OBSERVACIONES

La tarea de los documentales de última generación parece ser (extraigo la reflexión de “El encargo”, una pieza extraordinaria de Friedrich Dürrenmatt) “arrancar siempre nuevas observaciones a la naturaleza, que en cierto modo se ha desnudado ante él, despojándose de todo secreto, y es explotada por él y ve sus recursos escarnecidos, por eso a veces tenemos la impresión de que la naturaleza, por su parte, observa al hombre que le observa, volviéndose agresiva, tomando medidas de protección bien calculadas, de la naturaleza observada contra quien la observa”. Y es que, refugiándose uno en los canales temáticos, es sencillo encontrar documentales diferentes entre sí (a nivel estilístico, presupuestario y funcional) pero que comparten la necesidad de objetivar mediante la observación una realidad que se vuelve inconcebible si no tiene asiento en el entendimiento. Y para conseguir ese “rigor” llevan hasta las (pen)últimas consecuencias técnicas y de exposición su microscópica indagación. Las últimas fechas, cuatro han sido los programas documentales -de entre ellos, tres españoles- que proponían en sus argumentaciones, por pocas afinidades que tuvieran, una minuciosa mirada (científica, psicológica, metafísica…) con un denominador común: sintomáticamente, todo adquiere sentido a través del hombre. Algo muy propio de nuestra civilización presuntamente empírica.
No abundo en los contenidos (prácticamente todo se puede ver ya desde internet si existe el propósito) y sí en los títulos: un costosísimo documental australiano que quita literalmente el sentido por la calidad de sus imágenes, y su muy contenido tono divulgativo titulado “Oxigeno: La molécula que creó el mundo” (2009). “A través de cuidadas dramatizaciones y la utilización de últimas tecnologías, este magnífico documental da respuesta a los enigmas sobre la importancia del oxígeno en la historia de la evolución”, es el ejemplo ideal del uso de instrumentos cada vez más sofisticados para observar y despojar, con buenas intenciones, por supuesto…
“Camino a la inmortalidad”, dirigido por Ana Monserrat para Ovideo en 2009 “es un documental que recorre diversas investigaciones científicas sobre envejecimiento que se están llevando a cabo en España por los biólogos moleculares María Blasco y Manuel Serrano, (…) una receta de felicidad natural para el hombre, animal vulnerable y de momento mortal…” Documentado y trabajado hasta la extenuación por guionistas y realizadores -doy fe-, contiene argumentos que podrían resumirse en la certeza de la ¿futura? existencia de un dios personal que, además de llamarse dinero, garantice muchos más años de vida. Como singularidad, señalar que las alegorías visuales, más aproximativas que explícitas, con las que se sugiere al espectador tema tan abstracto resultan perfectas. Por lo demás, el aire de familia -en este aspecto- con alguno de nuestros propios trabajos (como “Cielo e infierno”) me hizo extraordinariamente simpático este programa.
Una obra diferente, exquisita y franca es “El perdón” (2008), dirigida por Ventura Durall sobre Andrés Rabadán, película que exhibe, sobre la vida y la tragedia judicial de este hombre, la misma fruición detectivesca que las anteriores sobre la química y la física. Durall rodó también una película de ficción sobre el mismo personaje, que ha pasado desapercibida en el maremágnum actual de las celdas y los ágoras, como no podía ser de otra manera. En “El perdón” intervienen Canal + y TVE, lo que lejos de perjudicar -como es habitual- beneficia al relato -a niveles presupuestarios-, siendo mérito exclusivo del director y de Nanouk Films, productora catalana que lo fuera también del clip “Cinco minutos más”, de Andrés Calamaro, que cito porque es imponente.
Por último, Visual Producciones ofrece “La guerra dibujada” (2003) una película sobre la “memoria histórica” (en fin) con el mismo afán que las anteriores y un extraordinario argumento: “El documental recoge la historia de los dibujos de la Guerra Civil y la de sus autores. Presenta el punto de vista de los niños que realizaron aquellos dibujos y a los que la historia no suele dar la oportunidad de contar su versión de los hechos”, sinopsis muy mal redactada pero que da pistas sobre la investigación que se precisó para desarrollar el proyecto . Dentro del lamentable episodio al que nos tienen sometidos instituciones y profesionales del ocio con sus tristes batallas, “La guerra dibujada” emerge con suficiencia del lodazal: su objetivo es un país de niños no observados, sino inobservados. Y esto, en España sería razón más que suficiente para que nadie se hubiera interesado nunca por ellos.

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