TODO EMPEZÓ COMO SI NEVARA

El próximo día 23 (a buen seguro, todos ya millonarios desde veinticuatro horas antes) se presenta en público “La refinería petrolera en Extremadura”, el libro coral coordinado por José Calderón González y editado por Muñoz-Moya, con el contundente subtítulo “Un proyecto económicamente ineficiente, políticamente corrupto, energéticamente obsoleto, medioambientalmente nefasto, dañino para la salud,en beneficio del capital y sus agentes” Proyecto que quedará en eso gracias en enorme medida a la tarea histórica de esas gentes bajo esas siglas (PCRN) que hicieron suyo versos como el que sigue: “Tus niños que no son de cartón piedra te miran a los ojos”.

El humilde escritorzuelo que esta bitácora sustenta desde hace ya cinco añitos colabora con un artículo titulado “Todo empezó como si nevara”, que adjunto del tirón, deseando la mejor y mayor difusión para esta obra colectiva, so pena de que esta contribución amargue esa posibilidad, tal y cual sucede con nuestras propias obras. Ejem…





Todo empezó como si nevara, aunque en Extremadura no es frecuente la nieve. Ha sido y -lamentablemente- es más frecuente la injusticia, fruto de una pertinaz incidencia de la costumbre de entender el gobierno y las relaciones sociales, económicas y personales bajo una forma distorsionada de gobierno local, donde un líder político tiene un dominio total de una sociedad del ámbito rural expresada como un clientelismo político (1). El gobierno autonómico, que surgió de la transición española y sucedió al franquismo en el control de los mecanismos sociales, económicos, culturales y educativos de Extremadura, ha viajado durante casi treinta años, desde 1983, sintiéndose muy a gusto en los ropajes heredados de un régimen de camarilla, hasta el punto de que se ha caracterizado por la dominación o influencia del cacique de un pueblo o comarca y la intromisión abusiva de una persona o una autoridad en determinados asuntos, valiéndose de su poder o influencia (2). Si ello no bastara, ha acompañado este tránsito (“el cambio sin cambio” llegó a ser reveladora consigna electoral del partido gobernante) de un sistemático control de la comunicación, exigiendo a su alrededor (en su cortijo) la difusión de una retórica triunfalista surgida desde los pasillos del poder, dónde la ostentación de las ideas se ha llegado a confundir con el buen fin de cualesquiera de ellas, de tal manera que los logros se anticipan a la ciudadanía, a pesar de que nunca se lleguen a producir, o estén tan condicionados en su desarrollo que aterra ahondar en sus circunstancias.

Así, cuando el por entonces presidente de la Junta presentó a finales de 2004 el proyecto más turbio de una de las empresas más contaminantes de Europa, con el apoyo institucional y empresarial para instalar una refinería en Extremadura (3), lo hizo apelando a su inclinación por aquel estilo que ha hecho suyo: como una decisión tomada, irreversible, propia de los padres de la patria, elevada a dogma de fe su irresponsable y anacrónica política en este campo. En su momento histórico, avalada por la fuerza de unas urnas que otorgan de forma sistemática mayoría absoluta a su proyecto político clientelista y engañoso, atemorizador en base a su poder sobre el reparto de prebendas a acólitos y tibios. Y cuya firmeza reside tanto en la repugnancia social que aún perdura contra quienes abusaron del pueblo extremeño, haciéndoles perder a sus generaciones más íntegras, como en el apoyo tácito (ahora ya casi explícito) de ese contrincante en la oposición, que acapara otros ámbitos de poder (en el medio urbano y el entorno financiero, sobre todo) mientras el aparato gubernamental asume y lleva a cabo su propio programa conservador, corregido y casi aumentado, dejándoles así arado el terreno sin mayor esfuerzo que una postiza resistencia. Más papistas que el Papa, se diría. Nadie podía discutir, en estas circunstancias, el buen fin del proyecto petroquímico.


Sin embargo, estaban equivocado el presidente y su principal aliado, el empresario Gallardo, promotor del desmán. Porque el derecho a la vida es ante todo el derecho a que no te acorten la vida. Porque por un montón de razones más contra el miedo y la duda que ata, contra toda censura y acallamiento, y a favor del debate social, surgieron agrupados en una Plataforma Ciudadana personas especialmente responsables. Llamadas, como todos los demás, a ejercer sus derechos y deberes políticos, que es lo que caracteriza al ciudadano de una sociedad democrática, y lo que distingue ésta de otros modelos de organización social (4), estén vigentes por ley, o amparados por la fuerza de la costumbre.


A partir de aquel primer día, ni los medios públicos ni los privados de comunicación social de nuestra comunidad han ofrecido verdaderamente información al respecto del proyecto, más allá de algunas casi siempre positivas consignas al dictado –“creación de empleo”; “la refinería no contamina”, etc.-. Cuando el asunto empeoró de cara a los intereses de promotores e instituciones, la agresividad de los medios contra los disidentes se acrecentó a su vez, hasta llegar a cotas de espesor surrealista. La actitud de los medios privados con mayor audiencia –dentro de su escasez- merecería un estudio denso, del que no podemos ocuparnos en estas líneas. Baste hace constar que su propio contexto –convertidos en franquicias de empresas de comunicación estatales, dominadas a su vez por corporaciones de otros sectores –entre ellos el energético- que controlan su accionariado, y dependientes emisoras y periódicos extremeños de un clima de distensión con las instituciones públicas por motivos de facturación publicitaria, e incluso de representación social (la confraternización entre comunicadores y políticos en Extremadura no se disfraza, antes lo contrario)- los hace inútiles como suministradores de información. Que no de opinión, si bien ésta en un único sentido, de apoyo a los planteamientos del aparato que, a fuer de ser sinceros, tiene a favor del meollo refinero a las principales organizaciones políticas, sindicales y empresariales de la Comunidad. Y en silencio, salvo honrosas excepciones, a la inquietante intelectualidad, que ha optado desde la instalación de la autonomía por un tan prudente como nutritivo pesebrismo, anclado en la endogamia de la vida cultural y académica en la periferia.


El canal público de radio y televisión, en proceso aún de creación cuando se difunde el proyecto de Gallardo, no albergó ninguna duda en cuanto al posicionamiento de sus dirigentes, al servicio político del régimen, haciendo causa común en el tema hasta convertir el “asunto refinería” en una “bicha” obsesiva, un tabú horripilante. Se dio orden de suprimir programas, evitar debates, demorar informaciones, ocultar detalles…Hasta el punto pueril de eliminar, mediante artilugios técnicos, incluso los logotipos en contra de la refinería de las camisetas de personas que intervenían en programas aparentemente inocuos, como sucedió con unos jóvenes de Hervás durante la emisión de un programa (de “La isla de Viernes”) sobre instrumentos musicales artesanales. O evitar la emisión manu militari de una mínima entrevista (incluida en el capítulo “La defensa del vino”, de la serie “El lince con botas”) en la cual un agricultor de Tierra de Barros expresaba su prevención acerca de que semejante proyecto podría ser contraproducente para la venta de sus productos, en cuanto llegase a oídos de sus clientes en Alemania…


Obsesionada en dar una imagen pulcra acorde con el perfil de lo que los gobernantes extremeños pretenden que sea Extremadura (lo que raramente suele coincidir con la realidad) el canal público decidió apostar desde el principio por una línea continuista con la obsesiva propaganda con la que el Ejecutivo extremeño confunde la comunicación: la trivialidad oculta las miserias y el envoltorio prescinde, además de los contenidos, del cuidado de su forma. No ha intentado siquiera sacudir esa estética tópica, y nació, como modelo a imitar, vieja o viejo. La imaginación que cabía exigirle a una televisión nueva -y austera, lo que según reza el refranero debería estimularla- brilla en general por su ausencia cuatro años después (5).

A ello vino a unirse el veto directo tanto a programas documentales (en particular, la obra de Libre Producciones, productora pionera en la comunidad) como a sectores sociales relacionados con la realidad extremeña, en beneficio de temas “colaterales”; lo más lejano posible del argumento de proximidad exigible a una televisión autonómica y pública. Nada nuevo bajo el sol de lo público, mal que nos pese.


Todo depara un escenario bien conocido entre los frecuentadores de las televisiones públicas, al que hemos llegado en Extremadura por la vía rápida: control político de los contenidos; mirada eminentemente casposa sobre la sociedad; apropiación de los criterios de lo que a ella interesa; compra de voluntades y dominio político entre las empresas afines del sector; prepotencia en las relaciones mercantiles y represalias hacia terceros que no se someten a sus criterios. Cohesión en las filas de los trabajadores del medio mediante la selección dirigida, la orientación en consignas y la creación de universos paralelos de bienestar en los que no cabe la réplica a la autoridad de los superiores, agitándose para ello el miedo a la precariedad en la que subsiste el resto de la profesión en el ámbito privado… A los trabajadores se les incrimina con métodos sutiles, para que hagan su labor sin percatarse de que se arrodillan ante un dios que quizás no han elegido: convenciéndoles de formar parte del avance extremeño hacia la modernidad más aséptica (es decir, el desarrollo nocivo pero edulcorado) a través de la idea de lo políticamente correcto (esto es, la obediencia debida al sistema).

Quien esto lea podría deducir que lo suscrito se trata de una opinión. Tal es, sin duda. Mas fundada en casi veinte años produciendo contenidos para televisión en y desde Extremadura (6), que le han servido a uno para poder valorar con cierta autoridad que aquello que los políticos, directivos y profesionales al cargo de ese medio público están haciendo contraviene sus propios principios legales, en los que se expresa, literalmente, que habrán de primarse la objetividad, veracidad e imparcialidad de las informaciones, así como el respeto al pluralismo y la no discriminación; la promoción y conocimiento de la realidad extremeña, así como la separación entre informaciones y opiniones, la identificación de quienes sustentan estas últimas y la libre expresión de las mismas. (7) Ciencia ficción, desde luego, aplicada a la realidad del medio.


El caso de la serie dirigida por quien esto firma y producida por Libre Producciones “El lince con botas” es paradigmático, como lo es el tratamiento dado al documental “Mientras el aire es nuestro” (2007), sobre el proyecto de refinería, y de los mismos autores, que, pese a contar con una ayuda a la producción de la propia Junta extremeña, y de haber sido refrendado con un éxito de convocatoria y distribución estatal para nada ajeno a su contenido, ha sido vetado por el medio público, junto, por lo demás, con el resto de la obra de su productora. Y ello, a pesar de que es la misma que abrió la hora punta de ese medio, cuando aún podían esperar sus responsables que Libre Producciones se avendría, como se espera de la profesión, a sus criterios e imposiciones.


Expresada con no poco sarcasmo -se acusó en sede parlamentaria a la productora y a la serie en sí de contenidos “inapropiados para la franja horaria de emisión”, y de enigmáticas ”anomalías”, para rematar argumentado la supresión en base a “razones éticas” (sic)-, la decisión de no emitir episodios de la serie “El lince con botas” tras un año de emisiones, tuvo que ver con el hecho de que algunos de sus episodios (144 la primera temporada, 2001-2002, emitidos por Canal Sur Extremadura hasta su cierre; 147 la segunda, 2006, ya co-producidos con Canal Extremadura) de forma directa o indirecta sometieran a juicio público no sólo las consecuencias para la salud de las sustancias químicas en el medio ambiente (“Prevenir o curar”), sino también la política de desarrollismo feroz, más propia del siglo XIX, en la que se encuentra embarcado el ejecutivo extremeño, con una afección al medio natural y a la salud de los ciudadanos difícilmente comparable en la historia reciente, apenas con el franquismo más montaraz. La cristalina estrategia de la televisión pública extremeña para escudar la despedida de Libre Producciones y su voz del tráfico televisivo, apenas encontró eco social –mucho menos queja- por el decidido corporativismo de los medios de comunicación, el temor nunca infundado a la maquinaria represora del régimen o el expeditivo aviso para navegantes que, entre el sector audiovisual, significó la medida de “depuración” de los disidentes. El fin era desactivar nuestras críticas por la censura de episodios como el citado “Prevenir o curar”, “La odisea de Jesús Garzón”, “La defensa del vino”, “Sierra y libertad”, “El regreso del tren de la plata”, “El embalse de Alqueva”, “Alicatando el cortijo: La mina de Aguablanca”, “Una autovía por la sierra”, “Una refinería en el jardín”…y las zancadillas para la emisión de otros capítulos aparentemente inofensivos. Táctica y estrategia, achique de campo, asfixia del rival. Las presiones verbales y escritas desde el medio público hacia la productora se hicieron, en su momento, difíciles de compatibilizar no ya con una actividad profesional, sino con el compromiso con la salud de cada miembro de la empresa agredida. Ello, después de episodios de censura abierta, como impedir la emisión de un capítulo sobre la contaminación ambiental (el citado “Prevenir o curar”) aludiendo, por escrito, a que sus contenidos no cumplían la condición de proximidad, al contener imágenes grabadas en Andalucía. Eso, un canal que a diario emite filmes y series de origen japonés, norteamericano o mexicano. Que había emitido previamente episodios ¡de esa misma serie! ambientados y grabados en Argelia, Portugal, Salamanca o Madrid, por no ir más lejos. Eso, argumentado a la única productora que exigía al medio que se atuviese a ¡los contenidos de proximidad! que figuran en su ideario legal. Paradojas de la existencia.

(…)

Han pasado ya cuatro largos años desde que la serie “El lince con botas” fue suprimida unilateralmente por el ente público extremeño, y con ella cayó el resto íntegro de nuestras producciones y trabajos, previos y posteriores, ninguno de los cuales ha sido emitido desde 2006. Sometidos a semejante política de “damnatio memoriae”, la productora ha seguido adelante, a pesar del daño enorme infringido con esta decisión, política y personal antes que racional y comercial. Constaba en el contrato que los episodios producidos estaban sujetos, en cuanto a sus contenidos, exclusivamente a la decisión de la productora, quedando al libre albedrío del medio su emisión o no: siendo así, nunca podía asumirse la exigencia de variar, eliminar o sesgar sus contenidos, como pretendieron desde el medio público. También constaba que pudieran emitirse gratuitamente desde la fecha de su producción y hasta tres años después, pero ninguno vio la luz desde que se tomó la decisión de prescindir de la serie: el erario público prefirió gastar en cualquier otra cosa antes que difundir las setenta horas gratuitas que disponía de programas de “El lince con botas”. Una decisión irrespetuosa ya no con sus autores, sino con los centenares de colaboradores altruistas de la serie. Simplemente, la explicación a la despiadada conducta fue un lacónico “no interesa” por parte del director de programación del medio (8). Previamente, el propio presidente de la Junta, el señor Vara, había expresado a los responsables de Libre Producciones sus dudas acerca de hacer compatibles nuestras críticas públicas a la televisión, a su persona y a la política de la administración, con la contingencia de trabajar para el medio (público). Un año después de aquel comentario privado, el presidente se lavó las manos en el asunto, descartando incluso la relación epistolar. Para entonces, ya había comunicado en público que su administración no se inmiscuía en los contenidos del medio, al tiempo que su Presidencia contrataba, mediante la argucia del patrocinio, series enteras con productoras afines destinadas a su emisión por Canal Extremadura, o mediaba en la contratación por CEXMA de la costosísima emisión de partidos de fútbol de la Champions League, cuyos derechos ostentaba la FORTA, agrupación a la que no pertenece Canal Extremadura. Por su parte, la vicepresidenta de la Junta, en tensa reunión, se abstuvo de escuchar nuestros argumentos, calificando no más nuestro trabajo y a nuestras personas de “prescindibles”, aplicándose a ello con posterioridad. Muchos lo fueron: del equipo de producción de la serie (compuesto por once personas) apenas quedaron dos en plantilla. El resto hubo de dedicarse a otros cometidos profesionales, o emigrar. Como apunte, significar que la negativa a asumir los dictados del medio público fue sancionada tanto por la dirección como por los trabajadores de Libre Producciones, sin fisuras.


En su día, recabamos nuestro derecho, junto a muchos profesionales (¿precarios todos?) del mundo de la comunicación social, a expresarnos en libertad, con razones y paz, y usando para convencer las únicas armas en las que creemos: las palabras. Que no hieren ni matan, que no enferman (9). Pero, en fin, a partir de 2010, “El lince con botas”(10) ya no resulta gratis para el canal público. Si no se emitía en estas condiciones, es evidente que, a menos que todo cambie, que nada cambiará, será difícil volver a escuchar sus pasos en este medio. Público. Pero muy privado. En esencia, privado de alma. Podrán hacer y decir lo que quieran, pero el alma, la memoria artificial (11), la tenemos nosotros. Y por eso se empeñan en hacerla olvidar.

1

2

1 Definición de “Caciquismo” en Wikipedia

2 Id.

3 Literal del guión del documental “Mientras el aire es nuestro”

4 De la convocatoria a la participación del Colectivo Cultural “Otros”, 2008

5 Del artículo “El emperador está desnudo”, del autor, en el blog “http://laverdaddelpajarito.blogspot.com/”

6 Id.

7 LEY 4/2000, de 16 de noviembre, por la que se crea la empresa pública Corporación Extremeña de Medios Audiovisuales.

8 Del artículo “La memoria artificial”, del autor, en el blog “http://laverdaddelpajarito.blogspot.com/”

9 De la convocatoria a la participación del Colectivo Cultural “Otros”, 2008

10 Desde su supresión hasta la fecha, la serie “El lince con botas” y/o Libre Producciones obtuvieron el Premio Adenex, el Premio Libertad concedido por ADHEX, el Premio Ríos con Vida de AEMS y el Premio Tégula de la PCRN, además de optar al Premio de Comunicación Carlos III. Además, diversos capítulos de la serie participaron en los Festivales del Río (Barcelona), Goias (Brasil), Oiasso (Irún), Agon (ARCHAEOLOGICAL FILM OF THE MEDITERRANEAN AREA, Atenas), Festival du Film d’Archéologie d’Amiens (Amiens, Francia) o se proyectaron en público hasta en cincuenta ocasiones en poblaciones de Extremadura, dentro del ciclo “El animal invisible”, y en otras como las IX Jornadas sobre el Maquis en Santa Cruz de Moya (Cuenca), en homenajes públicos a personalidades como Agustín Sánchez Rodrigo o Ángel Campos Pámpano, durante el Seminario Fronteras del Trabajo Local/ Trabajo en la Frontera Global, o con ocasión de la presentación de la Pizarra visigoda de Barrado en dicha localidad del Jerte.

11 Cicerón: “La memoria artificial esta construida por lugares e imágenes. Llamaremos lugares a sitios dispuestos por la naturaleza o por la mano del hombre, de dimensiones reducidas, completos y atrayentes, tales que podamos asirlos y abarcarlos fácilmente por medio de la memoria natural: una casa, un rincón de la sala, un arco, y otras cosas similares. Las imágenes son ciertas formas, marcas o representaciones de lo que queremos recordar; por ejemplo, si queremos recordar un caballo, un león, un águila, nos convendrá recordar sus imágenes en unos lugares determinados.” (Retórica a Herenio, III, XVI)


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