¿EL SABIO MUDO?

Hoy mismo ha resultado ser la fecha en que hemos tenido acceso a la “promo” que de “El lince con botas” han hecho en la televisión de la Plaza del Rastro. Y no es que lo hayamos visto: la hemos oído, dado que la locutora de continuidad de la emisora (Mar Barbier Casuso, de Santander) ha tenido el sarcástico detalle -lo adjetivo por las circunstancias con el canal que la emite: siempre es agradable que te citen- de elegir la cuña sobre nuestro programa para “promocionar” su propia disponibilidad profesional en la web “locucion.es”. Es curioso que entre tantas como ha hecho para esta cadena vaya y cuelgue la “demo” que se refiere al “lince”. En eso, y ojalá que solo en eso, va a coincidir con los jefazos del ente, que en la Asamblea y ante los medios alaban nuestro programa como ejemplo de cumplimiento de los principios de su programación mientras por la espalda nos estrangulan a conciencia.
El caso es que los textos de la citada cuña no se corresponden a lo que hacemos en esta casa: básicamente se trata de un meloso lugar común detrás de otro, con palabras como “leyenda”,”páramo”,”tesoros”…: otra vez ha habido que bajar a Anita la guionista del techo, adónde se ha elevado en defensa propia. En fin, como suponíamos, no se han enterado de nada. El programa tiene como hilo conductor a un animal invisible y abren con la frase “Un hombre sabio (sic) decidió emprender un viaje…”. ¡Y el fondo musical es de Ennio Morricone! (como aspiraba el alcalde de Stromboli: ver mi entrada de diciembre “¡Todo nueeeevo!”).
Mañana mismo me dejo largas las venas y nos ponemos a impedir que se sigan emitiendo: no les corresponde producir las “promos”, y de hecho no han emitido ni una sola de las elaboradas por nosotros para cada capítulo. Ya está bien de deferencias inútiles. Desincrustamos a Ana, le damos de cenar a Hugo y Héctor y nos lanzamos a la siguiente aventura. En cuanto tengamos un hueco, pues.

Pd. Pues quiere el azar que “El sabio mudo” fuera el título de un guión de ficción que ibamos a rodar y que sabe dios si rodaremos. Nos queda un story board de lujo (de Pedro Camello), una localización de ensueño (la casa familiar de los Santiago, en Quintana de la Serena) y el equipo con el que hicimos “La ilusión”. Pero nos falta esto último y un buen número de euros, que ahora preferimos gastarnos en, como mínimo, una cubertería.

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