DE LA PRESENTACIÓN

Muy contentos, y agradecidos por la asistencia, salimos de la presentación de “La virtud del momento” en Cáceres. La autora recibió los parabienes más que merecidos por su obra, y alguna otra lisonja y aplauso quedaron también para los colaboradores, incluidos los amables lectores de versos que nos acompañaron: Ángeles, Marian, Isaac, Raquel, Felipe, Maribel…El salón de actos de la Casa de Pereros es un local ideal para estas intimidades literarias a las que pronto habremos de acostumbrarnos. Como lo estamos ya a los hermosos regalos de nuestras hermosas amistades, que nos abruman en cuanto enseñamos alguno de los trabajos: el jabón con el logo de “La Galbana” cortesía de la maravillosa Julia “La pompa” López viene a engrosar nuestra colección de detalles sutiles y perfectos, como el puzzle felino enviado desde Sölingen por el fraternal Henning Krug. O la tarea generosa y consagrada a la causa del exquisito Rogelio Pérez Mariño. Él escribió la presentación adjunta del libro, y nos trasladó al universo baliñesco de la embriagadora forma que, seductor y erudito, enseña a diario.

PRESENTACIÓN DE ‘LA VIRTUD DEL MOMENTO’, obra poética de Ana Baliñas
por Rogelio Pérez Mariño, Cáceres, 26 de abril de 2011

Con la valentía que da la ignorancia, pero con la ayuda del cariño y admiración que tengo a Ana, y con la del maestro Octavio Paz, de quien tomo prestadas las únicas intuiciones importantes de mi breve exposición, me atrevo a presentar esta selección de poemas de Ana Baliñas que recoge, si no la totalidad de su obra, sí gran parte de ella, pues comenzó su andadura editorial allá por 1995, con la edición de un poemario escrito en gallego; lengua en la que también se mueve con soltura, como los poetas medievales. Inventario incompleto lo subtitula la propia autora.

Comenzaré leyendo unos versos de la autora, curiosos y simpáticos, antes de ponernos trascendentes:

Con mis zapatitos verdes
Salí un día al jardín de la serpiente.
“Me suenan”, dijo ella.
Y se marchó riéndose.

Infancia, paraíso, la vieja serpiente, aparecen a menudo en los poemas de Ana Baliñas: la pérdida de la inocencia es la condición para ingresar en la humanidad, pero lo que recibimos a cambio, ¿merece la pena? Leamos un fragmento de uno de los primeros poemas que aparecen en el poemario titulado Examen de conciencia, titulado muy gráficamente De generatione

Ganamos un collar de medallas cansadas
el premio consolación y disfraz de angelitos.
Nos abrieron la puerta, pero nunca salimos
a gritar por las calles las consignas gastadas
Y que termina:
Inventamos el paro, el papá, la apatía
Las nuevas profesiones… el futuro, qué birria

La modernidad, nos dice Octavio Paz, nace como una escisión: El signo de la modernidad es un estigma: la presencia herida por el tiempo, tatuada por la muerte. Perdida la seguridad metafísica, huérfanos de Dios, la poesía debe cumplir una tarea quizás imposible. Por un lado, recoge la herencia de los sagrado, la revelación; por otro, quiere integrarse en la revolución, quiere ser la voz de los pueblos en marcha, testigo de una paraíso que ya no está perdido, sino esperándonos en el futuro. Algo de este balanceo se encuentra ya en el Romanticismo: la poesía debe restablecer la palabra original, desviada por los sacerdotes y filósofos, afirma William Blake; pero también entra en acción con los poetas alemanes: será la abanderada de una nueva historia. Sin embargo, el choque con la realidad es a menudo demasiado fuerte: así, el poeta Wordsworth se horroriza ante la visión de un Londres inhumano, devorador de vidas para conseguir una riqueza sucia y estéril. Esas fábricas y su humo se le aparecían a Rimbaud como mezquitas, altares para sacrificar a los nuevos dioses; pero la realidad es tozuda e ignora los encantamientos de la palabra: la magia se ha perdido y la palabra poética acaba sustentándose en la negación de la palabra misma. “Es necesario ser absolutamente moderno”, el último lema del poeta, consagra ese silencio. ¿Para qué escribir? ¿Para qué la poesía?

En sus primeros poemas, Ana Baliñas utiliza como persona del verbo un nosotros que nace ya desencantado de ese futuro que nunca llega, corrompido en sucesivas guerras y revoluciones, una birria, en fin. Sin embargo, el poeta se resiste a la soledad y ante la catástrofe la forma que adopta a menudo el poema es una interrogación:

¿Qué pasa en esos despachos?
¿Qué delicados hilos conectan
Las mesas y las armas,
Los cargos con las calles donde deja la sangre
Apenas una mancha de nada en el asfalto?
(¿Estado de derecho o estado de excepción?)

Una posible respuesta:

Esta es la hora en que hemos sido convocados.
Es la hora del cieno y la hora del mar

Abandonados a un mercado que no les necesita, los artistas buscan a tientas el camino. Todas las tradiciones son suyas, en toda la cacharrería del pasado pueden encontrar apoyo frente a un presente que los niega y ese futuro que no acaba de llegar. Pero, no más cuentos por favor, no más historias:

Era mi padre Dédalo y mi madre fue Fedra.
Los dos murieron en circunstancias violentas.
Yo nací ente la espada y la pared.
Tengo grande la oreja y la suerte torcida.
Aborrezco los toros
Y la mitología

Afirma el poeta en Imposible bioética. (Seguimos en Examen de conciencia)

¿Hay algo verdadero, entonces? Pues las palabras se gastan y la política consume los eslóganes a toda máquina, ¿Cómo seguir esta marcha del mundo, la maravillosa belleza de las corrupciones políticas, los deliciosos escándalos financieros y diplomáticos? ¿Dónde la gente para quienes ninguna religión se hizo, ningún arte fue creado, ninguna política?

Exactamente ahora mismo, como siempre
La mitad bien nutrida del planeta

Ignora mientras mata soñolienta
En otro mundo
(En Plagio Homenaje a Blas de Otero y seguimos todavía en su primer libro)

El dolor es real, es verdadero. El dolor íntimo y el dolor de esa media humanidad desamparada.

El poema puede actuar también como un conjuro. Hay un silencio anterior al habla en el que se apoya la palabra. El silencio después de la palabra reposa en un lenguaje: es un silencio cifrado. El poema es el tránsito entre uno y otro silencio nos dice el maestro Paz.

Palabras y ceniza ¿Hay algo vivo
aquí? ¿Cuánto estoy solo? […]
Palabras y ceniza. ¿Hay dolor
o placer, alegría
o tristeza, desafecto
o ternura?

Así, hemos sondeado algunos temas en la poesía de Ana Baliñas: un retrato generacional, el cansancio ante la historia, la interrogación al mundo, el dolor propio y el de la gente abandonada por esa misma historia… Toda la poesía desde la modernidad, decíamos, busca también un saber en el que apoyarse, un lugar sólido desde el que ojear el mundo: la ciencia, la filosofía, el inconsciente de los surrealistas.

Salgo al claro del bosque.
Lanzo mi grito al tiempo que corroe.

Desafío a mi rama del árbol de la ciencia.
Le conmino a que crezca.

(Por si acaso
Al tiempo no le grito demasiado.

Sin embargo
La manzana está buena.
La como sin cuidado)
(El árbol de la ciencia)

Los modelos que inspiran la poesía son a menudo también extraños: el poeta T. S. Eliot en su Waste Land, la Tierra baldía, considerado una de las obras más “rompedoras” de la poesía moderna, tomará como guía la Divina Comedia de Dante. También en la forma, en la métrica, los poetas se encuentran con una tradición que romper, y curiosamente, vuelven a veces a una tradición depurada: en el caso de la poesía española, una versificación irregular rítmica, recuperada por el Modernismo, con Rubén Darío a la cabeza: en el principio era el ritmo. Junto a ello, también –y ya hemos visto algún ejemplo- la introducción de elemento coloquiales en el lenguaje poético; la cita –expresa o velada- de otros textos literarios…
Pero la seguridad del conocimiento dura poco: la poesía se sustenta en territorios más extraños, antes y después del lenguaje:

¿A qué ley agarrarse? ¿Qué rasero
Decide los errores, los aciertos?
¿Cuál es la regla ¿en qué libro está escrita?
(Imperativo categórico)

Como en el Surrealismo, el inconsciente puede permitirnos un descanso. Dejemos entonces hablar al propio cuerpo

Siempre fiel a si mismo
Traiciona sin escrúpulo /aquello en que no cree

(Pienso con los pies)

También la ironía forma parte de la poética de Ana … Pues si la analogía – el conjunto armonioso de los signos al servicio del poeta- responde a un mundo donde el ser es claro y presente, la ironía nos muestra que esa identidad se ha perdido y la relación feliz entre las palabras y las cosas ya no existe. A veces puede tomar incluso una forma alegre:

Querido pececito, dos puntos:
¡te cansa tu pecera? ¿ya no nadas a gusto?
Y después:
Querido pececito, dos puntos:
Charlar contigo es un punto.

O rompe las convenciones del lenguaje, nuevo barroco inquietante:

“Apuesto los paralepípedos convexos
A que no desanillas las cenefas”
Reté reverso un día en que encontré al destino anverso
Del cual no me acarició la jeta de sublime converso,
Ni el talante medioambiental de integrador desalentante,
Y le censuromensuré un grave cero al cociente
En los dedos de la frente.

(En su libro Al final de la fábula)

En sucesivos libros, la poética de Ana Baliñas va adquiriendo un tono más personal, con imágenes muy trabajadas, verdadero reino del poeta y que solo se explican a sí mismas; mundo en el que las contradicciones de la lógica no tienen cabida, y el lenguaje deja de ser útil, deja de ser lenguaje. El mito, antes rechazado -Podemos decir que hemos cruzado el umbral del mito sólo cuando advertimos una repentina coherencia entre incompatibles- nos dice Roberto Calasso, ayuda a la poesía descomponer la cerrazón del lenguaje:

No sé si perdonarte: tú fuiste la granada
De sol, esa mitad de fruto
Que vuelve y me devuelve sin querer a la vida

(Segundo envío en Tristia 1996)

En Canción, de su poemario Ridícula erección de primavera, la búsqueda de la imposible armonía sigue, y el poeta se interroga y nos pregunta:

¿Dónde esta la palabra verdadera
Que nos hiciera ser dioses,
Es decir,
Donde está la palabra perfecta
Que nos hiciera ser verdaderos
Es decir…

El saber es árido y se cambia a toda prisa por los fetiches de la técnica, pero en Poesía/ La muerte entre dos viajes, encontramos el poema con el que abríamos esta presentación: en el jardín de la serpiente, el poeta luce zapatitos verdes, hechos con la piel de la propietaria: la serpiente, imagen arcana de la sabiduría, imagen de la tierra y del eterno retorno, se ríe. Todo nuestro saber debemos abandonarlo al entrar en el reino de la creación, como al acostarnos nos quitamos los zapatos para acceder al reino de los sueños:

Observo
El plácido naufragio de mi lengua.
Imponerle caminos al azar
Exige direcciones
Requisitos polares
Balanza de sentidos.
En la bruma
Del desflecado oficio del olvido
Surco el lenguaje al pairo:
Calma chica

(Poética)

Un gay saber, una gaya ciencia, puede subsistir en el poema, en la visión del mundo: el lenguaje es comunicación, no sirve para la verdad:

Algún día
Todas las contradicciones volarán por su propio peso
Dinamitando el aire
Sin duelo, sin espasmos
Como un dúo de pájaros

(Credo)

Como decíamos al comienzo de esta presentación, una de las tareas que la poesía se impone desde el nacimiento de la Modernidad es la pervivencia de lo sagrado -también frente a las religiones cosificadas y estériles- , de esa voz extraña que Octavio Paz llama la revelación. Pues lo sagrado, nos dicen los historiadores de la religión -Dumezil… Mircea Eliade…-, no es una etapa de la conciencia, sino uno de sus signos de identidad: somos hacedores de símbolos, tanto como de artefactos o sistemas de parentesco. Para el pensamiento mágico, aquel al que la poesía nos remite, el mundo está vivo y vibra enviando mensajes que la analogía puede captar en extrañas escalas que van desde las flores a las estrellas; o de la luna a la serpiente. La luna: epifanía de la serpiente: Por ser lunar, es decir, “eterna” y por vivir bajo tierra, encarnando entre tantos otros, los espíritus de los muertos, la serpiente conoce todos los secretos, es la fuente de la sabiduría, entrevé el futuro; así, muchas divinidades lunares son a la vez ctónicas y funerarias, como Perséfone, a la que Ana Baliñas nos ha presentado, como a la vieja serpiente, en algunos de sus poemas. En Nuevo libro las cosas tienen un mensaje para nosotros, pero también pueden recibir los nuestros: La ruina del secarral

Puertas alegres de mi casa: abrid y cerrad siempre bien.
Calle: sé siempre acogedora.
Habitaciones: también.
Y con estas pequeñas instrucciones
(puertas y calle, cocina y alcoba)
Hacednos felices , a los que aquí vivimos
Como a perennes dioses

En un poema titulado Belleza, que es casi un aforismo, se dice
Casi no tenemos otro derecho que contemplar con cuidado

El poeta no quiere interrogar, inquirir, experimentar… simplemente escucha: las imágenes y el vocabulario son nítidas, perfectas en su sencillez.

Hay que reconocerlo: eres perfecto
Y ahora en vez de lluvia ha vuelto el sol, un dedito más alto
Y solo la cal del muro de la casa de atrás mata tu verde, lo deja
Casi negro, y te conviertes
En el abigarramiento puntillista de todas y cada una de tus
Hojas,
Que se adelgazan, mostrando sólo el filo.
Y todo tú eres trillo
De diminutas, innumerables piedrecillas picudas…

(En ¿Oda? Olivo (Paisaje: acuarela a tres tintas))

También hay preguntas, pues para nosotros, los contemporáneos del futuro, la naturaleza escribe con signos a menudo irreconocibles, pero ahora son producto del asombro:

¿Existe o no Pegaso?
¿Existe o no Orión? ¿Y la Osa Menor, el Carro
de nuestros antepasados orientales y meridionales,
existe el gran espinazo del africano animal que cruza el charco
oscuro del cielo….


(Sin temor a las fieras)

Pero, al lado de esa poesía lunar, conjuro de las grandes hechiceras, como Perséfone, que vivía en el Hades los meses invernales y representan el régimen nocturno del espíritu, lo sagrado puede manifestarse a plena luz; luz y oscuridad no son antitéticas, pues la estancia de Perséfone en el Hades permite la primavera y la luz quemante del verano:

¿Y quien podría decir que está solo cuando mira hacia el sol?
¿No nos devuelve acaso él las miradas de cuantos alzaron sus
ojos para verle?
¿No es el ojo de Amón, no es Ra, no es Apolo, no el Melkart,
no es ella la diosa japonesa, no es ella la terrible y poderosa
señora de los Vedhas,
el fuego de Zoroastro, no es Lilith, el espíritu eterno, madre y
padre,
toro y vaca,
Oso; Pegaso, Leopardo, Orión; Tauro, Escorpión, Gallo,
Serpiente…

Me he dejado con toda seguridad muchísimas aspectos sin tratar, pero si acaso al leer algunos poemas he despertado el deseo de continuar la lectura de los versos de Ana Baliñas, puedo asegurar que hay un mundo maravilloso por descubrir Los últimos versos en este –hasta ahora- su último libro, hablan de un quizás, en el que el poeta se calla, quizás satisfecho, quizás extenuado. Pero, ¿acaso el poeta no dice la verdad? ¿Acaso no ríe la serpiente? La poesía debe ayudarnos a luchar contra un mundo que quiere acostumbrar al ser humano al ritmo de la máquina, desnudarnos de esos símbolos que son como nuestra segunda piel.

Que lo que me des y no te pida
será para la muerte, que no deja
ni sombra por la carne estremecida.

(Federico García Lorca El poeta dice la verdad)

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