 1862”, dice. Llevado por la curiosidad, buceo en busca de una publicación periódica de la provincia en esa época y hallo “El Eco de Extremadura”, cuyo subtítulo, amén de expresivo, es irreprochable: “Periódico de intereses materiales”, proclama. Chúpate esa. Esos eran tiempos. Dobleces, las mínimas. En su número de diciembre de 1861 y anteriores, incluye el periódico un extenso artículo de opinión sobre el espinoso asunto de las inversiones en el ferro-carril para la provincia. Leerlo es llorar: avanza una derrota de la que esta tierra aún no se ha recuperado. Y en su página tres, en la sección “Gacetilla”, y teniendo en cuenta que se había obsequiado previamente a los abonados con una participación de lotería en el número anterior, puede leerse una deliciosa proclama: “Lo siento señores. Nuestros abonados habrán visto en su lista de lotería que hemos tenido la suerte de no sacar premio alguno. Más vale así, hubiera sido mucho trabajo el de repartir un dividendo”. Bárbaro. A continuación, las gracias se vuelven uñas: “A quien corresponda. creemos que sería muy prudente para tranquilizar al vecindario de esta población que la autoridad averiguara con qué recursos cuentan tres o cuatro malhechores que viven entre nosotros…”. Acerca del molinero aquel, en su castillo, a buen seguro no habría dudas, exiliado en su horizonte de labor imprescindible, viviendo entre piedra, madera y agua. Todavía a salvo. Como la prensa.

MALDITOS HIPÓCRITAS

Maldita pandilla. ¡Se escandalizan a un lado y a otro del Hotel Ritz, juristas y políticos, porque las televisiones recuerdan a día de hoy aquellos tiempos de Alcàsser, con las tripas de las niñas expuestas al viento! ¿Cómo se pagó aquello, aquella carnicería mediática de la mano de Nieves Herrero, origen de tanta basura? Que se lo pregunten a Vara y a la pandilla de descerebrados que tiene empleados en su canal público, capaces, como tantos otros canales públicos de televisión, de darle empleo, un dineral y cancha para divertirse a Nieves Herrero, esa vociferadora, esa, como tantos otros, inmundos cómplices de la avaricia, el salvajismo y el oscurantismo, mientras putean a conciencia a la gente honesta. Maldita panda de hipócritas. Que se quejen a dios, a ver si manda un rayo y les parte a todos.

CIENTO TREINTA Y SEIS MILLONES, CUATROCIENTAS TREINTA Y SEIS MIL QUINIENTAS VEINTE PESETAS

Supongamos que se pretende dar una imagen aparentemente sofisticada, “desarrollada”, con aquello que John Berger definía como “the male gaze”, la mirada masculina: la de un varón blanco, heterosexual, mayor de edad, con dinero. Adaptada a las convenciones del mirar. Supongamos que se trata de intentar reflejar una realidad reformadora, desde una perspectiva que apoya la dignidad humana y la convivencialidad, pero, ¡ay!, fracasa por no incorporar ningún análisis serio, ni abundar más allá de ese esteticismo. Supongamos que no se trata más que de formar con propaganda a los usuarios de bares, establecimientos hosteleros, ferias e instituciones públicas, y de complacer a quienes, como invitados o autores, participan del proyecto, creando un mercado organizado para su gestión, edición y distribución. Una vez supuesto todo ello, que la revista de Marca Extremadura “Imagen de Extremadura” cuesta 820.000 € del erario extremeño, y en el contexto actual, es un hecho. Es decir, cada número cuesta veintidos millones de pesetas. Se puede uno cansar de ver, pero no de sorprenderse de hasta dónde pueden llegar para calmar su complejo de inferioridad, a base de invertir el dinero de todos en su propio y exclusivo espejo.

MAYORÍA

En la segunda entrega de la novela gráfica sobre el Berlín de entreguerras escrita y dibujada por Jason Lutes (cortesía del amigo y compañero Rafa Mellado), titulada “Berlín, ciudad de humo”, el excelente autor norteamericano “encuentra al pueblo de la República de Weimar buscando respuestas tras la sangrienta manifestación del 1º de mayo de 1929”, dice la sinopsis, con las elecciones al parlamento alemán del 14 de septiembre de 1930 y el crack del 29 de fondo en su historia de desconsuelos. Aquel resultado electoral cierra este segundo volumen de la trilogía: el partido nacionalsocialista obtiene un resultado que le permite ascender desde los doce hasta los ciento siete escaños: noventa y cinco nuevos asientos en el Reichstat. Su oferta (orden, industria, exaltación, militarismo, xenofobia…) era y es bien conocida. Al parecer, sus votantes tenían por entonces la razón que otorga, según parece, ser más. Porcentualmente hablando. Desde entonces, las democracias occidentales se han aplicado en aparentar -con éxito a nivel decorativo-, que este tipo de proclamas -que no de pensamientos, ni de acciones- concurran a las urnas. Está de más recordar que es la propia teoría reduccionista según la cual la mayoría se arroga la razón (y con ella misma se justifica) un peligro a la altura del no gobierno, o de aquel gobierno tiránico, sancionado por electores en su ¿sano? juicio.

IMPÚDICO

¡Lo que hay que oír! Envía la Consejería de Energía, Industria y Medio Ambiente (sic) a Bruselas a su plana mayor, incluido su titular, para sofocar el incendio que pudiera provocar la presencia de los representantes de la PCRN en la Eurocámara, propiciando así un debate a más de mil quinientos kilómetros que se hurta en nuestra propia tierra, cuatro años después.

 Amén de un hecho revelador, lo más impresionante -nunca dejaremos de sorprendernos, nuestra fe es infinita- es el impúdico cinismo (sinónimos, ya sé) de ese consejero de aire aznariano que subraya cómo se “ha garantizado la participación” en el proyecto de instalación del polo petroquímico en Extremadura. Es difícil de asumir que se llegue a niveles semejantes de provocación desde una estancia costeada con recursos de todos los ciudadanos. Quizás se refiera al hecho de que se han presentado 80.000 alegaciones al proyecto a partir de una movilización ciudadana reprimida hasta el alarde desde las instituciones: cierre total al diálogo, criminalización judicial, censura en los medios públicos, compra de voluntades y tráfico de influencia en los privados, impedimentos para el empleo de espacios y lugares  públicos para informar a la ciudadanía, multas carentes de argumentación; chantaje laboral, puerta abierta al destierro y expulsión al paro de profesionales por atreverse a producir o elaborar contenidos acerca de la “bicha”; exposición al público del proyecto íntegro en un solo local y con el plazo mínimo para su alegación…
Anécdotas hay miles, desde las infantiles hasta las siniestras: contratación de un espectáculo de percusiones para apagar las protestas durante los actos oficiales del Día de Extremadura; ordenes para que los medios de comunicación no pudieran entrar a cubrir la proyección de un documental en una Biblioteca Pública (y eso que no habían ido); desaparición de toda una serie televisiva por proponer un episodio sobre la contaminación ambiental (y algunos otros sobre el “alicatado del cortijo”, claro); llamada telefónica de un cargo público extremeño a su homónimo en Andalucía para impedir otra proyección del documental argumentando que su contenido era “malévolo para con Extremadura como Comunidad”; retirada policial de mesas informativas en la calle aún con el permiso previo; supresión digital de los mensajes ¡en las camisetas!, en contra de la refinería, de personas entrevistadas en el canal televisivo público…Y éstas todas, de las que yo mismo he sido testigo estupefacto. 

De mi propia hemeroteca rescato el archivo adjunto como imagen, extraído de un ejemplar del HOY de hace once años. Las Juventudes Socialistas extremeñas de por entonces practicaban ya una demagogia cristalina, a la luz de los acontecimientos actuales (que nada cambia es un hecho en este país) con su ministro perdiguero. Renegaban por entonces de la indiscutiblemente impresentable Tocino, al cargo de un Ministerio de Medio Ambiente (cuya existencia no critican, dice la nota) que en la actualidad ni siquiera existe. Los argumentos, por esteticistas (“confundir el medio ambiente con salir a la finca para ir de cacería”, dicen) no tienen desperdicio. ¿Dónde están ahora esos mismos firmantes, sino en los cargos públicos que están acabando de un plumazo con el medio extremeño? ¿Dónde están sus críticas a Madrid, cuya actuación en esta materia satisfacería no ya a Tocino, sino al negacionista Aznar, que no presenta queja alguna al particular? Supongo que elaborando las declaraciones de personajes como el tal consejero, puesto a conducir un portaaviones derechito a estrellarse contra nuestras costas de interior, ante el calor del público expectante por cómo van a salir de la crisis los mismos que nos han conducido a ella: lo pretenden (y no lo conseguirán por esas vías) con la energía y con la industria, pero, desde luego, sin el medio ambiente.

Postdata: Para marcar este diario personal como inadecuado, existe una ventanilla “ad hoc” a la izquierda del límite superior de la página. Aunque resulta una obviedad para los individuos que han gustado de hacerlo, les recomiendo que insistan si es su deseo, dado que está acabando el plazo para que se levante la advertencia. Salud

MACDONALD Y MR. CLEARMOUNTAIN

Magnus Mills es un señor de Birminghan cuya novela ambientada en Escocia “El encierro de las bestias” me dejó estupefacto. Desde entonces, cada vez que escucho la palabra “Escocia” me viene inmediatamente a la mente aquella historia delirante de licores, páramos y soledades. Y de un tiempo a esta parte, a base de escuchar el albúm “This is the life” de Amy MacDonald, empiezo a encontrar extrañas afinidades con el país de los cardos: un flechazo, sin duda. El disco, dominado por imperativas guitarras acústicas, mezclado y producido con ese apabullante “savoir faire” de mi idolatrado Bob Clearmountain -esos coros, esas voces dobladas, esos pianos sin subrayar, esa alta fidelidad A.O.R-, escrito con la inocencia ampulosa de una chica con sus ojos y su edad, y cantado con esa voz que parece el último trozo de tiza acariciando una pizarra, me recuerda, salvando distancias, aquel debút de Tracy Chapman que tanto tiempo disfruté. Y sobre todo, el sonido Clearmountain (del “Modern love” de Bowie al “Miss you” de los Stones, pasando por el “More than this” de Roxy, hasta Jackson Browne, The Clash, Johnny Hallyday o Springsteen, corriendo un tupido velo sobre The Corrs, Bryan Adams o los Pretenders de “Viva el amor”), una teta inolvidable.

CAÑÍ

Este país es un simulacro, como Italia, del que Sciascia opinaba más que como país, como evidencia de la inmutabilidad del fascismo. Tan teatralizada está la cuestión, que quienes padecen las injusticias tienen tan asumido su rol que, pase lo que pase, se conforman hasta el estallido, y de ahí a la fosa y vuelta a empezar. Durante un tiempo han vivido con una capa de barniz encima y su pisito en la capital, pero eso ya no garantiza nada…¿Quién puede tomarse en serio el esperpento del juez egocéntrico de cacería con el ministro, incriminando selectivamente a quien se pone a tiro, ya sea el soberanismo vasco, el chulesco conseguidor del bipartido, el sátrapa de Kissinger o la plana mayor del franquismo, a buenas horas? Todo sea por la causa. Cuál sea la causa, ya es otra cuestión. Imagino al juez pegando unos tiros a los ciervos o al lobo con la pluma en el sombrero y leyendo un dossier, como por ejemplo, el de “Afectados por Gallardo”, y preguntándose por qué no ha de actuar ante evidencias tan groseras y acumuladas de tráfico de influencias, como mínimo. “La trama corrupta “movía voluntades” políticas con sobornos”, títula “El País” tal día como hoy, y en referencia a la “destapada”, arrojando sobre los ingenuos lectores un jarro de agua fría: ¿acaso alguien alberga siquiera una sospecha al respecto de lo que se cuece a diario en este país de opereta, cuando le viene a uno la imagen de un despacho oficial y sus responsables?

Imagino a los ministros de turno, en el gran coto y con su faria, charlando con sus berlanguianos asesores acerca de cómo impedir que la opinión pública sepa cómo le están haciendo la cama a la legalidad y a Bruselas con el asunto de las costas, con cuestiones tan delicadas como el informe de El Algarrobico -que aconseja el mutis por el foro del Estado-, la urbanización de Arousa para altos cargos a una meada del Atlántico o la violenta reforma de la propia Ley de Costas a través de un subterfugio, que incumple la Ley, a manos de la ministra Espinosa. Tendrán que telefonear a su periódico de cabecera para advertirles de que les dejen tranquilos, que a ver si alguien va a concluir que basta proteger unos chalés como argumento para desproteger el litoral. Pero, ¿cómo se le va a ocurrir eso a alguien, por favor? Habiendo superjueces sueltos, a nadie se le ocurriría semejante abuso.

EN EL GARAJE

En el garaje, tenía poco tiempo, una difícil maraña de tiras plásticas rojas y blancas, como las que se ponen en las calles para impedir el aparcamiento, dividía meticulosamente, con complicados itinerarios, el camino que cada propietario podía utilizar para acceder a su puerta cochera. Hacía años que no entraba allí, pero no le extrañó la novedad, recordando las trifulcas que los vecinos solían tener con motivo de los coches que obstaculizaban el anticuado espacio. Había entrado por la puertecilla de uso del portero en otros tiempos, cuando había porteros, la misma que se empleaba para sacar la enorme manguera negra y lavar los coches, cuando los coches se lavaban en casa. La manguera había desaparecido, pero no se fijó en eso. Su mente estaba concentrada en un único objetivo, y la premura de los minutos que corrían en su reloj de pulsera era lo único que guiaba su mente. Tenía seis minutos, sólo seis, para realizar toda la maniobra, incluido sacar el coche, rodear el edificio, levantar con la tarjeta robada la barra que impedía entrar y salir a los no propietarios del perímetro de la finca del edificio, descender un pequeño tramo de la avenida a la que éste, hoy con los balcones engalanados, ofrecía la fachada principal, arrollar a la comitiva y, si le era posible, escapar todavía por la confluencia que conectaba el parque donde tenía lugar el acto, después de soltar por la ventanilla los pasquines. No pensaba atropellar a nadie, pero sí crear un incidente que saltara a la prensa. Y si alguna autoridad se ponía a tiro, quizás no dudara en empujar hacia ella el vehículo: el sub-delegado del gobierno, el arzobispo, la alcaldesa de la ciudad, aunque fuera un diputado regional… Luego aceleraría a tope, doblaría la esquina, descendería locamente hasta la entrada de la circunvalación y allí intentaría perderse, después de abandonar el coche en un solar en obras, ya a pie, por los senderos de la zona suburbial entre el hospital y el depósito de aguas, hasta retroceder hacia la estación de tren de su ciudad natal y alcanzar el convoy de las 13.45, para el que ya tenía billete, sólo veintiséis minutos después del simbólico atentado.
El ascensor también hacía cambiado, pero no se fijó tampoco en esa novedad. Hacía diez años, por los menos, que no entraba en la casa de sus padres, y muchos más desde la última vez que condujo uno de los enormes automóviles a los que tan aficionado era su padre, desde el enorme “·Tiburón” de su primera infancia hasta el plateado Mercedes que ahora se afanaba en localizar, al fondo del vasto sótano. Sabía que era un coche eléctrico, y había repasado cuidadosamente en internet el sistema de cambios del modelo. Nadie esperaría que semejante emblema pretendiera, girando en dirección prohibida y traspasando la mediana entre los árboles, crear ningún problema a la comitiva, hasta que fuera, esperaba, demasiado tarde para que el dispositivo policial reaccionara.
Y entonces lo vio. La sorpresa le hizo detenerse de repente, cuando superaba la tercera de aquellas malditas cintas. Contaba, sí, con la complicidad, duramente recabada en interminables discusiones en encuentros furtivos, de su católica y empecinada madre, pero nada le había permitido prepararse para esto. Su hermano, ni más ni menos que su segundo hermano, el emparentado por vía de matrimonio con aquella jerarquía de fortuna que dominaba el país a su provecho, el último ser humano del planeta al que esperaba ver implicarse en la desesperada acción de denuncia contra los últimos, y funestos, acuerdos alimentarios, que virtualmente condenaban a la hambruna al más ínfimo sector de una población en crisis, su hermano le hacía señas de dirigirse hacia la puerta del garage que ya se empezaba a abrir a la señal del mando a distancia que empuñaba por la ventanilla abierta, mientras manejaba con habilidad el enorme carro en el pequeño laberinto del garage. Su mismo hermano, especulador habitual, importador de vinos, sobrino segundo por parte de esposa de un ministro, copropietario de un pequeño avión particular para exhibiciones de acrobacias aéreas que eran toda su obsesión.
Con el corazón en un puño, y los ojos que estúpidamente se llenaban de lágrimas, obedeció la indicación y esperó junto a la puerta cochera, consultando mecánicamente en el reloj los dos minutos ganados al horario previsto. Ya nada importaba, ni el éxito ni el fracaso, comparado con la emoción de ese apoyo más imprevisible que la detención del sol en el horizonte, que la marcha atrás del tiempo o la suspensión de la ley de la gravedad en el universo. Era un milagro, un auténtico milagro, pero no tenía tiempo ahora de rezar para dar gracias, sólo le vino, como en un sueño, la imagen de ambos, siendo niños, en la playa, haciendo carreras, los pies de su hermano entonces flaco y moreno como un indio echándole arena sobre los ojos mientras él se caía, riendo.
– La tarjeta ha cambiado. Toma.
La puerta del coche se había abierto, el cuerpo ya engordado y pálido le tendía el diminuto rectángulo dorado. No había tiempo para más. Un milagro, un auténtico milagro. Se hizo con el vehículo, sabía que no iba a haber embrague pero igual su pie izquierdo, acostumbrado sólo a coches viejos, y más a la bicicleta de los pobres, lo buscaba, inconsciente. Salió despacio, despacio, conmocionado aún por la ayuda inesperada, dios existía, el dios de los pobres en quien él confiaba, y al fin, al cura ilegal que la curia había tantas veces rechazado, ordenado sin el consentimiento de la jerarquía en nombre de la nueva teología de la liberación del siglo XXI, se le había revelado en todo su esplendor de conmovedor de los corazones, de trasformador victorioso de los duros de espíritu. “Padre nuestro que estás en el exilio –le llegaban las palabras del cántico, trastocadas, como si surgieran de fuera, del estrépito triunfal de las fanfarrias del desfile que ya podía entrever, a su izquierda, abajo, entre los árboles-, al final te acordaste de los míos, ¡aleluya, aleluya!” Para engañarle todavía, antes de iniciar la maniobra imposible que se lo acercaría, puso el intermitente derecho y cabeceó respetuosamente en dirección al guarda que, de perfil, le lanzaba una mirada distraída, después aceleró súbitamente y el potente motor traspasó el bordillo divisorio de la calle, giró el volante para cruzar entre los troncos, aplastó un arbusto deshojado que crujió bajo los fondos del vehículo, y aún no se había detenido el jubiloso cántico en sus oídos cuando el tiro certero del sicario le cortó de cuajo la conciencia gozosa.

Fin

ANA BALIÑAS, 2009.

AJUSTE DE CUENTAS

Presa mi voluntad, tengo que asistir al informativo de Telecinco de ayer lunes. Dentro de un cúmulo de insensateces imposible de describir (incluida una entrevista a un imputado por currupción que se queja a pecho descubierto de que le han robado un Mercedes), una de las noticias hace alusión a un asesinato en plena calle, en Barcelona. Amén de incluir un plano del finado tomado directamente de la PDA de un ciudadano enfermo, que retrató el cadáver, la redacción de la “información”, llevada a cabo apenas horas después del suceso, termina como era de esperar, y como había pronosticado yo mismo a mis compañeros de mesa: la hipótesis más señalada es que se trata de “un ajuste de cuentas”, dice la locución. Acabáramos. Al día siguiente ya se conoce la identidad del difunto, al que el medio de comunicación asociaba el día anterior, de forma tan frívola como aterradora, con algún hecho delictivo que le acarreara semejante liquidación. La muletilla del “ajuste de cuentas” es tan habitual en los medios (locales, provinciales y nacionales; escritos y audiovisuales) que, haciendo un seguimiento durante un año para construir un personaje de “El mal del arriero”, llegué a contabilizar que se aplicaba por la prensa en la práctica totalidad de los crímenes, excluyendo los achacables a la “violencia de género”, y al “terrorismo” a secas, y en particular durante las primeras informaciones, que al tiempo suelen ser también las penúltimas, o directamente las últimas relativas a cada caso. 

Semejante (y dramática) coincidencia solo evidencia síntomas de extrema confianza en la intuición y en las evasivas de algunos cuerpos de seguridad, amén de dejación profesional e incompetencia mayúsculas, unidas a una inhumanidad que solidifica la sangre. También al hecho de que, con policía científica y sin ella, el volumen de casos criminales -y en particular de desapariciones- envueltos por un denso velo de impunidad asombra por su cupo. Para ello, la colaboración de pseudoinformadores sin escrúpulos es forzosa. El “ajuste de cuentas”, válido tanto para rotos como para descosidos (de qué cuentas, me pregunto siempre), es una licencia para olvidar. Y a olvidar no nos gana nadie.

NOTICIAS DE ACTUALIDAD

Ignoro si es verdad, pero creo que me han dicho
que cuando empezaron a representar imágenes en las paredes de la cueva
nuestra tonta abuelita y nuestro tonto abuelito
bailaron a su alrededor durante siglos
pensando que por parecerse a la realidad tenían más realidad
de la que ellos mismos le habían conferido.
Así que ahora me he encontrado pensando en esos tiempos
y les desafío a que me digan por qué me parecieron
noticias de actualidad.

Ana Baliñas
“Ridícula erección de primavera” (1998)

DUDOSO

Advertencia de contenido

Algunos lectores de este blog se han puesto en contacto con Google porque consideran que el contenido del mismo es dudoso. Generalmente Google no revisa ni aprueba el contenido de este, ni de ningún otro blog. Para obtener más información relativa a las políticas de contenido, visita las Condiciones del servicio de Blogger.

Este es el mensaje que han colgado a la puerta de esta casa, la bitácora que, como yo digo, no es que cueste trabajo, es que cuesta “el” trabajo (Guillermo Fernández Vara dixit)

Es de suponer que si bien un culo no debe ser obsceno, un pene ha de serlo por necesidades del guión mundial. Un desnudo explícito (sic), por lo demás, es según las reglas de contenido de Google, un asunto privado.  Otros penes, o quizás el mismo, no tanto. Prefiero pensar que existen buscadores de pollas a sueldo entre los millones de internautas, que ociosos desesperados capaces de recurrir a algo parecido a la delación para calificarte de “dudoso” (¿pensamiento?,¿obra?) en la red, y así prestigiarte cual hembra amada. No tendría sentido, pese a todo. Al fin y al cabo, estas cosas no pasan, son propias de una paranoia. Ni lo uno ni lo otro. Ni nadie se escandaliza nunca, nunca por un sexo, ni el director general de la televisión pública extremeña dijo en la Asamblea que “El lince con botas” se retiró por “cuestiones éticas”. Todo son imaginaciones mías. Dudoso, pues, y a mucha honra. Que les aproveche.

LA MEDALLA

Día tras día, en un trabajo esforzado, oneroso y generoso, la Plataforma Ciudadana Refinería No sienta las bases de lo que será un triunfo histórico. Compartiendo la certeza del merecimiento de la población lusa de Barrancos, por su actuación durante la guerra civil (recogida en el documental de los compañeros de Morrimer “Los refugiados de Barrancos“, que aún no pude ver), de la medalla de Extremadura (varias personalidades instan desde sus bitácoras a suscribir esta petición), me duele que a fecha de hoy nadie haya postulado a esta especial familia de ciudadanos para semejante agasajo, un reconocimiento institucional profundamente agredido por el sectario criterio de Ibarra y Vara que, aunque lo parezca, no debería ir a misa. 

En fin, puede sonar, y de hecho suena, a sarcasmo, como también a imposible: casi cinco años después, la agresividad de la Junta (el famoso cortijo) hacia la PCRN no ha bajado su presión, y los presuntos adalidades del diálogo ni siquiera tan tenido la decencia de recibir y sentarse a hablar con estas personas. Ni antes, con el caudillo rebotado, ni ahora, con el padre de familia. Pero de lo que no cabe duda es de que el trabajo y la repercusión social de la oposición ciudadana a los indefendibles proyectos avalados por todo el sistema (bipartido, administraciones, sindicatos mayoritarios, patronal, promotor, medios de comunicación y, si me apuran, hasta la SGAE) tiene una base noble y honesta que no se descubre, ni por azar, en las actuaciones prepotentes, oscurantistas y demagógicas de los defensores del “interés general” que, si nos fijamos en la aritmética, representan los promotores. Una unanimidad que podría encontrarse perfectamente tras los muros del Kremlin, en las reuniones del Banco Mundial o en las urnas del Berlín del 33.  Así que, pienso, los defensores extremeños de la memoria histórica (que es necesaria hasta el hastío, incluso hasta el que nos están llevando por su utilización desde los círculos del poder, empeñados en hacer de ella un recurso económico por un lado, y un ejercicio de cínica negligencia por el otro) y el reconocimiento de quienes tanto favor hicieron a esta tierra con su coraje, quizás deberían plantearse -aquellos que no lo han hecho ya, que los hay y muchos- una muestra de solidaridad con los perseguidos de la actualidad, que están viviendo un drama frente a sus narices, bien acolchadas, desde luego. Una persecución quizás no tan brutal, pero igual de injustificable. La violencia tiene muchas caras, y su rostro moderno en Extremadura es el de la propaganda cínica y la corrupción, el de la manipulación y el abuso de poder hasta extremos de desvarío, como el chantaje económico y laboral.

El próximo sábado, un punto y seguido más en la lucha: la manifestación conjunta en Santa Olalla, de la mano de un hermoso cartel que demuestra que el empeño y el cansancio no están reñidos con un expresivo talento. No seré yo quien lo pida, porque prefiero quedar como parte que como juez. Pero dentro de algún tiempo, este tiempo sólo se recordará por la medalla que le hurtaron (entre tantas otras cosas) a la gente que no se arredró. Mientras tanto, Soraya y su coro (¿o es Guillermo y su coro?) nos bailan el agua con su sordera y su temeraria conducción.

http://www.extremaduraaldia.tv/index.php?option=com_seyret&Itemid=&task=videodirectlink&id=2699

EL SÍNDROME DE CHINA

En una excelente secuencia de la película de James Bridges “El síndrome de China”, dos personajes porfían, en el exterior de una obra, acerca de la garantía de las condiciones de seguridad de una central nuclear. La cámara sigue a ambos mediante un travelling, mientras discuten acaloradamente, tanto que el primero, responsable de la constructora, amenaza de muerte al segundo, jefe técnico de la planta nuclear, interpretado por Jack Lemmon. Cuando éste hace caso omiso de la advertencia y se monta en su coche y se va, siempre en planos cortos, el cineasta introduce un gran plano general tomado desde una grúa en el que se puede ver a aquel hombre violento sólo, llamando a un subordinado por su nombre para decirle “Redman, tenemos un problema”. Detrás de ambos hombres se levanta la presencia brutal de un enorme polo petroquímico, que los empequeñece. El “problema” al que alude esa frase en el guión no es precisamente pequeño ni particular, en virtud del espléndido subrayado del cineasta.

Detalles maliciosos e inteligentes como éste, de director mayor, son frecuentes en esta película de 1979, rodada ocho años antes de Chernobyl y con la sombra de Harrisburg a las puertas: la película es estrenó semanas antes del incidente en aquella nuclear, lo que la convirtió en un éxito, que hoy se guarda bajo la alfombra. La emitieron a las dos de la mañana en el canal temático de Ted Turner, el magnate de la comunicación cuya esposa, Jane Fonda, es, paradójicamente, la protagonista de este filme de denuncia. Junto a ella y Lemmon, un jovencísimo Michael Douglas en un papel de un operador de cámara concienciado que no dejaba traslucir nada en absoluto de su deriva posterior hasta su cala en Mallorca.

TCM, que es como se llama el canal, programa clásicos de los años setenta, en particular, del fondo de catálogo de Columbia y de la Metro. Como “All that Jazz” (Bob Fosse, 1979), otra maravilla. Eran tiempos de la administración Carter, pródiga en abrir la mano a Hollywood para filmes como “Norma Rae”, “El regreso”, “El cazador”, “Apocalypse now”, “Ausencia de malicia” , “Justicia para todos”, incluso la crepuscular “Local Hero”, todas ellas de grandes estudios y que ahora parecen un charco fangoso para un cinéfilo gorrino y sensibilizado. Reagan cortó de raíz esta tendencia y abrió la senda suicida, contemporizadora o extravagante en lo social y agresiva en lo bélico, de la que no ha regresado aquel imperio cinematográfico. Pensar en la posibilidad siquiera de que un gran estudio produjera hoy en día un filme de la exigencia del de Bob Fosse, o de la claridad del de Bridges, es quimérico. Solo George Clooney está en condiciones de planteárselo.

“El Síndrome de China” (“ocurre cuando el núcleo de un reactor nuclear se funde. Esto puede suceder cuando acontece una pérdida de material refrigerante, y el sistema de emergencia de enfriado falla, lo que lleva a un calentamiento sin control del sistema. Aunque las barras de enfriamiento bajen para detener el proceso de fisión en una emergencia, el decaimiento radiactivo de la reacción continuará generando calor, si no hay refrigerante, produciendo que el reactor se funda”), con todas sus paradojas artísticas y concesiones a la galería del cine de acción es, más que una película histórica, un síntoma en sí mismo. Cuenta cómo las grandes empresas energéticas y los medios de comunicación impedían que los ciudadanos, siempre en permanente riesgo, tuvieran la más mínima información acerca de cómo se gestionan no ya estas instalaciones nucleares, sino sus propias existencias como consumidores pasivos. Lo sintomático es que antes se producían estas películas para el gran público. Hoy, en pleno contraataque del “lobby nuclear”, y ya con ninguna esperanza acerca de la función social de los medios, “El síndrome de China” es, más que una anomalía del sistema, un imposible.

“The China Syndrome”, 1978, Dirigida por James Bridges, escrita por James Bridges, Mike Gray y T.S. Cook.

AUTORRETRATO

Me dice un anónimo que doy “mal rollo”, que soy “oscuro y apocalíptico”. Otros con la cantinela de “rencoroso”, a la que añaden adjetivos como “ilustrado”, que no sabe uno si ofende o alaba. Vaya usted a saber. Algunos más que si “infeliz”, que si “llorón”, que si “subvencionado” (sic). Uno me dice hasta “españolito” y “abuelete”, en un alarde de ingenio. Elucubraciones o no, al más persistente le da por la cizaña y la espolvorea, insinuando que a alguno de ellos puedo conocerle y apreciarle, como si lo incógnito no emponzoñara mortalmente el compañerismo. Me pregunto qué murmurarían si aún fuera más transparente y conocieran mis defectos, por ejemplo la pereza, la debilidad de carácter, la intolerancia, la ligereza, lo vespertino, lo colérico, la novelería o el vestirme con ropa de mi sobrino, tres tallas mayor, entre muchos otros. Entonces, todo estaría definitivamente al descubierto, y se terminaría la especulación.

DESPACIO

En breve presentaremos “Juan de Labrador, la mosca en la uva”, a la espera de encontrar un hueco de fechas. Sin variar el rumbo, para el próximo verano tendremos listo lo primero de lo próximo: nuestro primer documental sin narrador ni palabras. Se llama “Despacio” y está integramente ambientado en Trujillo. El discurrir de la vida cotidiana guarda aún atisbos que resultan, a gran parte del público, atractivos en la persistencia de una atemporalidad aún documentable, aún fenómeno aparente al observador que emplee en ello, ante todo, la paciencia. Sin duda, para la representación casi idílica de un mundo entre medieval y moderno, pulcramente renacentista, debido a menudo al buen quehacer histórico de cine británico o continental, como en el estupendo filme de “El oficio de las armas” (Gillo Pontecorvo, 2000), que ilumina enormemente la lectura de un clásico eterno como “El príncipe” de Macchiavelo, éste, Trujillo, hubiera podido ser escenario apropiado: lugar casi italiano, pequeña menina de la historia, ocasionalmente rural y magníficamente conservada, una ciudad cuyo perfil recuerda casi ineludiblemente el que en su día pintara, de Toledo, El Greco, o esas severas estampas de Segovia o de Ávila que fueron, el su momento, el culmen del exotismo en la pujante metrópolis londinense de dos siglos atrás. Es ya difícil hallar, en esta España de la expansión demográfica de las últimas décadas, un núcleo histórico de semejante categoría que ofrezca una imagen, en la distancia y también en la cercanía, semejante.

Pero no es ése su único, acaso ni siquiera su principal valor en cuanto a documentar, audiovisualmente, un trocito de realidad se refiere. Y es que no es fácil encontrar en otro lugar, unido a la magnificencia de su entorno, la intrahistoria cotidiana y humilde que persigue, despaciosamente, este medio metraje: la menuda epopeya de una vida que funde los elementos humanos y los del mundo natural. Una existencia que, como el agua escondida bajo tierra, fluye singularmente en los alrededores y el interior, arbolado de torres, de esta fotogénica comunidad urbana. Si Spain is different, el mil veces traído y llevado eslógan, contiene mil pequeñas verdades para, todavía, refrendarlo ante ese público extranjero o local llamado turismo, cabe todavía, desde Extremadura, aportar unas señas de identidad que elevan lo localmente rústico y señero a lo más universalmente global.

La fotografía del cartel de “(Trujillo) Despacio” es gentileza de Pedro Lobo. Las imágenes, de Rafael Mellado, con la colaboración de Carlos Mosquera y la producción de Manu Gutiérrez, María Luisa Gómez y Sonia Roa.

¡TODOS A LA CÁRCEL!

Adjunto un artículo o carta abierta de Carlos Martínez publicada en Rebelión y remitida a los “académicos del cine”.


Ni que decir tiene que la suscribo, así como me resulta elocuente el castizo affaire de la sustracción de una de las estatuillas del Goya a manos de una persona cansada del nepotismo y el sectarismo de la “industria” de nuestro cine.


“No la vi totalmente, pero el pasado domingo noche durante la entrega de los premios Goya pude escuchar bastantes comentarios de los premiados que echaban culpa del paro en la profesión a las descargas de Internet, incluso una de las galardonadas que no fue a la entrega de premios por encontrarse en Brasil pidió la actuación de la policía contra los internautas, equiparando robo y uso de los programas de intercambio de archivo.

Es triste y llamativo como en un país con más de tres millones de parados, la gran mayoría de ellos en mucho peor situación económica que cualquiera de los presentes en esa fiesta, los premiados criticaran a su público. Es comprensible que los directores, guionistas, productores quieran ganar más por su trabajo, por la misma razón, muchos trabajadores quieren tener acceso a la cultura más allá de lo que le permite su salario.

La crisis afecta a todos y más especialmente a los más necesitados (inmigrantes, mano de obra sin cualificar, mujeres, mayores…) Los trabajadores de la industria del cine deberían sentirse privilegiados por tener unos empleos que le dan prestigio y popularidad. En la mayoría de los casos, también unos ingresos por encima de la media. Estas quejas en boca de personas con alto poder adquisitivo resultan indecentes cuando al mismo tiempo muchos obreros se les está acabando el subsidio de desempleo o están perdiendo su vivienda, tan indecentes como la huelga de los Jueces.

El cine español arrastra muchos problemas, el primero de ellos es que las producciones usamericanas inundan todo tipo de pantallas e incluso la Red. Pocas veces les veo quejarse de este monopolio. Tampoco critican abiertamente a las distribuidoras y exhibidores que menosprecian su cine. O a los medios de comunicación que se dedican a promocionar las supreproducciones norteamericanas mientras que muchas películas españolas no merecen ni una línea en esos mismos medios. Por último las parrillas de programación de las televisiones dejan poco espacio al cine hecho aquí.

La ausencia de reivindicaciones frente a las corporaciones audiovisuales devalúan de forma notable sus demandas de un mayor control de Internet. Me recuerdan a aquellos trabajadores que culpan de su situación de paro a los inmigrantes sin atreverse a criticar a quien tomó la decisión de despedirle. La talla de una persona se mide por la de su enemigo. Si los enemigos de los miembros de la Academia del Cine son los internautas esa circunstancia dice mucho de ellos y de su obra.

Estos días los ciudadanos piden al gobierno trabajo, ustedes piden que nos encierren en la cárcel por descargar una película o música. Mientras tanto, muchos usuarios de la informática pagamos un canon que ustedes cobran por hacernos una copia de seguridad de nuestros archivos, por grabar un cd con una distribución Linux o por comprar un reproductor de música. Ahora, además, quieren cobrarnos por tener conexión a Internet o por comprar un ordenador.

Las peticiones de los cineastas deberían ser más claras y comprensibles, si quieren penalizar las descargas y copia privada que pidan, también, la retirada del canon. Si quieren canon no pueden pretender prohibir la copia privada. No pueden cobrar un impuesto sobre la comisión de un delito. Igualmente deberían manifestarse claramente sí están por la defensa de la cultura propia o de la industria audiovisual.

Sí lo que queremos es defender la producción cinematográfica hay muchas formas sin necesidad de meter a nadie en las, ya repletas, cárceles españolas. Por ejemplo, una primera medida sería que fuesen transparentes los criterios por los cuales la SGAE y otras entidades de gestión reparten sus ingresos (cada vez mayores). No estaría mal que, además de la proporcionalidad basada en unas encuestas que favorecen a las superestrellas del pop, se añadiera un criterio de equidad que garantizara unos ingresos mínimos a cada vez más autores. Sería una buena forma de demostrar la solidaridad entre los autores.

También, además de las subvenciones, las administraciones públicas deberían crear institutos cinematográficos que produjeran y financiaran directamente los mejores proyectos de directores nóveles. Desde luego las televisiones, especialmente las públicas, y las salas de exhibición podrían hacer mucho más por ustedes (y por nosotros) programando cine propio. De hecho el espectador que quiera ver una de las películas premiadas no encontrará sala donde las programen. Los medios deberían ayudar informando y promocionando la cultura más próxima al espectador.

Otra medida factible es que se diera a los mejores documentales españoles el mismo trato que al documental de Al Gore “Una verdad incómoda”, del cual el Gobierno español compró 30.000 copias por 580.000 euros para distribuir en las escuelas. Seguro que los profesores y los alumnos de nuestros institutos y escuelas agradecerían como material didáctico muchos de los documentales que rara vez se pueden ver en nuestros cines o televisiones.

Un mal camino es el de subir precios para compensar ganancias, el cine es especialmente caro, se ha convertido en un lujo para muchas familias, sigan subiendo los precios y acabarán por cerrar las salas que quedan. Los impuestos y los canon de sociedades de gestión deberían bajar para las salas de exhibición.

Por último, presten atención a la reconversión de la industria musical, que les lleva unos años de adelanto en ello. La venta de películas por Internet es una buena solución siempre que los precios sean razonables. En todo caso, nada justifica unos ingresos muy superiores al de sus espectadores.”