MORIR MATANDO

Lo que pretende el primer ministro griego Yorgos Papandreu no debería haber sorprendido a nadie, no en vano es un gesto político tan habitual en la clase gobernante como puedan ser el traje y la corbata. Pero sorprende precisamente porque los gestos políticos (el encono contra el país adversario, la reivindicación de lo propio, el contraataque desarmado, la reacción electoralista…) han desaparecido del mapa europeo en beneficio de la obediencia ciega a la autoridad de las voraces corporaciones y ese mercado insaciable que mezcla bien a fantasmales especuladores con bien visibles financieros. La vergonzosa y pueril actitud de dirigentes sumisos como aquellos con los que cargamos en éste y otros tantos países, y su postura en pro de la conservación del status quo económico, político y social (haciendo oídos sordos a la multitud de señales, indignadas o no, que exigen, pronostican o cronometran su inevitable final: nada es eterno) nos lleva a una situación surrealista, al tiempo que contradictoria y autodestructiva: la demonización misma de la democracia directa y participativa. Contra ella, contra la decisión del dirigente griego de convocar un referéndum (esto es, morir matando) se ha alzado la política europea con su imperio mediático disparando desde los cuatro costados contra el indefenso ciudadano. Pero ello no cambiará la metástasis: El euro va a morir, afortunadamente y con él la pesadilla europea que ha engendrado esta sociedad encastillada y neurótica, capaz de generar gobernantes devastadores de la educación y lo social como Thatcher, Aznar, Major, Blair, Berlusconi, Merkel, González, Kaczyński, Barroso, Rasmussen, Chirac o Sarkozy, un elenco cuya frivolidad e impune gestión habla por sí solo de la necesidad de un cambio. Alemania y Francia han invertido mucho dinero y mucho tiempo en solucionar presuntos problemas en Grecia, Portugal , Polonia, Rumania o España, pero lo hicieron emboscados tras sus propios intereses: convertirnos a todos en consumidores, hacernos creer que las infraestructuras viarias o el poder volar como quien tiende la ropa nos saldría gratis. La realidad es bien otra: hemos vivido de limosnas a cambio de devolverlas rápidamente. Han sido cuatro gatos los que han trabajado en beneficio de la comunidad, el resto se ha limitado a ver venir las olas, procurando nadar poco y guardar bien las ropas. Hemos destrozado el granero y quemado la tierra sin detenernos a pensar. Papandreu ha leído el partido y sabe perfectamente que no existe arreglo posible en el resultado. Así las cosas, mejor que la responsabilidad recaiga sobre los griegos, no en vano ellos fueron y serán por siempre los padres de nuestra auténtica civilización, que no se fundó precisamente sobre las bases del neoliberalismo radical, sino sobre las de la democracia participativa.

p.D Conocida la marcha atrás en el referéndum, la cuestión es, básicamente, hasta cuando se prolongará la agonía.

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