TRES CANES

La bretona Sorte tiene el rostro flemático, impasible como la mirada de Buster Keaton. Acumula tanto tesoros como frenazos. Apareció abandonada junto a la vía del tren, seguro que a propósito, como metáfora cinéfila que apreciaríamos. Su reino es antes de pícaros que de lazarillos. La garabito Lira puede mantener la distancia entre el embobo y la desenvoltura, o desbaratarla elegantemente en una décima de segundo para sumar una nueva y digna derrota ante la liebre casera, advertida de ser perseguida por un cruce compensado entre Stan Laurel y la Garbo. Y su hijo colorao, Mingu, arrostra peligros y previene disgustos con la espontaneidad de un Harold Lloyd, mientras gasta cara cortada y temperamento receloso como Paul Muni, consecuencia del asalto a traición de un congénere venido de la ley seca. Tenemos tres perros de cine mudo.

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