DOCE DE MAYO, ONCE DE JULIO

En este país todo, y digo todo, se ha hecho y se hace mal. No nos queda más remedio que pensar así. Desde la imposición de la fuerza hasta la fuerza de la imposición, parece inútil el esfuerzo de los ciudadanos que pretenden ser responsables de su vida y de las decisiones que les afectan. La politización y su teatro de repertorio resulta tan asfixiante como el saqueo de un Estado que solo conserva, en la actualidad, el monopolio de la violencia. Entregadas al exterior la libertad y la soberanía, asesinadas dentro la justicia y el pacto social, ¿para qué seguir fingiendo? El final de todo esto será fruto de la concordia o de la violencia. Y yo no apostaría ni por el uno ni por la equis. Ojalá me equivoque.

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