Mes: febrero 2010

PIEDRAS CON RAÍCES


En el último número, el 28, de “Piedras con raíces”, la publicación de ARTE (Asociacion por la Arquitectura Rural de Extremadura), aparece un artículo (Pozzo sacro Sant’Anastasia in Sardinia, del Profesor Borut Juvanec) que compensaría por sí solo una suscripción si no fuera porque no es la excepción, sino la regla. Cuatro números al año editan de una espléndida revista divulgativa, en la que el trabajo del equipo dirigido por José Luis Martín Galindo y Julián Miguel Orovengua -con quienes tuvimos el placer de colaborar haciendo “El lince con botas” en no pocos episodios sobre nuestro patrimonio etnográfico- se hace merecedor de ese collar de medallas cansadas al que están abonados quienes, como ellos, trabajan contra las consignas. Afortunadamente, queda gente que no vende pólvora, ni televisiones por internet ni papel mojado, sino caminos de vuelta, corrientes, que nos invitan a conocer lo que parecen escombros y son, en realidad, lo que hace que nuestras manos tengan sentido.

CANCIÓN PARA PASEOS HÚMEDOS

Desde que me enfadé porque se le jodió la batería al Ipod, decidí sólo leer durante los paseos en solitario. Pero cada vez que hace frío recuerdo las tardes de invierno, cayendo húmedas junto a las vías del tren, por el antiguo camino de las espigadoras, arrasado por las obras. Llegaba desde la extraña casa en la que vivíamos antes, rodeados de peligrosos y taimados miembros de la minoría silenciosa, que nos acusaban de perturbar la paz y la estética de la urbanización-templo conocida como “Los Castellanos”, dónde se pudren los quiero y los puedo. En nuestro “viejo” y primer mp3, iba cuesta abajo hacia el campo, oliendo a tierra mojada y perdida, con esta canción de los mallorquines Sterlin, cantada por Adela Peralta, que fue la voz de los SunFlowers. El álbum con este tema, “They love you”, ya tiene cinco años, pero me sigue pareciendo una maravilla, con una delicada producción de J.M Rosillo y el autor de la canción Steve Whiters -piano, percusiones, guitarras, todo sutil y contundente al tiempo, muy pop…- Mi debilidad por los solos de guitarra distorsionada al epílogo, junto a coros femeninos…El videoclip expurga parte del primer estribillo (?), pero aún así, es una entre un millón de canciones iguales, pero siempre con su estrella brillando.

All the time that you were on your own
I didn’t know you were crying
All the people who brought you down
They love you

All the times you didn’t come home
I knew you were trying
They said they’d never leave you alone
They love you

You’re too young to take the strain
In a circle around again
In a game that can’t be won
South of the border and west to the sun
South of the border west to the sea
Try the lock you’ve got the key
Swimming in silver you’ll be swimming in gold
South of the border and out of the cold

The past is something you can’t touch
But you can see
What you got back it ain’t that much
They love you

All the time that you were on your own
I didn’t know you were crying
All the people who brought you down
The love you

You’re too young to take the strain
In a circle around again
In a game that can’t be won
South of the border and west to the sun
South of the border west to the sea
Try the lock you’ve got the key
Swimming in silver you’ll be swimming in gold
South of the border and out of the cold

“They love you”, Sterlin, del álbum “The loneliest girl in the world” (Subterfuge, 2005)

PRONÓSTICOS


“Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro”, dejó dicho hace más de dos milenios Confucio. El caso es que el primer presidente negro del imperio actual abona la guerra -como siempre- y, desde ya, la energía nuclear -como niguno desde hace cuarenta años-, tachando al ecologismo de utópico. Utópico es seguir mucho tiempo como estamos.
Probablemente haya un cementerio nuclear en Extremadura a muy corto plazo (¿sería aquel compromiso industrial prometido en un discurso por Ibarra para la provincia de Cáceres, “en compensación” por la (difunta) refinería de Badajoz?). Siempre sospecho de la unanimidad, sobre todo cuando se visten con ella los poderosos. Probablemente también el hombre acabará con el planeta, y será a fuerza de energía. Probablemente, el presidente negro durará solo cuatro años, pero será un ex-estadista vivo y no otro pantera negra muerto. Ninguno de ellos, de los panteras negras, hubiera podido ser emperador. Conocían su pasado. Confucio era un hombre bien sabio.

COMO LA SONRISA EN LA CARA


“Conocimos los últimos testimonios de otras vidas. Nos contaron los arrieros de Salvatierra de los Barros cómo, cargados los burros con sus botijos, se dirigían a Andalucía, a Madrid, a Barcelona, a Valencia, para embarcar allí hacia Baleares sus cacharros. Muchas veces se les iluminaba la cara al recordar los viajes, las hazañas de los que llegaron a París y aún más allá, caminando, caminando. Pero el momento más hermoso para uno de aquellos últimos Ulises era éste: llegar “a cualquier río” y, junto a la alegría de bañarse, encontrar la bienaventuranza de la pesca, de una cosecha gratuita y sin esfuerzo, en la que no había más que meterse en el agua, y llenar un recipiente cualquiera con las manos, hasta sacarlo, como en un milagro bíblico, cargado de los frutos del agua. Rebosante. Y los ojos cargados de legañas se le abrían enormes, como la sonrisa en la cara, al recordar aquellos regalos.
La misma historia nos contó el último molinero del Ibor, la misma abundancia. Cuando en determinadas épocas del año no hacían falta ni artes de pesca, sino apenas mojarse y llenar de carne líquida el serón, para celebrar cenas al lado del molino, a la luz de los carburos, con los “veraneantes” que volvían de las primeras emigraciones a Francia.
Y frente a aquellos relatos de alegría, la voz gastada de Ramón, un hombretón enorme a las puertas de la muerte, el último barquero que cruzó el Tajo, contando como los vecinos del gran río, los más pobres, no habían sabido ni siquiera qué se les venía encima cuando empezó la inundación del embalse de Alcántara, y descubrieron sólo entonces qué medían aquellos cordeles y aquellas estacas. Él le llamaba “la balsa” y contaba como subía y subía, dejando debajo huertos, cercas, casitas, campos… Campos “malos”, como él decía, pero “allí estaban”. Y se le llenaban los ojos, azules, glaucos, de otra inundación, de otro agua: la de la pérdida, la de la continua añoranza. La misma de los vecinos de Talavera la Vieja, desterrados por la inundación de Valdecañas, que en tantas décadas no han dejado, algunos, de soñar reiteradamente con las calles, las casas, los caminos que hoy duermen bajo las aguas. Cuando bajan las cotas se acercan lo que pueden a sus antiguos lugares. Enhebran conversaciones interminables para recrear juntos la geografía fantasmal de paisajes borrados. En el Tajo, en el Zújar, en el Guadiana, gentes que son supervivientes de un continente sumergido, de una fluvial Atlántida.
Eran otros tiempos, era otra relación de las gentes con el agua. En pueblos de Cáceres, además de acudir a fuentes y pozos, se llegaba a recoger el “agua de teja”, que no era otra que la lluvia en los canalones de los tejados, que para tal fin se mantenían impolutamente limpios, y servía mejor que las calcáreas para cocer los garbanzos. Gentes que aún usan baldes para lavar, cuidadosamente, y que se escandalizan por la disponibilidad del chorro en los grifos, recordando que en otros tiempos el ahorro estaba garantizado, precisamente, por el esfuerzo de acarrear el líquido hasta las casas. Que reviven con el mismo impenitente alborozo cómo iban a bañarse al río andando, en verano, y la competencia de los muchachos por zambullirse en los charcos y charcones más hondos, lugares todos ellos con nombre propio. Usan verbos hoy desconocidos, como “tupirse” los arroyos y los campos, “aventar” (crecer con las lluvias de otoño) el río, o hablan de su “marea”, ese riego capilar que mantenía húmedas las huertas colindantes, rellenaba las fuentes y daba la frescura en las noches de estío. Detallan topónimos de afluentes minúsculos. Y conocieron aún en uso los molinos, esas inimitables instituciones de aprovechamiento hidráulico, unidos a represas de esfuerzos ciclópeos, en algunas riberas conectados entre sí y con acequias de riego, de modo que el agua que soltaba el molino la aprovechaba el agricultor. Pocos de ellos molían en invierno. En buena parte, hoy día son construcciones casi incomprensibles, pues se sitúan sus cubos y arcabuces junto a lechos exiguos, detraídos por los embalsamientos de las cabeceras y los pozos de extracción. Y sin embargo, durante siglos, fueron los señores del agua, los dadores del pan.
¿Qué sentimos al recordar algunos de aquellos testimonios sobre el agua y los ríos recogidos mientras hacíamos “El lince con botas”? Tristeza. Lo que traslucían las gentes era armonía. Lo que grabaron nuestras cámaras, al acercarse a los tramos mejor conservados de algunos cauces extremeños, belleza. Pocas imágenes más hipnóticas que el agua cristalina fluyente en el alto nacimiento del Almonte, pocas más subyugadoras que la serpiente blanca y verde de los ranúnculos que pueblan, antes de ser destrozado por los vertidos de Almendralejo, el bellísimo primer tramo del pequeño Guadajira. Pocos sonidos más placenteros que las esquilas del ganado en la ribera del Ardila, allí donde se crían los fustes como columnas del almez. Y sin embargo, lo que sentimos al recordarlas es tristeza. Da igual que un molinero advierta con toda lógica que los herbicidas del olivar acaban llegando a nuestros estómagos. Que un ancianísimo zahorí nos hable de la cadena enlazada de la vida. Que un pescador denuncie la contaminación que cría en verano, donde antes hubo agua limpia, una verde costra grasienta. En el año 2009, en este otoño en que el campo está exhausto como ninguno de los mayores lo recuerda aquí pero la sequía no es, según dicen las autoridades, preocupante, al parecer los seres humanos seguimos sin ser capaces de enfrentarnos a la verdad de los hechos: no podemos infringir una y otra vez las leyes de la naturaleza. No para siempre. No impunemente. Deberíamos haber aprendido ya que la vida, el agua, el aire, la tierra, tienen sólo valor, pero no se les puede poner precio.”

Artículo de Ana Baliñas, publicado en el número 87 de la revista “Ríos con vida”, editada por AEMS. La serie de televisión “El lince con botas”, de Libre Producciones, de la que Ana era guionista, fue distinguida con el Premio AEMS-RÍOS CON VIDA 2009.

El canal público de televisión extremeña, por iniciativa de sus gestores, y por el empeño y con la aquiescencia de los responsables políticos de la región, retiró la serie “El lince con botas” en 2006 al no agradarle algunos de sus contenidos, críticos con la política medioambiental y de desarrollismo feroz del gobierno autonómico. Tampoco programa ningún otro trabajo, presente o pasado, de esta productora en un contemporáneo ejercicio de “damnatio memoriae”. Sólo en este tiempo Libre Producciones ha obtenido hasta cuatro reconocimientos de organizaciones sociales, asociaciones y colectivos ciudadanos por, textualmente, su trabajo en relación a la defensa del medio ambiente y derechos humanos fundamentales como la libertad de expresión.
A fecha de hoy, la productora continúa activa.

AMIGO LOBO


Por iniciativa de Carlos Sanz, inspirador y gestor de la exposición itinerante “Amigo Lobo: leyenda y realidad del lobo ibérico”, “El sabio mudo” se incorporará a ella mediante un panel expositivo que incluye algunos de los elementos gráficos de la película, y un original del dibujante Pedro Camello: el cartel, la portada y la página inicial del cómic -con la característica silueta del lobo-, dos fotogramas con expresa referencia a los lobos ibéricos que participaron en el rodaje, y el dibujo que el personaje protagonista tiene colgado en su casa-fortaleza, que muestra a un grupo de personas tras una lobada, y cuyo original fotográfico -en el que se basa- inspiró parte del relato del cortometraje.
“Amigo Lobo: leyenda y realidad del lobo ibérico” recorre España desde hace 8 años. Incluye más de un centenar y medio fotografías de Carlos Sanz sobre la biología, ecología y problemática actual del lobo ibérico, y se complementa con un ejemplar naturalizado y con algunos cráneos de lobos y de otros cánidos. Asimismo forman parte de la muestra los más variados objetos relacionados de una u otra forma con la cultura tradicional asociada al Lobo: esculturas, pinturas, grabados, escudos, monedas, sellos, libros, carlancas, amuletos, maquetas y reproducciones de piezas arqueológicas y etnológicas. Completan la exposición diversos paneles informativos acerca de la historia, la mitología y las relaciones con el hombre y la ganadería, así como algunos trabajos de investigación, divulgación y gestión sobre el lobo ibérico. Hasta finales de febero en Ourense y con posterioridad en A Coruña, lugar en el que ya se incorporará nuestra modesta aportación.
Carlos Sanz, prestigioso biólogo, fotógrafo y documentalista, participó amablemente en la presentación de “El sabio mudo”, en el que colaboró proporcionándonos la posibilidad de filmar los lobos por él criados. El gesto, que le costó recorrer una distancia de 800 kilómetros para cumplimentar la cita, es el clásico detalle que justifica por sí solo la realización de éste u otro proyecto, tanto como el haber tenido la oportunidad de conocerle y trabajar junto a él y sus hermosos animales.

EL MANGAS


Desde la posguerra hasta finales de los ochenta, y dentro siempre de la mítica guerrera que ha acompañado a los futbolistas, existía cierta campechanía entre la gente que se dedicaba a la cosa del deporte nacional. Por ejemplo, se apreciaban los motes a la argentina y se vislumbraba cierto aroma familiar -una complicidad en el vestir, en el expresarse, en el mirar- cuando, en muchas más contadas cocasiones, se les veía correr la banda, hablar por la radio o la televisión, salir retratado o saludar a los peñistas que viajaban a los partidos en autobuses de turismo. Esto a mí me llega de oídas, aunque a partir de los primeros setenta se convirtiera en un trámite familiar. El “Mangas”, hoy difunto, me tuvo en sus brazos con pocos años mientras yo moqueaba para eludir su brazo de extremo y sus consuelos de canario. Mi padre le admiraba -sólo tras Di Stefano- porque era, para él, el epítome del sentido común aplicado al trabajo, al comportarse con la naturalidad del artesano jugando, y luego dirigiendo, la institución más popular del país. Exhalaba su figura una cierta decencia que no coincidía con los intereses de aquellos palcos que nunca, como ahora, han sido inocentes. Luis Molowny fue un afortunado en su oficio, porque conseguía dar la impresión de que aquello que ganaba en un campo de fútbol lo ganaban junto a él todos los que servían copas tras la barra de un bar. Hoy en día es lo que el deporte profesional persigue con ahínco para seguir estimulando su consumo, pero apenas queda nadie -quizás el excepcional Pep Guardiola- capaz de conseguirlo sin ruborizarnos.