ROMA PAGA

El Grupo Zeta, propietario de la franquicia de comunicación llamada ‘El Periódico Extremadura’, negocia (es un decir) la presentación de un ERE que causará el despido de 18 de sus 52 trabajadores. Los restantes, los supervivientes, tendrán que asumir unas severas condiciones económicas y laborales -la reducción del 15% de su sueldo, entre otras- para conservar el empleo, exigencias que son continuación de otras ya impuestas tiempo atrás. La misma empresa catalana cerró en abril la rotativa placentina donde se imprimía el diario y la versión para Madrid de su matriz, ‘El Períódico de Catalunya’. La empresa editora achaca este ERE a ‘la brutal caída de la publicidad local y la práctica desaparición de la publicidad institucional’ durante este curso, situación que ‘ha generado pérdidas salvajes en el rotativo, lo que hace insostenible su actual estructura’.

Al parecer, el objetivo es ‘mantener la cabecera y la marca, aunque con una ordenación que se adapte al actual nivel de ingresos’. A juzgar por el actual momento económico y su ‘nivel de ingresos’, la posibilidad de que el medio desaparezca más pronto que tarde cobra evidente carta de naturaleza. O bien sea vendido. Los trabajadores habrán de emitir señales en favor del mantenimiento de sus puestos, incluida la posibilidad, remota de ser viable, de la autogestión.

Si la publicidad local en este diario ha sido siempre prácticamente testimonial (excepción hecha de los deplorables apéndices promocionales con los que durante años hizo rendir al mínimo la materia gris de sus trabajadores), la publicidad institucional (es decir, el dinero público de administraciones locales, provinciales, regionales y estatales) ha sido el argumento económico básico para mantener medios de comunicación en contextos con población tan escasa como Extremadura, dónde el negocio mediático diversifica por necesidad la obtención de sus recursos. Muchas veces, al no obtenerlos o perderlos (como el contrato de gestión de la publicidad con el CEXMA), se ven sus empresas fuertemente endeudadas y por ello impelidas a continuar presentes en un marco regional por cuestiones más complejas, aquello que podríamos denominar la implantación, un pacto tácito de permanencia, una cadena de favores vinculada al ‘hoy por ti, mañana por mí’ con la clase dirigente, incómoda a la hora de prescindir de agentes sociales que actúen como fachadas del modelo democrático. En palabras sencillas, permanecen aún perdiendo dinero por aquello de que ya resultará rentable el favor político en otras vecindades.

Pero la dependencia de lo público ha llegado demasiado lejos, de ahí que las líneas editoriales de estos ‘medios’ hayan sido siempre tan afines al poder político y su órbita, cayendo incluso en la vejación de los movimientos sociales, o incluso los personales, opuestos al ‘status quo’, a la corrección política o el pensamiento único (de turno). El desprecio por la sociedad civil no conservadora ha llevado a diarios como éste (cuyas ventas son insignificantes, de ahí que ni siquiera se recojan como argumento en pro o en contra del expediente de regulación de empleo) a significarse como portavoces de una política oscurantista, radicalmente jerarquizada, enmudecedora de lo trascendente en beneficio del campaneo de lo trivial. No es menos cierto que se ha convertido en habitual usar el medio como un señuelo o una advertencia: la publicación de la noticia se entiende (generalmente desde el ámbito político) como un aviso a navegantes del que el informador se desentiende, habilitando un proceso en el que los actores principales del caso en cuestión tienden a entenderse entre ellos. Casos concretos ha habido, y hay, a mansalva. Hasta que, como ha sucedido a raíz de la crisis, lo público se ha quedado sin recursos para mantener a terceros, por mucho ‘cuarto poder’ que aparente. Aquí aparece en toda su luz el tenebroso trasfondo económico del asunto y la imposibilidad de sostenimiento de auténticos zombies empresariales como ‘El Periódico’. Idéntico caso al de ‘Hoy’.

No es, por lo demás, nada nuevo, sino una situación enquistada. Durante los años en que el diario de marras fue de propiedad extremeña se comportó de idéntica manera. En su día fue un negocio rentable, cuando se avino a cumplir, igual que su competencia más directa, con el antiguo régimen, y después a disfrutar de la orgía despilfarradora del posterior ibarrismo, que le llamó al orden cuando el medio amagó con descomponer la figura en la cerrada defensa de su política. Lo que hemos de subrayar, y diferencia a este tiempo de aquellos tiempos, es que el daño que ha hecho la sumisión al poder ha acaecido, aparentemente, en otro contexto (de presunta libertad de prensa, de sociedad de la información, de atomización de medios…) y aunque haya sucedido exclusivamente por motivos económicos (ya no de orden ideológico), ha afectado brutalmente a su plantilla de trabajadores, presuntamente más formados, o formados en otra escuela de comunicación: académica, profesional, tecnológica… Y ha afectado como una enfermedad mortal: con raras o ninguna excepción, todo el mundo se somete al dictado del patrón, nadie ha enarbolado la disidencia, apostado por subvertir el delirio simplista en que han convertido el oficio de informador. Nadie ha apostado por escribir, y asumir el riesgo de publicar la verdad. Básicamente, ha triunfado el miedo, el miedo a perder el puesto, el miedo a asumir las exigencias de la autoestima, el miedo a dejar la provincia y superar el riesgo del anquilosamiento intelectual. El miedo a reconocerse en la más burda mediocridad. Al final, como los hechos siempre se empeñan en demostrar, son esos mismos trabajadores quienes pagarán el pato, ahora casi una veintena, luego probablemente el resto. Al final, nada de lo hecho servirá para nada, mientras que lo no hecho, al menos, hubiera salvado la dignidad profesional de más de uno. Deberían habérselo pensado mejor cuando silenciaban, y silencian, a quienes tienen argumentos para dar a conocer al resto de los ciudadanos la quiebra sistemática de las reglas del juego democráticas. Y estoy pensando, por ejemplo, en el caso Gallardo o en la enorme y tupida red clientelar que las administraciones de Ibarra propiciaron hasta cambiar la fisonomía moral y económica de esta tierra, sumida ahora en la estupefacción de su recién redescubierta pobreza. Ahora ya parece demasiado tarde para rectificar. Los errores se pagan siempre. Porque una cosa es verse obligado a hacerlo por imposiciones de tipo laboral, o por chantajes económicos o personales, y otra muy distinta es estar dispuesto a cooperar, aún a sabiendas de que son otros los que sufrirán esas imposiciones y esos chantajes. Y desde luego, ha habido demasiada gente dispuesta a colaborar como para que ahora puedan quejarse del tipo de moneda con las que Roma paga a los traidores.

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One comment

  1. ENMENDADO Y RECONSTITUIDO POR NUEVOS MEDIOS:
    si se destapase, con claridad, para qué sirve o sirvió toda esa inmensa fortuna de las instituciones y sus publicidades, gastada en mantener esos Falsimedios, para mera propaganda de los que están mandando, esto es, del PP y P$OE, si alguna vez alguien hiciese una tesis doctoral sobre el asunto, se desvelaría la cochambrosa raíz, el fondo de los fondos del Mal y de las Ganancias y Votambres del pp$oe…, y ahora supongo que estarán los leones del Capital y sus Mercados listos para devorar esas presas fáciles y flacas de ayuda institucional…, tanta subvención, tanta subvención no era buena…

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