DE LA HIPOCRESÍA

Resulta sobrecogedor (una expresión con doble sentido, muy apropiada para referirse a según qué personajes) tener que leer las declaraciones del portavoz socialista en la Asamblea diciendo que la televisión y radio públicas extremeñas fueron un ejemplo de “austeridad, gestión y pluralismo”. No indigna menos que el señor Vara, a la sazón opositor jefe, concluya sus entrevistas en varios medios (incluso en alguno en que se le vituperaba de lo lindo, con lo poco que le gusta a él que le insulten, y al que ha acudido en plena crisis de amargura y desesperación para poner punto y final a su esperpéntica forma de deshacerse de su inútil máscara) argumentando que en Canal Extremadura no existía la censura.

Sin embargo, la acción censora que ejerció la anterior directiva de CEXMA contra Libre Producciones, que llegó a extremos de veto absoluto y que dura hasta ahora, sin mayor argumentación que la inquina personal, fue un hecho evidente, que pocos quisieron ver o difundir, incluso entre los medios de prensa, atemorizados o acostumbrados ante la máquina trituradora que ha sido el gobierno extremeño desde 1983, y quienes lo hicieron se jugaron la cabeza ante el ejército de mantenidos que existe en esta región.

Su capacidad de maniobra, la de la cúpula del anterior partido en el gobierno me refiero, permanece en marcha, no en vano todo ese ejército de afines de toda la vida, empresarios y gente de lo público continúa ejerciendo presiones y justificando trayectos para mantenerse en el campo de juego, evitando ser enviados a la grada y perder con ello dinero, que es de lo que se trata. Maniobras como la del director cesado de la Filmoteca, usando a sus colegas del periódico para hacer de éste una plataforma laboral y reivindicarse ante los nuevos patronos, son una prueba significativa, estética y moralmente lamentable, de hasta qué punto agotan su mendicidad algunos de estos personajes. Otro caso, el de los empresarios de la ingeniería cultural , decididos a mantenerse en la cómoda poltrona desde la que han manejado hilos a cualquier precio, pretenden y consiguen aprovechar la amnesia que caracteriza al juego político para lograr sus fines. Muchos lo conseguirán: la mala conciencia no tiene lugar en ellos, pero sí en quienes pueden ahora negarle el pan y la sal que han sustraído durante décadas en su propio beneficio.

Centrándonos en el CEXMA, ¿fue austeridad, derrochar un presupuesto de 31 millones anuales al que se llegó desde los 9 concedidos como tope, en su principio, hace apenas cinco años? ¿Austeridad, ocultar además un déficit a buen seguro galopante mediante el incumplimiento de obligaciones respecto de cuentas y transparencia ante, incluso, el control parlamentario? ¿Austeridad, preferir gastar en cualquier otra compra antes que emitir 147 programas de televisión sin coste, cifra igual a los programas ya previamente adquiridos a Libre Producciones y que nunca se emitieron por mor del veto? ¿Austeridad, que el director de la corporación -un juntaletras sin modales- haya costado 450.000 € desde su nombramiento? ¿Fue buena gestión, firmar constantemente contratos por importes superiores a los de mercado, inflando la estructura del medio, fomentando el nepotismo y el clientelismo en la contratación pública, la privada e incluso los subcontratos? ¿Gestión, resolver a las bravas la insurrección de los trabajadores, alcanzar más del 95% de externalización de los contenidos, contando encima con una plantilla propia tan amplia como infrautilizada? ¿Gestión, expulsar de la plantilla a quien les disgustase o incomodase, aún a costa de indemnizar tirando de la chequera…pública? ¿Gestión que entre solo cinco empresas produjeran hasta veinte programas al tiempo, mediante el argumento de venir avaladas por el partido? ¿Gestión, ocultar el déficit mediante subvenciones directas y otros artilugios financieros, o gastar 3.000.000 de euros por dar la Champions League, y que tuviera que ser la Presidencia de la Junta quien subvencionase la producción de un informativo, con semejante plantilla al cargo del ente? ¿Gestión, una parrilla de contenidos tradicionalistas, paternalistas y escaparatistas, donde cualquier imagen incómoda que dañara el paisaje oficial era finiquitada desde los despachos, a golpe de teléfono, con la complicidad de las productoras externas? ¿Gestión, “reforzar” la identidad regional mediante la emisión de filmes y series escapistas, vendidas por empresas propiedad de Berlusconi u otros magnates…”progresistas”? ¿Pluralismo, puede considerarse así la información sobre la oposición a la refinería, las térmicas, el complejo de Valdecañas, la mina de Aguablanca, las reformas gubernamentales, la política de infraestructuras como autovías y AVE, los casos de corrupción (Plasencia, Alburquerque…), los datos económicos y sociales, los partidos, colectivos y asociaciones minoritarios o no digamos ya los enfrentados al régimen…? ¿Pluralismo, mantener durante cinco años a una empresa en el veto absoluto, arruinándola y acabando con sus puestos de trabajo por decisión política, por el delito de haber expresado libremente su opinión, contraria a tal visión de lo que significan las palabras austeridad, gestión y pluralismo?

La hipocresía de esta sociedad alcanza a diario límites estratosféricos. Los hay que se rasgan las vestiduras cuando el Consejo de Administración de RTVE llama a la ‘censura’ previa: es decir, cuando ponen por escrito lo que a diario se concede verbalmente a la realidad. El problema está, al parecer, en que se asuma como reglamentario lo que la acción cotidiana no desmiente. Nada importa esto, la existencia real y clara de la censura, de hecho se tolera y se es cómplice con ella y con la más burda manipulación. Pero siempre y cuando permanezca ‘limpia’ en el subsuelo, agrietando la información desde la cloaca, sin que se asuma la responsabilidad. El nuestro, el de los 1.800 días de Libre Producciones condenada al ostracismo, es un caso bien verificable de censura continuada y exagerada hasta el patetismo. Procedente, además, de una administración pública, de un consejo de administración vuelto de espaldas a su tarea de edificación y control. ¿A quién le ha importado de entre tantos que se rasgan esas vestiduras apolilladas por decir que sí a todo cuanto le piden desde los palacios de gobierno?

El colmo de la hipocresía es generar dudas sobre la profesionalidad de la candidata a dirigir el CEXMA en base a su trabajo previo para algunas empresas que tienen en nómina, por no ir más lejos, a ocurrentes ex-ministras como Trujillo o al mismísimo señor Vara, colaborador habitual en un medio cuyo director editorial es Pedro J. Ramirez, periódico por lo demás cuyo nivel intelectual convertiría en literato a un sacamuelas. Después del perfil (consensuado desde la generosidad de la mayoría absoluta) de comisariado político de la funesta dirección anterior, cuya cúspide jamás había conocido el funcionamiento del sector audiovisual hasta su desgraciado desembarco en el medio público (y de hecho se van sin haber aprendido nada más que a imponer su autoridad analfabeta), bastaría que una persona conozca el significado de términos como ‘formato’ o “creatividad’ para merecer de forma más coherente ostentar semejante cargo. Esperar que un extremeño en activo en la comunidad pudiera optar a ese cargo era, por lo demás, inviable: ninguno está a salvo de la contaminación de esta eterna transición, y la realidad prueba que la capacidad de aguante, en este sector, frente al rodillo político está limitada en Extremadura a las gentes que nunca aceptarían semejante oferta. Así, dejar trabajar a la elegida es lo mínimo que se puede exigir a quienes durante tanto tiempo han cerrado los ojos a la gestión anterior, conociendo de primera mano sus funcionamientos, y cómo se repartían los millones de euros destinados a compras e inversiones. La presunción de un desastre al tiempo que se ignora la magnitud de una catastrófica gestión (cobardemente amparada además por quienes ahora reclamaran su trozo de pastel) es bien propia de los estómagos agradecidos, los chaqueteros o los fanáticos.

Nadie, ningún medio extremeño oficialista ha fiscalizado el trabajo del CEXMA durante su impotente andadura, desde 2006 hasta la fecha. Ni siquiera con datos y cifras en la mano, algunos bien públicos y visibles. Sin embargo, el etnocentrismo que les caracteriza les ha llevado a presentar editoriales sucesivos y a cada vez más mansos (a, b, c, d) cuestionando la decisión de proponer a una candidata a la dirección sin el consenso general, un consenso que ha solido aplicar el socialismo extremeño exclusivamente para blindar, durante casi treinta años, sus intereses y los de su clase, en particular los más bastardos y opacos. Ninguno de estos medios se ha preocupado en este tiempo por la verdad, ni por investigar (¿acaso no es ello el periodismo?) lo que subyace en ese cambio no ya necesario, sino higiénicamente incuestionable, en la cúpula del CEXMA. Mirar los ‘twitter’ de cada uno, o fusilar el blog de cada cual se ha convertido en el prodigioso método de los periodistas extremeños para justificar sus redactados. Pero, ¿es que a nadie le interesa la verdad?

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