LA NAKBA PERMANENTE


Comprender el conflicto israelí-palestino puede llevar mucho tiempo. Hacerse a la idea de este drama histórico, su génesis, su enquistamiento, la diferencia abismal entre agresores y agredidos, sus víctimas y sus culpables, sus brutales consecuencias para las personas de Palestina, puede intentarse a través de la cápsula de un documental de apenas una hora titulado “La Nakba permanente”, una producción de 2009 obra de los aragoneses J. Alberto Andrés Lacasta, Manuel Gómez y Marco Potyonkim.
“El 11 de Octubre de 1917 las tropas británicas entran en la tierra de Palestina, finalizaba un largo período de opresión de las grandes fortunas otomanas, que daba paso a un período de guerras y desencuentros que encontró su punto de de inflexión definitivo en 1948, con la expulsión de los palestinos de su tierra, por parte de los nuevos habitantes del recién creado Estado de Israel, hecho conocido como La Nakba (el desastre). Desde entonces hasta ahora, nos encontramos ante un desigual conflicto por la tierra que encuentra continua retroalimentación en mitos generados alrededor de la religión, el pueblo elegido, el agua, la diáspora, etc. que no dejan de avivar una inercia de alienación y desprecio sobre el que cada día observamos y vivimos una actuación más indigna que la del día anterior, con la triste aquiesciencia y beneplácito de buena parte del resto del mundo.”


Con agilidad en el planteamiento y el nudo, dejando para el desenlace una cita muy bien contextualizada de Primo Levi, la eficacia pedagógica del documental es su gran fuerza, de tal manera que es una espléndida muestra de la tecnología educativa. Con criterio y buenas soluciones de lenguaje (efectistas pero apropiadas, al consagrarse a articular el relato) se suplen las carencias presupuestarias de un trabajo que, lamentablemente, y como sucede con tantos otros, se exhibe en plataformas alternativas. Sus autores ceden su obra a cuantas personas y colectivos deseen proyectarla con la única petición de que se les comunique fecha, lugar y hora. Sacando rendimiento a las diferentes intervenciones de los entrevistados (en particular a la excepcional Susana Maaket), “La Nakba permanente” es una pieza casi maestra acerca de lo que debería contener (y no es) la comunicación social diaria de obras audiovisuales.

Un comentario

  1. Me apetecía, con cierto retraso, comentar esta entrada. El documental es efectivament bueno, correcto, interesante, que mantiene el interés y aborda desde diferentes puntos de vista un tema, no hasta aclararlo por completo (eso sería una pega, ¿no?), sino de modo suficiente para hacerse, al menos, una buena idea de algo que, para algunos, y por desgracia, y por culpa de los medios de comunicación al servicio, no de la verdad ni de la noticia, sino de sus tristísimos amos, resulta un tema ajeno, oscuro, aburrido, en el que no se meten, en el que no opinan, por el que no se interesan. Y sin embargo, hay motivos para interesarse, para forjarse una opinión, o al menos una base previa para luego opinar. Los motivos son el sufrimiento que ha causado la Nakba (desastre, catástrofe, hecho cruel…) reiterada desde entonces hasta día de hoy. No sólo afecta a los palestinos. Creo que todos los israelitas, o como quieran llamarse a sí mismos, son también perjudicados por ese hecho terrible. Y nosotros. Y todos. Es quizás una ley elemental de la sociedad que el daño ajeno revierte en mal propio. Aunque a algunos les parezca, cotidianamente, esta idea una soberana estupidez. Disculpas por la extensión del comentario, y felicidades otra vez a los autores de este programa.

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